Monseñor Jesús Sanz

Monseñor Jesús Sanz, durante su visita a la redacción de El DebateDavid Conde

Entrevista a monseñor Jesús Sanz Montes

«Vivimos en orfandad, con unos escenarios políticos con todas las corrupciones y sus diferentes cloacas»

El arzobispo de Oviedo afirma que la Iglesia ha pasado «en los últimos años una cierta confusión y también una cierta desesperanza, precisamente por la confusión», que León XIV está ahora disipando

El arzobispo de Oviedo no es un polemista. Acaso monseñor Jesús Sanz Montes (Madrid, 1955) escame a algunos cuando habla, pero eso, lejos de ser antievangélico, puede ser, precisamente, un marchamo de evangelismo, de cristianismo, lo propio de Aquel que dijo aquello de He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!

Lo cierto es que monseñor Sanz Montes no se arredra a la hora de proponer el mensaje de la Iglesia, aunque eso le valga que algunos traten de tergiversar sus palabras o de sacar de contexto lo que ha dejado meridianamente claro.

– Acaba de acompañar, como el resto de obispos españoles, al Santo Padre durante los siete días de su viaje apostólico a España. Y la experiencia la ha concentrado en una frase: «Del huracán Wojtyla a la brisa Prevost»...

– Cuando San Juan Pablo II llega a la Sede de Pedro, veníamos de un periodo incierto, de un periodo muy peleón –en un primer tramo del post Concilio–, donde, quizás por no haberlo leído o por haberlo leído en otra clave, se produjo una crisis muy capilar en toda la Iglesia. Crisis vocacional, crisis de pensamiento, crisis de credibilidad, y supuso un huracán el que un hombre joven, como era Juan Pablo II, con 58 años, se puso el mundo por montera y salió a torear.

Entonces nos devolvió justamente la esperanza, el no tengáis miedo. Eso fue como una primera entrega de lo que ha sido una constante en todo su pontificado. Y no tengáis miedo es lo que ha dicho también el Papa León en esta visita, citando explícitamente a San Juan Pablo II.

Vivimos en un momento de profunda orfandad cuando nos asomamos a los escenarios políticos con todas las corrupciones y sus diferentes cloacas, que son varias. Uno se desazona como diciendo: Esto no tiene remedio. Y si estos son los mandamases, el país va a pique. Pagando esa deriva entre todos. La orfandad política es la orfandad cultural, donde hay un montón de ideologías que están queriendo hacer las cuentas viejas, cuentas llenas de resentimiento hacia lo que es la tradición cristiana y nuestra posición cultural en este mundo plural.

Monseñor Sanz conversa con el subdirector de El Debate, Jorge Sanz, y el director adjunto, Luis Ventoso

Monseñor Sanz, con el subdirector de El Debate, Jorge Sanz, y el director adjunto, Luis VentosoDavid Conde

Pero también tenemos una tercera orfandad que puede ser interna, en la Iglesia, cuando se han dado en los últimos años una cierta confusión y también una cierta desesperanza, precisamente por la confusión. Entonces, con esta orfandad tan, tan extendida, de pronto aparece un hombre que no conocíamos del todo, y que tú reconoces en sus palabras y en sus actitudes, en sus textos y en sus gestos, al padre. Un padre que te da nuevamente la vida, que la quiere ver crecer y que te regala la esperanza. Y esto explica que, ante una orfandad inmensa, una paternidad patente ha hecho que la gente salga a la calle como diciendo: Te estábamos esperando, aunque nosotros no lo sabíamos.

– En esa época del «huracán Wojtyla», usted era un joven seminarista que provenía de trabajar en la banca privada. Más tarde, acabaría en los franciscanos. Un buen cambio...

– Sí. Bueno, yo estaba trabajando muy ricamente, con un buen sueldo en la banca privada, para la que me había preparado, ganando unas oposiciones. Pero yo tenía pendiente una respuesta al Señor desde muy pequeñito, que la fui, un poco al principio, distrayendo, y, después, huyendo malvadamente. Lo que ocurre es que Dios lleva más tiempo trabajando en esto y sabe detrás de qué esquina me puede sorprender... Y me sorprendió...

Entonces dejé mi trabajo, dejé mis amistades –algunas muy estrechas– y me fui al seminario. Y, cuando estaba en el seminario diocesano de Toledo, con un gran arzobispo que había en aquel momento, Marcelo González Martín, a los cuatro años también experimenté una crisis, la normal, las crisis que te permiten crecer. Me invitaron a una semana de trabajo con leprosos, una leprosería que llevaban franciscanos, y allí estuvo mi revolcón. Un revolcón que terminó por llamar a la puerta de la familia de San Francisco. Y desde entonces soy franciscano.

– Hay una visión mundana que trata de aplicar esquemas políticos a la Iglesia. Según ella, hay progresistas, conservadores, izquierdas, derechas... A usted le suelen colocar entre los obispos conservadores. Personalmente, como le decía, esa distinción me parece muy mundana. ¿Cuál sería más acertada?

