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Francisco Rosell
De lunes a lunesFrancisco Rosell

La cloaca de Sánchez y los nuevos payasos de RTVE

La carcoma va de la S a la Z, pasando por la A, la N y la CH de Sánchez, con un presidente transfigurado en «capo di tutti capi» de una organización delictiva estructurada como la mafia con un «sottocapo» (secretario de Organización) y con «caporegime» o lugartenientes secundándole

Act. 13 jul. 2026 - 07:10

El ex jefe de gabinete de Presidencia del Gobierno, Juanma Serrano, con Pedro Sánchez

El ex jefe de gabinete de Presidencia del Gobierno, Juanma Serrano, con Pedro SánchezEl Debate

A estas alturas de las revelaciones periodísticas, indagaciones policiales y autos judiciales, ya nadie debiera albergar dudas de que la cloaca de la corrupción es Pedro Sánchez. Como en la disparatada comedia de Howard Hawks La novia era él en la que un capitán francés (Cary Grant) se disfraza de mujer para viajar a EEUU junto a la teniente norteamericana (Ann Sheridan) con la que se ha casado en la Alemania de la posguerra al impedírselo una norma sobre «novias de guerra» que sólo autoriza regresar en buques de la Armada a las cónyuges femeninas.

Con la imputación por parte del juez Pedraz de su jefe de gabinete hasta que arribó a La Moncloa, Juanma Serrano, propietario del célebre Peugeot de la banda de las primarias que luego resultó ser un Mercedes y al que recompensó con la Presidencia de Correos que arruinó hasta dejarla como una escombrera, se cierra casi al completo –al aguardo de lo que suceda con Antonio Hernando, exdirector adjunto del Gabinete de la Presidencia del Gobierno– el círculo de hierro de la sentina comandada por su otrora secretario de Organización, el multiimputado Santos Cerdán. No en vano, al ser encausada Begoña Gómez en abril de 2024, el presidente utilizó su ficticio periodo de reflexión, so pretexto de estar profundamente enamorado de su consorte, para impulsar su guerra sucia contra periodistas, guardias civiles y jueces consciente, desde que refundó el PSOE en los prostíbulos de su suegro, de que los Sánchez Gómez son una unidad de destino en lo político y en lo judicial. De ahí que apremiara a sus pretorianos –«¡El führer dirige! ¡Nosotros acatamos!», que sintetizaba su ministro de propaganda Goebbels– su rescate esgrimiendo el recurrente «¡Vienen a por nosotros!» en otro homenaje más de los suyos a Franco en este año de cuatro añadas dedicado a la muerte del dictador. En efecto, recuerda la broma del Generalísimo a su compungido ministro de Comercio, Manuel Arburúa, cuando le imploró que le dijera en qué podía haberle fallado. Asiéndole del brazo, le susurró como si le confiara un alto secreto de Estado: «Desengáñese, Arburúa, vienen a por nosotros».

En este sentido, el objetivo primordial de esta caterva de malversadores de lo público era evitar que el «One», el que «más manda de todos», el «P.S» de las agendas de la fontanera Leire Díez, fuera citado por la Justicia si acaso el Congreso llegara a votar favorablemente el suplicatorio para no ser santuario –amén de burladero– de la podredumbre cual cueva de ladrones. Aun desproveyéndole de tal prerrogativa, ¿quién pude asegurar a que no concurriría con ese baldón a las elecciones victimizándose como si fuera vitola de perseguido?

En este ochenio, Sánchez ha proscrito la responsabilidad política con ministros reprobados que se aferran al sillón como si esas manchas fueran méritos de guerra a ojos de un presidente que se niega igualmente a dimitir en contra de la mayoría absoluta de las Cortes. Pero tampoco las penales al arrogarse determinar si una sentencia es justa o no, como resolvió con su inhabilitado fiscal general García Ortiz, para dotarse de patente de corso. Ello aboca a España a un estado de impunidad como si rigiera un sistema autocrático, en vez de una democracia cuya principal cualidad estriba en la capacidad para deshacerse de los malos gobiernos y más de los infectos. Pero, si la responsabilidad política supone tanto como escribir con tiza en una barra de hielo, las penales se diluyen, como ha formulado el juez jubilado García Castellón, discurriendo del «no dimito mientras no me imputen» al «mientras no me procesen», del «mientras no haya juicio» al «mientras no haya condena» hasta desembocar en el «mientras la condena no sea firme», esto es, en el «¡Qué largo me lo fiais!» del gran burlador sevillano don Juan Tenorio.

