04 de julio de 2022

La ministra Robles se esforzó por escenificar el cambio en la dirección del CNI como algo amable

La ministra Robles se esforzó por escenificar el cambio en la dirección del CNI como algo amableEuropa Press

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El cese de Paz Esteban ha servido para calmar las aguas entre Gobierno e independentistas

«Si alguien se piensa que cesando a la directora del CNI intentará con esta cortina de humo pasar página de este caso, se equivoca absolutamente», aseguró este sábado el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. Los independentistas catalanes piden ahora la desclasificación de los documentos, de las autorizaciones judiciales que presentó la ya ex directora del CNI, Paz Esteban, en la comisión de Secretos Oficiales el pasado 5 de mayo.
Ni una mención ya a la ministra de Defensa, Margarita Robles, ni a la posible pérdida de apoyo al Gobierno. Con el aviso que dio ERC el 28 de abril al votar en contra del Decreto de medidas anticrisis por la guerra de Ucrania fue suficiente. Eso sí, después de garantizar el voto favorable de Bildu, que garantizaba, por la mínima, la aprobación de las medidas del Gobierno.

Cese o cambio

La ministra de Defensa, Margarita Robles, defendió tras el Consejo de Ministros del día 10, el cambio en la dirección del CNI como «un cambio» de estrategia, como una medida necesaria para dar un nuevo impulso al Centro Nacional de Inteligencia para afrontar «las nuevas ciberamenazas» que se ciernen sobre los Estados. Es decir, Paz Esteban, su gran amiga una funcionaria con 40 años de experiencia en «La Casa», no había cometido errores. Al día siguiente ya se encargó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de justificar la destitución de Esteban como producto de «un fallo de seguridad» en las comunicaciones.
Sánchez tenía que achacar como fuese al CNI el error de que su teléfono móvil fue infectado por Pegasus, al igual que el de Margarita Robles y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, amén del intento sobre el del ministro de Agricultura, Luis Planas. Era necesario para disimular que la llamativa rueda de prensa que el Gobierno ofreció el día 2 de mayo, convocada a las 7 de la mañana, no era más que una humareda para que se dejara de hablar del espionaje al que se había sometido a al menos 18 móviles de independentistas catalanes y así cesaran las amenazas de los socios catalanes y vascos de dejar caer al Gobierno de Pedro Sánchez.
La cronología es más o menos sencilla y elocuente:
  • 18 de Abril: Salen a la luz pública que independentistas catalanes han sido infectados por el spyware Pegasus.
  • 19 de Abril: El gobierno niega cualquier implicación.
  • 27 de abril: La ministra Robles deja entrever que el CNI estaba detrás de, al menos, parte de esas escuchas.
  • 28 de Abril: Los independentistas impostan un gran espectáculo victimista y amenazan con derribar al Gobierno en la votación del decreto de medidas económicas.
  • 2 de Mayo: Si los catalanes son víctimas, el Gobierno lo es más. Así que anuncia para detener la tormenta desatada por sus aliados que los teléfonos gubernamentales también han sido espiados.
  • 5 de Mayo: El Gobierno centra todo el foco en el CNI y lo culpamos por acción con los catalanes y por omisión con los pinchazos de los teléfonos del Gobierno.
  • 10 de Mayo: Cesan a Paz Esteban y con la nueva directora todo empezará de nuevo, también las relaciones Gobierno-Independentistas.

Mar de interrogantes

Más allá de las pugnas políticas, las intrincadas redes de Pegasus en España no dejan más que un mar de interrogantes que evidencian la utilización política que de ello han hecho las formaciones para presionarse unas a otras.
El estudio del centro de investigación Citizen Lab habla de unos 65 independentistas espiados, mientras que Paz Esteban sólo entregó 18 autorizaciones judiciales en la Comisión de Secretos Oficiales, por lo que quedarían cerca de medio centenar de teléfonos por aclarar.
Pero también es cierto que, tras la comparecencia de la directora del CNI en el Congreso, toda la atención se ha centrado en el espionaje al actual presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. Eso sí, ha trascendido que el espionaje a Aragonès no se centró en el teléfono institucional, sino en otro que utilizó en los momentos de mayor violencia en Cataluña con el que presuntamente contactó con los grupos CDR, que eran los que provocaron los incidentes.

La sombra de Marruecos

Y por otro lado está el espionaje a los teléfonos de los miembros del Gobierno de Pedro Sánchez, que no parece que tenga relación con la actuación sobre los independentistas. En este caso, cada vez son más las señales que apuntan a una implicación de Marruecos.
Pero la buena labor y, sobre todo, la discreción de los agentes del CNI dificultan dilucidar las interrogantes. Se sabe que los independentistas catalanes fueron espiados con autorización judicial. Por lo tanto, deberá haber un razonamiento que justifique la penetración en esos teléfonos.
Más complicado será llegar al fondo de la cuestión de los teléfonos del Gobierno. De hecho, sobre esta trama los únicos que han soltado prenda han sido los ministros del Gobierno de Pedro Sánchez.
Tanto es así que el Gobierno español es el único que ha reconocido abiertamente que ha sido espiado, lo que, a su vez, ha provocado un enfrentamiento entre el Ministerio de la Presidencia y el de Defensa por ver quién asumía los errores cometidos. Un enfrentamiento que ha acabado volcando la responsabilidad sobre quien, posiblemente, menos culpa tenía, la directora del CNI, Paz Esteban, la cabeza pedida por Junqueras en una entrevista en «El País» y servida por Sánchez en cuestión de horas. El precio de sostenerse en el poder con aliados complicados.
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