28 de noviembre de 2022

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Gobierno de coalición

Los 150 días de Sánchez sin Iglesias: una relación mejorada pero con frentes abiertos

La salida de Iglesias mejoró la relación entre socios. Yolanda Díaz, cada vez más alejada de Podemos, se ha convertido en la interlocutora esencial de Sánchez

La salida de Pablo Iglesias del Gobierno supuso un bálsamo sobre las heridas del Ejecutivo formado por PSOE y Podemos. Además del cambio del vicepresidente, las relaciones han estado marcadas por el acercamiento de la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, con los ministros socialistas. A pesar de que las disputas se han suavizado, existen ciertos escollos que ambas formaciones deben superar de cara al próximo curso. El primero: la negociación de los Presupuestos.
El pacto, que fue la única alternativa del presidente Pedro Sánchez para entrar en La Moncloa, se convirtió en una carrera de obstáculos durante los catorce meses que Iglesias ocupó la vicepresidencia. La tensión continua entre los dos partidos parece haberse calmado gracias a la sustituta de Iglesias, Yolanda Díaz, que ha ejercido como parte moderada de Podemos a pesar de sus raíces marcadamente comunistas.
Las comunicaciones de Sánchez con Díaz son notablemente mejores de lo que eran con Iglesias con el cual apenas hablaba en los últimos meses de éste como vicepresidente. Además de con el presidente, la ministra de Trabajo ha entablado buena relación con la de Economía, Nadia Calviño. A pesar de sus desacuerdos en ciertas materias económicas y la presión de Díaz con asuntos como el salario mínimo, la comunicación entre ellas es fluida y existe cierta sintonía entre ambas. Precisamente, la subida del SMI a mediados de septiembre supuso una victoria de Díaz frente a Calviño y un gesto por parte del Ejecutivo de Sánchez con su nueva interlocutora.
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz y el presidente, Pedro Sánchez

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz y el presidente, Pedro SánchezEFE

La buena relación de Díaz con Sánchez ha supuesto a su vez el distanciamiento con su propio partido y el aumento del malestar de las ministras de Igualdad y la de Derechos Sociales, Irene Montero e Ione Belarra. Tanto la líder de Podemos como su número dos representan la cara más combativa contra su socio.
Por parte de los socialistas, la ministra de Defensa, Margarita Robles, continúa siendo la más incómoda para los miembros de Podemos en el Gobierno. De los reproches no se libra ni la propia Yolanda Díaz, con la que no termina de entenderse. La última disputa estuvo provocada por los comentarios de la vicepresidenta sobre los militares en la crisis de Afganistán. «Enhorabuena a los militares, se han jugado la vida y han sido los principales protagonistas de esta evacuación. Quien no lo quiera reconocer así, no tiene razones y sí ciertos tics y ciertos complejos», sentenció Robles en clara alusión a Díaz.

Mucho que resolver

A pesar del comienzo del nuevo curso, gran parte de las guerras que se libran de manera interna en el Gobierno se arrastran desde hace meses o, incluso, desde comienzo de legislatura. Uno de los problemas más recientes ha sido la batalla sobre la subida de la luz. Podemos llegó incluso a amenazar al Gobierno con convertirse en el impulsor de protestas callejeras. Finalmente, los sectores más moderados y cercanos al Consejo de Ministros consiguieron frenarlo.
Las medidas para intentar paliar la asfixiante subida de la luz llegaron, y con ello, las prisas por colgarse la medalla. Podemos quiso ser el abanderado de las mejoras con su mítico «Sí se puede» y se apresuró en recalcar que fue la presión de su formación la desencadenante de la bajada de la factura. Algunos de los miembros del partido, como Pablo Echenique, fueron más duros con el Gobierno de Sánchez: «Primero siempre hay una propuesta de Unidas Podemos. Después viene la deslealtad, ruido y crispación, más tarde llega el sí se puede y por último el ¿quién dices que los propuso?», tuiteó.
Pero este no es el único problema al que tendrán que hacer frente en el seno del Gobierno. Otro punto clave de las posibles desavenencias es la Ley de la Vivienda, enquistada desde hace meses por la imposibilidad de acuerdo respecto a la intención de Podemos de regular los alquileres. Tras la salida del exministro José Luis Ábalos y la incorporación de Raquel Sánchez, el desbloqueo parecía viable pero, a pesar del cambio, las negociaciones siguen estancadas.
El siguiente escollo que deberán superar juntos las dos formaciones es la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) del año 2022. A comienzos del mes de septiembre, Pablo Echenique aseguró que para que su partido apoyase los PGE era imprescindible el compromiso de mejora del Ingreso Mínimo Vital (IMV) y la ya mencionada regulación del alquiler. Como una de las medidas estrella de la parte morada del Ejecutivo, el partido pretende potenciar y proteger esta ayuda y se servirá de la importancia de su voto para la aprobación de los cuentas estatales.
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