Lecciones para la izquierda
El PSOE se ha despeñado, cosa que también se veía venir, con un pésimo candidato y una gestión de Gobierno cada vez más en duda. Hay que ser muy cafetero para meter la papeleta de la rosa en una urna
Las elecciones del domingo pasado en Extremadura han dejado unos resultados claros y con múltiples lecturas. Como era de esperar, la derecha ha ganado con claridad y amplitud. Se pongan como se pongan los amantes del pandemonium, el PP ha salido victorioso, mejorando en votos y en escaños. Aunque, como ya dijimos, no tanto como pensaba. Por su parte, Vox se ha disparado de tal manera que hace pensar que la formación verde está en el inicio de una escalada considerable en los próximos meses y en las próximas convocatorias.
En el lado de la izquierda las conclusiones son otras. El PSOE se ha despeñado, cosa que también se veía venir, con un pésimo candidato y una gestión de Gobierno cada vez más en duda. Hay que ser muy cafetero para meter la papeleta de la rosa en una urna. Más a la izquierda, Unidas por Extremadura sube, casi duplica sus resultados y demuestra que hay una parte de este país que está buscando referentes más allá del discurso almibarado de Yolanda Díaz.
Así, 2026 se presenta como un año crítico para esta izquierda. Dicen que ya empieza a haber movimientos para fundar el enésimo conglomerado alternativo al PSOE. Y en esta tesitura cabe una primera cuestión clave a tener en cuenta: si la izquierda de la izquierda quiere ser alternativa, debe presentarse como tal y no como sucursal del PSOE. Me explico, el seguidismo de los ministros de Sumar en el Gobierno no lleva a ninguna parte. De hecho, abochorna verlos amagar y escandalizarse antes de volver a subirse al coche oficial. Habrá que ver entonces si se opta por una vía más tranquila como la que puede representar el coordinador general de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, o si se tiran al monte en la vía de Irene Montero e Ione Belarra. Es decir, de Pablo Iglesias. Eso estaría muy bien de nuevo para sus muy cafeteros, pero podría hacer que los votantes hastiados del PSOE se refugiaran en la abstención.
En el socialismo la lectura es otra. Está claro que los nervios dentro de la formación que preside Pedro Sánchez son cada vez mayores. Se escuchan nuevas voces críticas y todo el mundo se tienta los bolsillos por miedo a perder la cartera. Sin embargo, en Moncloa y en Ferraz el discurso oficial es que no pasa nada. María Jesús Montero dice ahora que la culpa es de que Gallardo era un pésimo candidato, revelación como la que tuvo Pablo de Tarso al caerse del caballo.
Los socialistas afrontan un momento crítico. Aragón, Castilla y León y Andalucía amenazan con darles la puntilla definitiva como partido de ámbito nacional. A Pedro Sánchez no parece que esto le quite el sueño, centrado en su mantenimiento en la Moncloa. Y si para ello tiene que quemar absolutamente todos los puentes, se hace y punto.
Llegados aquí, y aunque se empeñe en no verlo, la izquierda no tiene otra opción que reaccionar si no quieren morir en el camino. Debería ser capaz de articular una propuesta política real, seria y solvente. Con poso ideológico. Que se sitúe más allá del titular fácil, de la polémica barata y del enfrentamiento fratricida. Lo ha dicho el Rey esta semana. La gente está harta, cansada de polémica y de crispación, y eso pone en riesgo la democracia. Para evitar esos riesgos, hace falta que la izquierda de siempre, la socialdemocracia tradicional, despierte, reflexione y retorne a sus cuarteles de invierno. Porque desde ese mensaje es de desde donde consiguieron crear el país en el que vivimos y echados al monte y la crispación tienen menos futuro que un caramelo en la puerta de un colegio.