– Yo soy conservador y además profeso mi conservadurismo porque quiero conservar las cosas que valen la pena. Las que son prescindibles las dejo aparte, y esas no las conservo nunca; ni siquiera las llego a congelar... Pero, lo que vale la pena conservar, eso lo conservo. Y como también soy aventurero, siempre creo también en un progreso, porque la vida no tiene botón de pausa. Creo en un progreso que te permite seguir creciendo, seguir llegando a los nuevos escenarios a los que la Providencia te envía.

Esos clichés que son clichés ideológicos, que son etiquetas para, quizás, arrinconar o señalar a una persona. Yo no me reconozco en ellas, porque soy conservador y soy progresista, entendiendo por progreso y por conservadurismo lo que acabo de decir.

Monseñor Sanz Montes conversa con el director de El Debate, Bieito Rubido

Monseñor Sanz Montes conversa con el director de El Debate, Bieito RubidoDavid Conde

La actitud correcta no está en esa especie de vaivén, como si fueras de un lado para otro según tus conveniencias, sino que es el amor a la verdad, la defensa de la bondad y la adhesión a la belleza. Los tres grandes valores en donde la historia cristiana ha sabido escribir un relato que tiene que ver con la cultura, que tiene que ver con la economía, que tiene que ver con las cuestiones sociales, que tiene que ver con la defensa de la vida, con el apoyo a la familia y la libertad de la educación por parte de los padres. Verdad, bondad y belleza. Yo conservo la verdad, la bondad y la belleza, y quiero progresar en ellas, como la tradición cristiana –empezando por el Evangelio– me han enseñado.

– Algunos recurren a un argumento muy simplista –a mi juicio–, y es que el mensaje evangélico es todo bondad, no produce ninguna crispación, todo tiene que ser suave, meloso, almibarado... Sin embargo, Cristo –ese Cristo al que dicen representar– murió en la cruz precisamente por defender ese bien, verdad y belleza...

– Evidentemente que el Evangelio es signo de contradicción, sobre todo cuando tú te empeñas curiosamente en defender la vida frente a los amigos de la muerte, sea cual sea el patíbulo donde a ti te matan. Y hay muchas maneras de segar tu cuello. Tú defiendes la verdad en un mundo lleno de engaño, y en una gobernanza basada en la mentira. Tú eres amigo de la familia, porque Dios quiso ser familia, no solamente porque es un Padre que quiere a un Hijo y que lo quiere en el amor Padre, Hijo y Espíritu Santo, sino que, cuando la segunda persona de la Trinidad se hace hombre, nace en una familia, una familia especial, milagrosamente especial, pero familia al fin y al cabo.

Todo lo hemos recibido en una familia y, por tanto, si tú defiendes la familia frente a los subterfugios de los que confunden la familia, desmontan la familia y, si pueden, de paso la destruyen, serás signo de contradicción. Aquí no vale el buenismo en donde, por una especie de falso irenismo, tú quieres estar bien con todos. Yo no tengo ningún interés en levantar barricadas o en cavar trincheras. Pero yo defiendo, con todas mis posibilidades, la vida, la familia, la libertad de educación, la verdad, la belleza, la verdad, la bondad. Y, entonces, a veces puede que seas incómodo, pero tampoco vas de Pepito Grillo por la vida, sino que pagas el precio de ser honestamente quien eres para no contradecirte y no falsear tu propia identidad.

Yo no tengo ningún interés en levantar barricadas o en cavar trincheras. Pero yo defiendo, con todas mis posibilidades, la vida, la familia, la libertad de educación, la verdad, la belleza, la verdad, la bondad

– Y, por eso, muchos tratan de silenciar a la Iglesia, o, en este caso, a los obispos, repitiendo que la Iglesia no se puede meter en política...

– Yo siempre que puedo me meto en política. Es una especie de debilidad que tengo...

– ¡Pues metámonos!

– Quiero decir en política, entendiendo lo que significa polis, que es la ciudad. Yo soy un ciudadano de este mundo que intento decir mi palabra, por humilde y pequeña que sea. Y construir mi obra, por pequeñita y humilde que sea. En esta polis sé que no soy el único. Yo no quiero que me expulsen de esta polis y, por tanto, en esta polis, en esta ciudad, en esta política, también mi palabra y mi proyecto deben tener cabida. Cuando digo mi palabra y mi proyecto, estoy hablando de la palabra y del proyecto cristiano, que es la Iglesia.

A base de amenazas, a base de etiquetas, a base de ataques, también sufrimos el odio de tanta gente y de algunas ideologías concretas que pretenden con esto quitarte la palabra hasta hacerte mudo, erradicar tu presencia, hasta hacerte ausente. Y yo creo que no tenemos que estar mudos ni tampoco fugitivos. Tenemos que decir, de la mejor manera que podamos, nuestra palabra y, de la manera más correcta, exhibir nuestra presencia, porque formamos parte de esta polis, de esta ciudad y por tanto, esto es también hacer política.