Esas anomalías acaecen cuando un jefe del Gobierno traiciona la función que desempeña atornillándose al poder mediante la fuerza o el fraude al pervertir los hechos en materia opinable si contravienen su intereses. Todo ello con la avenencia de quienes, como en la distopía orwelliana 1984, «si el líder manifiesta que tal acontecimiento nunca ocurrió, desde luego nunca tuvo lugar; si expresa que 2+2 son 5, desde luego son 5». Así acontece cuando la carcoma va de la S a la Z, pasando por la A, la N y la CH de Sánchez, con un presidente transfigurado en «capo di tutti capi» de una organización delictiva estructurada como la mafia con un «sottocapo» (secretario de Organización) y con «caporegime» o lugartenientes secundándole. En esas circunstancias, impera la ley del silencio hasta que esa «omertá» deja algún resquicio por el que emerge la luz de la verdad, pese a urdirse una «nueva realidad» en la que «la guerra es la paz, la ignorancia es la fuerza, la libertad es la esclavitud».

A este propósito, la manipulación de la opinión pública puede obrar efectos portentosos en la opinión pública como describe el filme El ministro de propaganda, donde el director alemán Joachim Lang disecciona el rol esencial de Joseph Goebbels en el nazismo hasta jactarse de que, «si le hubiera pedido a un público tan bien amaestrado que saltara desde un tercer piso, lo haría sin titubear». Algo que suscribiría Sánchez con su grey como Trump con ese rebaño berrea que estará con él hasta «incluso si matase a alguien delante de la Casa Blanca».

Paradójicamente, ello sólo escandaliza al nuevo «Pedro Andaluz» de la RTVE sanchista, «Manu Sánchez», el hasta hace poco «fistro» del Canal Sur de los ERE, luego multiplicado por Juanma Moreno hasta recalar en la RTVE sanchista donde ha estrenado «El perro andaluz en La 1», tratando de emular al gran Jesús Quintero con su «Perro verde», a razón de siete millones de euros por 22 programas, sin reparar en que esos trumpianos electores ciegos abundan también en el PSOE. Pero, claro, no va a ver la viga en el ojo propio cifrándose en ello un lucrativo negocio como para fondear un barco de 43 pies en Puerto Banús si bien, según le confesó a otro follonero de muchos quilates como Jordi Évole, es para «vencer al sistema desde dentro» viviendo divinamente de lo público. «¡No puedoooooor!», que clamaba Chiquito de la Calzada para verbalizar su incredulidad.

Estos cómicos agradaores del sanchismo, a costa del contribuyente, engrosan una estrategia pareja a la de Goebbels para quien al pueblo alemán debían ahorrársele imágenes como la del gueto de Varsovia y, en cambio, entretenerles porque «el buen humor gana guerras», así como sus reporteros, cual buenos soldados, provocar imágenes llenas de creatividad. Ahí se resume el infoentretenimiento de la televisión sanchista donde se golpea como en un yunque, si bien ninguno de sus graciosos incurrirá en el fatal error del clown Bim-Bom al que, después de ser tan aplaudido por sus burlas contra los mencheviques, su afición por la sátira política le pudo acarrear consecuencias letales porque los bolcheviques no admitían chistes.

Como narra Manuel Chaves Nogales en El maestro Juan Martínez que estaba allí, en pleno régimen soviético, Bim-Bom salió vestido de andrajos y con un saco a la espalda, y se puso a dar vueltas a la pista sin decir palabra, mientras el público se intrigaba. Pero el tiempo transcurría y empezó a impacientarse. Cuando ya la tremolina era de aúpa, Bim-Bom se detuvo y miró la multitud con asombro. «¿Qué os pasa?», inquirió. «Que hace media hora que aguardamos sin que hagas nada», le respondieron. «¡Valiente cosa!», replicó añadiendo: «Os desesperáis porque llevo cinco minutos aquí y no hago nada. ¡Cuánto tiempo lleva el pueblo ruso esperando inútilmente a que hagan algo sin enojarse todavía!».

La ovación fue formidable. Pero, entre aquella masa de enemigos del comunismo y de indiferentes que colmaba el circo, había un comisario del PCUS que, sin abrir la boca ni levantarse del asiento, sacó su pistola y disparó contra Bim-Bom rozándole con la bala que abatiría a un pobre músico. Bim-Bom no osó gastar más mojigangas con los bolcheviques debiendo contentarse con ridiculizar a Kérenski. Como los cómicos de la RTVE con Aznar y a Trump, sin olvidarse de Feijóo y de Abascal, mientras están «a la bin a la ban a la bin bon ban» con Sánchez haciendo sonar el tambor con más fuerza a medida que se desborda la alcantarilla de Sánchez. De hecho, Sánchez les ha debido poner en un altar como a la fontanera Leire Díez y a su entonces jefe en Correos, cuyo manejo del voto por carta en 2023 mueve a la misma inquietud que ya suscita la alteración en marcha del censo electoral con unos aparentes tataranietos de españoles que pueden dilucidar el último escaño en una decena de circunscripciones.

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