El president de la Generalitat, Carles Puigdemont durante una reunión con el político Pedro Sánchez en Barcelona.
15/03/2016
Barcelona

Imagen de archivo de Pedro Sánchez y Carles Puigdemont en Barcelona.GTRES

Sánchez insiste en marginar al valenciano y declarar oficial el catalán en Europa para contentar a Puigdemont

El Gobierno vuelve a la carga para satisfacer a sus socios independentistas y hace oídos sordos a los informes técnicos del Parlamento comunitario con el silencio cómplice de Compromís

Pedro Sánchez quiere acabar la legislatura en 2027 de la forma que sea. Ya da igual que viva el momento más complicado para el presidente con la corrupción acechando a su mujer, al PSOE y a varios ministros y altos cargos de su Gobierno o que sus socios aumenten el nivel de exigencia para mantener sus apoyos. Siguiendo la táctica de la cortina de humo, el precio a pagar para mantenerse en La Moncloa no para de subir y para obedecer al mercadeo parlamentario llega una nueva intentona para conseguir que la Unión Europea declare el catalán como lengua oficial, obviando de nuevo que el valenciano tiene el mismo rango y derecho para estar considerado dentro del territorio comunitario.

Esta semana El Debate ha desvelado el nuevo plan del Ejecutivo de Sánchez para intentar contentar a sus socios independentistas catalanes elaborando un informe a la medida de Albares para que el catalán sea oficial en la UE sin cambiar los Tratados. Todo ello pese a la reciente advertencia del Parlamento Europeo de que el valenciano tiene el mismo rango e idéntico derecho que el catalán para ser lengua oficial en la administración comunitaria.

La nueva insistencia de Pedro Sánchez se basa únicamente en cumplir lo firmado entre socialistas y Junts en el verano de 2003 para que Francina Armengol fuera presidenta del Congreso de los Diputados. El precio que debe pagar España entera por los acuerdos del PSOE es tremendamente alto. Por eso en plena ola de corrupción el Gobierno vuelve a insistir en convertir el catalán, junto con el vasco y el gallego y olvidando el valenciano, lengua oficial de la Unión Europea, porque hay que generar un nuevo escenario que tape los casos de José Luis Ábalos, Koldo, Santos Cerdán, Begoña Gómez y el futuro juicio al hermano y porque los socios han olido la sangre. La víctima no cambia: la Comunidad Valenciana.

Para Pedro Sánchez tienen más valor los siete votos de Junts que la lengua de más de cinco millones de valencianos

Si Sánchez insiste en la oficialidad del catalán es porque Junts así lo exige, porque los independentistas han conseguido ya, justo ahora, que el Tribunal Constitucional retuerce la Carta Magna para aprobar la amnistía y porque la debilidad del Gobierno permite conseguir cualquier cosa. El PSOE necesita que los socios no generen más revuelo que pueda poner en jaque la legislatura. Sánchez admitió recientemente que en unas elecciones anticipadas «PP y Vox se harían con el Gobierno». Ante una derrota asegurada, y con mayoría absoluta para el centro derecha, hay que exprimir todas las vías posibles de subsistencia.

El Gobierno de Sánchez, obviamente, no dejará de contentar a sus socios independentistas, ya que de ello depende la continuidad de la legislatura y más después del visto bueno del Tribunal Constitucional con respecto a la Ley de Amnistía, que no asegura el regreso de Carles Puigdemont durante, al menos, unos meses, ya que los jueces no han blanqueado el delito de malversación al que fue condenado el expresidente prófugo catalán. Este fallo en el relato del Gobierno asegurará más concesiones a futuro hacia el mismo sentido.

Tampoco ayuda para la supervivencia del valenciano el apoyo incondicional y sin nada a cambio que Compromís regala al Gobierno

Otro ataque al valenciano

El valenciano se ve nuevamente perjudicado por el Gobierno de España, ya que el texto elaborado por el Ministerio de Presidencia, Justifica y Relaciones con las Cortes, con la participación de la Fiscalía y la Abogacía del Estado, busca posibles vacíos legales a nivel comunitario para que la Unión Europea asuma la oficialidad del catalán, vasco y gallego sin provocar un cisma en Bruselas. Y todo ello porque el resto de países de la UE no ven con buenos ojos que España cuele esta modificación únicamente por motivos políticos. No hay antecedentes, normativa comunitaria ni lógica europea que sustente esta locura soberanista asumida y amparada por un Gobierno débil y sumiso.

El valenciano es la lengua oficial de la Comunidad Valenciana y uno de los idiomas reconocidos en España (junto al castellano, catalán, el propio valenciano, gallego, vasco y aranés), pero para el Gobierno de Pedro Sánchez tienen más valor los siete votos de Junts que la lengua de más de cinco millones de valencianos. El motivo está claro: electoralismo puro y duro. El apoyo de la formación catalana es esencial para sobrevivir en La Moncloa, la lengua valenciana no la defienden ni los socios valencianos de Pedro Sánchez.

La lengua valenciana no la defienden ni los socios valencianos de Pedro Sánchez

Compromís, al servicio de catalanismo

Tampoco ayuda a la supervivencia del valenciano que el Ejecutivo socialista cuente con el voto asegurado, sin nada a cambio, de Compromís. La coalición nacionalista mira hacia otro lado cuando desde Cataluña se insiste en la constitución de los inventados 'países catalanes' y asume las tesis independentistas de que el valenciano es un dialecto del catalán y no como dos lenguas de igual rango y derecho, conforme sostienen los técnicos del Parlamento Europeo.

La coalición catalanista, eso sí, rebajó su servilismo hacia Cataluña conforme en 2015 accedió tanto a la Administración autonómica como a gobernar en ayuntamientos de Valencia, Alicante y Castellón. De servirse de la Muixeranga como himno y la 'Cuatribarrada' como Senyera, a aparentar una rebaja de sus aires catalanistas, mientras por detrás concedía millones de euros de fondos públicos a entidades que de forma radical y directa apoyan el servilismo de Valencia con la causa independentista catalana.

El valenciano seguirá a los pies de los caballos, dependiente a nivel estatal de los planes catalanistas que atan a Pedro Sánchez para mantenerse en La Moncloa. Ni el último informe del Parlamento Europeo sirve para parar los pies ni a los independentistas ni al mismo Gobierno de España. El Estatuto de Autonomía, la Constitución Española y las institución europeas respaldan la situación del valenciano al mismo nivel que el catalán, no es sumiso, ni dialecto ni la misma lengua. Una cuestión que parece no interesar a un Ejecutivo más preocupado por extender cortinas de humo para tapar la corrupción y por cumplir, o modificar, sólo aquellas leyes que permitan el mantenimiento en el poder.

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