Imagen de varios alumnos escribiendo en la pizarra de un aula
Condenadas a prisión las dos educadoras que humillaron a niños con síndrome de Down
«Gilipollas»; «atontados»; «sois unos mierdas»; «bobos»; «alelaos», son algunas expresiones de las que se encontraron al escuchar las grabaciones
La sentencia contra estas dos profesoras establece que las dos han cometido siete delitos contra la integridad moral. El juez impone un año de cárcel por cada uno de esos delitos, es decir: siete años de cárcel. Durante ese tiempo estarán inhabilitadas «para el ejercicio de cualquier empleo público o privado en centro docente de menores de edad o personas con discapacidad intelectual». Además les prohíben acercarse a los menores víctimas durante dos años.
Los hechos se remontan al año 2019. Unos padres detectan que su hija menor de edad y con síndrome de Down suplica cada mañana no ir al colegio. En la cama sufre de pesadillas y terrores nocturnos. Cuando amanece, vomita y tiene episodios de ansiedad. Los padres se extrañan y llenos de amor le preguntan si le pasa algo. Ella no responde. Intuyen que pasa algo: lleva tiempo haciéndose pis de nuevo en la cama y que ha desaprendido muchas cosas que ya sabía hacer.
Se les ocurre que quizá en el colegio, de la Fundación Gil Gayarre, pudiera estar pasando algo malo. Cuelgan un osito de una de las cremalleras de la mochila de su hija. En el interior, una grabadora oculta. Así lograron averiguar el origen de los males de su hija. Dos profesoras de educación especial, las que cuidaban de su hija, y siete menores más de entre ocho y diez años, le dicen de todo.
«Gilipollas»; «atontados»; «sois unos mierdas»; «bobos»; «alelaos», son algunas expresiones de las que se encontraron al escuchar las grabaciones. Incluso cosas mucho más duras: «Qué asco me das»; «Te voy a quitar la sordera de un guantazo»; «Qué ganas tengo de darte una hostia»; «Me dan ganas de matarte».
Otra de las transcripciones que ponen los pelos de punta es la siguiente: «No se puede ser tan inútil. Lo que hace es el gilipollas. ¿A que sí? ¿Te haces el tonto del culo? Pues más tonta del culo voy a ser yo contigo. ¡Te voy a amargar la vida!».
Las profesoras no negaron lo evidente. Su defensa ha sido plantear que las grabaciones son ilegales. Y que lo que se escuchaba ahí nunca debió ser grabado. La justicia les ha contestado que no tienen razón. Las grabaciones son legales y ellas condenadas.