Ilustración de Gebriel Rufián e Irene Montero
El perfil
Gabriel e Irene, un frente popular para salvar la nómina
Todo sea porque los Iglesias puedan seguir disfrutando de su dacha, gracias al dinero público, y Gabriel se pueda quedar en Madrid, de donde dijo hace ya 11 años que se marcharía. Pues ahora oposita a que su plataforma la voten en Algeciras mientras está a punto de empadronarse con Almeida. Todo muy coherente
Los Iglesias-Montero son muy amigos de Gabriel Rufián. Irene y Gabriel solo se llevan seis años y ambos comenzaron en el mundo del comercio. Ella como cajera de supermercado y él de dependiente en El Corte Inglés. Pero más allá de compartir profesión hasta que hallaron la bicoca de la política, los dos coinciden en una enemiga a batir: Yolanda Díaz. Ahora, eliminada la vicepresidenta hollywoodense de la ecuación, los señores de Galapagar y el separatista que ahora va de jacobino se van a aliar para refundar la refundación de lo refundado. Es decir, para conformar un Frente Popular que sume a toda la izquierda ante el alarmante horizonte que dibujan las encuestas, y que han avanzado ya los electores de Extremadura, Aragón y, recientemente, Castilla y León. Lo curioso es que no se han enterado todavía de que el líder de todo ese espacio político es Pedro Sánchez.
La relación no ha sido siempre buena con el republicano catalán: Iglesias se enfadó mucho hace unos meses con Gabriel porque, según él, «compadreaba con Vito Quiles». Hasta le instó a dejar de hacer el «gili…». Pero no ha llegado la sangre al menguante río de la extrema izquierda, ese regato que el PSOE está fagocitando, hecho que les obliga a montar numeritos como el del Consejo de Ministros extraordinario del viernes. Sobreactuaciones, todo, porque de salirse del Gobierno, ni oír hablar. ¡Pues no hace frío fuera!
Y es que lo de ver peligrar las mamandurrias une mucho. No hay mejor pegamento que la pasta y, si es pasta gansa pagada por el respetable, más y mejor. Eso es impedir que los españoles voten por un cambio de Gobierno. Ahora, Rufián y Montero se han citado el 9 de abril en Barcelona para presentar un nuevo partido que canalice el voto extremista, disruptivo, separatista y antisistema: ella quiere ser número 1 por Madrid y él, por la capital catalana. El maestro de ceremonias de ese acto en Barcelona será Xavier Doménech, exdiputado de los Comunes, al que todos recordamos por el beso en la boca que le propinó al marido de Irene. Todo queda en casa. Y hasta han abierto la puerta para que entre Sumar. Ya sin Yolanda. Sin embargo, un amigo de ambos, Arnaldo Otegi, no quiere ni oír hablar de sumarse a esta plataforma. Los proetarras siguen siendo los más fieles costaleros de Pedro y, a diferencia de todos los demás, continúan creciendo hasta ponerse a las puertas de Ajuria Enea. Que le pregunten a Aitor Esteban.
Irene y Gabriel forman parte prácticamente de la misma generación y las formaciones de ambos sufren al igual el haber sido los pagafantas de Pedro Sánchez. Es verdad que Podemos se separó mucho antes que Esquerra –que también va de subalterno de Illa en Cataluña– del núcleo irradiador socialista; empero, eso no le ha librado de pagar las consecuencias en las urnas por haber formado parte del Gobierno de coalición. La sintonía entre el tándem podemita y el portavoz separatista catalán es hoy total. Hasta presumen de compartir mesa y mantel en más de una ocasión. Alguna foto han compartido como demostración de que se «quieren». Cómo olvidar la que protagonizaron los hoy aliados en el Bar Manolo, uno de los más castizos y visitados de los alrededores del Congreso. Allí estaban Montero y Rufián ante un plato de calamares a la romana, unas aceitunas y un revuelto. Ese cuadro era el perfecto bodegón que representa lo bien que se les da disfrutar de las tabernas de Ayuso. Era, una vez más, la anatomía de un instante, de un fracaso y de una impostura.
La sangría de votos de ambos no cesa. El partido fundado por Iglesias, que ahora lidera Ione Belarra, lleva desde 2015 en caída libre. Hasta Alvise Pérez le ganó en Aragón y en Castilla y León ha perdido el único procurador que tenía. Por su parte, Esquerra cedió en las elecciones autonómicas el 22% de sus votantes. Casi 87.000 se pasaron a Puigdemont y más de 52.000 a Illa. «¿Qué hacemos ahora?» (recordando el «¿qué hacer?» de Lenin) se llamará la charla de ambos, similar a la que Gabriel celebró el 18 de febrero con Emilio Delgado, de la que ya se desmarcó ERC, que ve cómo su todavía portavoz parlamentario se busca las habichuelas, sabedor de que Junqueras no cuenta con él.
Todo sea porque los Iglesias puedan seguir disfrutando de su dacha, gracias al dinero público, y Gabriel se pueda quedar en Madrid, de donde dijo hace ya 11 años que se marcharía. Pues ahora oposita a que su plataforma la voten en Algeciras mientras está a punto de empadronarse con Almeida. Todo muy coherente. Vuelta la burra del Frente Popular al trigo, mientras Sánchez prepara sus vacaciones en La Mareta.