Manipulación e inmoralidad

– ¿No le da la impresión de que en España algo falla –o, bueno, muchas cosas fallan– porque hay una parte de la población insensible al mal que contemplamos a diario y que, incluso, lo trata de justificar?

– Es que hay cantidad de asesores que trabajan en este trabajo de maquillaje. Están continuamente adornando, maquillando, edulcorando lo que es un desastre. Y cuando tanta gente –que no es buena gente– se dedica a esto para falsear, maquillando, adornando y truncando una cruda realidad, pues hay mucha gente que, quizás con poco criterio, con menos formación o con mayor credulidad –no credibilidad, sino credulidad– se traga ese anzuelo. Y esto explica que, ante determinadas políticas que se están demostrando que son fallidas, haya gente que siga apoyando lo que palmariamente se demuestra que es corrupto, que es mentiroso, que hay ladrones, que la gente se pervierte de las maneras más obscenas, hasta hacerse amorales. Y, ¿cómo es posible que haya gente que siga apoyando ese desastre? Pues porque hay mucha gente trabajando para convencer a una población –que a veces es una población muy vulnerable– a través del edulcorado y del maquillaje y del trucaje de una cruda realidad.

El arzobispo de Oviedo firma el Libro de Honor de El Debate

El arzobispo de Oviedo firma el Libro de Honor de El DebateDavid Conde

– Sí, hay una lista de 61 periodistas, aunque seguramente sean muchos más. Pero a algunos sólo les preocupa la corrupción dependiendo de las siglas que lleven detrás...

– Si son de los nuestros, lo están haciendo mal. Pero son de los nuestros. Y esta es la trampa en la que algunas personas pueden estar cayendo. Por eso, cualquier disidencia de esta deriva, te haces –sin tu pretenderlo– objeto de un ataque, y te colocan la diana a la primera de cambio. Pero yo creo que hay que pagar ese precio y, al menos, yo lo pago y soy consciente de ello.

– Sentencia de Ábalos, de Koldo, imputaciones, juicios... ¿Usted cree que el Gobierno debería convocar elecciones?

– La fonoteca a veces te juega malas pasadas, porque yo estoy viendo cómo determinados medios –El Debate, entre ellos– solicitan simplemente a los propios mentores de este desastre lo que en otro momento no tan lejanamente han defendido y han aplicado... hasta que les ha tocado a ellos.

Yo me topo con con muchísima frecuencia con mis colegas obispos europeos y ellos se hacen cruces de cómo estamos manteniendo –y me dicen los apellidos y las siglas– a determinados políticos y sus formaciones políticas: ¡Cómo es posible que en España tengáis a este personaje o a tal partido, con todo lo que se está demostrando!

Deterioro social

– Nos podría decir algunos de esos nombres que se repitan más...

– ¡Es que son tantos! Son más de 61... No te digo más. Ellos se hacen cruces porque esto no sucede ni en Alemania, ni en Austria, ni en Francia, ni en Portugal, ni en Italia. Y hemos visto cómo, por menos de las cosas que estamos ahora lamentando –porque esto es un deterioro social de un país que todavía tiene tierna su democracia–... Es tal el desgaste que esto está suponiendo, que el descrédito está servido y, además, se sirve en frío.

Es una cosa que sorprende y, por lo tanto, ¿qué se debería hacer? Pues lo que hace una política honesta cuando ha fallado. Si tú has fallado; si tú, para mantenerte en tu error, estás engañando; si tú, contra viento y marea, te ríes de los principios democráticos y de que te asista la verdad y la honestidad en tu quehacer político...

La política es una cosa hermosísima. Es una expresión de la caridad, como dice la Doctrina Social de la Iglesia, siempre y cuando sea una política recta y honesta. Cuando ésta se pervierte y se arruina, yo creo que lo que se debe hacer es, primero, reconocerlo y dejar que pasen otros; que vengan otros para que intenten hacer otra cosa distinta.

– No parece que sea la intención de Pedro Sánchez...

– Pues no lo sé, pero no parece que tenga una especial prisa. Me da la impresión, me da la impresión...

– Y, ante esto, ¿qué hay que hacer?

– Pues seguir apoyando a quienes están, desde el ámbito civil, acompañando y sacando a flote este desenmascaramiento. Me estoy refiriendo a los jueces y fiscales. Me estoy refiriendo a los periodistas que son libres y, por lo tanto, ahí tenemos plataformas desde las que reivindicar la honestidad política y señalar a aquellos que la están confundiendo, a aquellos que la están conculcando. Eso, al menos desde una perspectiva moral. No dejar de insistir en los principios cristianos que, con nuestros pecados, la Iglesia siempre ha defendido y hemos construido una ciudad, hemos construido un derecho, hemos construido una cultura que tienen el marchamo del santo Evangelio.

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