19 de agosto de 2022

Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida en el acto de El Debate

Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida en el acto de El DebateJorge Ruiz

Feijóo, en la corte de Ayuso y Almeida

La trazabilidad de Feijóo ha contribuido a que las lanzas en forma de informes corrosivos contra Ayuso se hayan tornado en cañas fresquitas a la madrileña

La política española tiene estas cosas. En la calle Sevilla de Madrid un gallego discípulo de Fraga al que llamaban «el joven Feijóo», pero que tiene 60 tacos (como él gusta decir) y trece de gobierno en mayoría en Galicia, se ha mostrado esta mañana como un revolucionario: ha hablado de ideas, de debates, de respeto institucional, de propuestas económicas, de política reflexiva, de democracia entendida como un intercambio sano de ideas, de bajar los impuestos, de vieja (por buena) política frente a los decepcionantes regeneradores de la nada, que hoy viven de arreglar el mundo en un podcast.
Es decir, un revolucionario de Os Peares que ha aplicado el sentido común a su regreso a la convulsa política madrileña. Porque no hay nada más antisistema en la España de Pedro Sánchez que la sensatez, el sentido común.
Feijóo a su llegada al encuentro con El Debate

Feijóo a su llegada al encuentro con El DebatePaula Argüelles

En el estreno de los desayunos de El Debate, el nuevo líder popular se ha acogido a sagrado, es decir, a los clásicos, a Ortega y Gasset, a los consensos que ha roto el sanchismo y ha dado esperanzas al enfermo terminal, España: nada es inexorable. Ni Sánchez. Aunque no lo parezca. Es decir, dijo sin decirlo a Isabel Díaz Ayuso y a José Luis Martínez Almeida, que le acompañaban, que dentro de un año exactamente, ellos serán sus teloneros en las elecciones municipales y autonómicas, los encargados de apuntalar su candidatura.
El ticket madrileño tomará la temperatura al sanchismo y todos sabremos en mayo de 2023 si la sobreactuada infección de Pegasus le llevará o no ante la mesa de trabajo de sus forenses: Otegui y Junqueras. Ellos decidirán si practican o no la autopsia, después de que el PP se salvara in extremis de seguir ese camino.
Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, conversa con Alberto Núñez Feijóo durante el desayuno informativo organizado por El Debate

Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, conversa con Alberto Núñez Feijóo durante el desayuno informativo organizado por El DebatePaula Argüelles

En la villa y corte de Madrid, ya casi nadie se acuerda de la crisis suicida de los populares. La amnesia es sanadora. La trazabilidad de Feijóo ha contribuido a que las lanzas en forma de informes corrosivos contra Ayuso se hayan tornado en cañas fresquitas a la madrileña. Es esa misma trazabilidad que ha sentado hoy a desayunar juntos a ministros de Aznar y Rajoy, mientras ellos ni siquiera se saludan: Marcelino Oreja, Ángel Acebes, Esperanza Aguirre, Íñigo Méndez de Vigo, Dolores de Cospedal, Ana Pastor, Rafael Catalá o Fátima Báñez.
De la naturaleza de medicamente de amplio espectro que quiere administrar el presidente popular a la derecha española, da buena cuenta que uno se tropezaba en el Hotel Four Season, igual con Vidal Quadras, con Vox propia, que con el Gobierno casi al completo de Ayuso o con Antonio Garamendi, que escuchó de primera mano las recetas económicas de Feijóo -las que Moncloa ha mandado a reciclar por no pasar la PCR progre-, desmintiendo con su presencia la leyenda que sostiene que el presidente de la CEOE forma parte de un animal mitológico que completan Pepe Álvarez y Unai Sordo. Pero en la villa y corte de Ayuso y Almeida, todo es posible. Incluso que un chaval de una aldea de Galicia, donde confluyen tres ríos, trate como adultos a los españoles. Desde El Debate.
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