Por derechoLuis Marín Sicilia

La gente, otra vez

«Es significativo que estuvieran enchufados una panda de incompetentes que hacían negocio con las infraestructuras ferroviarias»

Una tragedia ferroviaria en término de Adamuz, de extraordinarias proporciones, ha servido, una vez más, para acreditar la grandeza de espíritu y la solidaridad de los españoles, especialmente esos hombres y mujeres andaluces que tienen en la fraternidad auténtica uno de los principios definitorios de su carácter. El tiempo y las investigaciones procedentes determinarán, en su caso, las causas del descarrilamiento.

Los depredadores políticos se abstuvieron esta vez de intentar buscar réditos deleznables de la tragedia, al menos en sus primeros instantes. Veremos si la serenidad de la investigación concluye o no con responsabilidades de algún tipo, pero lo cierto es que todas las autoridades, especialmente las autonómicas, las provinciales y las locales, estuvieron desde el minuto uno asumiendo la carga de su respectiva responsabilidad y acompañando a las víctimas y familiares.

Mientras tanto, lo realmente destacable es la entrega solidaria de los andaluces ante una desgracia tan dantesca como dolorosa. Los vecinos de Adamuz y de toda la comarca se entregaron con enseres, víveres, habitaciones y todo lo imaginable con los damnificados. Los hospitales de la provincia cordobesa, incluso los limítrofes de otras provincias como Jaén o Sevilla, los equipos de emergencia, la sanidad pública andaluza y la colaboración de la privada, las policías locales, las fuerzas de seguridad, los bomberos y miles de voluntarios comprometidos en el rescate de víctimas y que hacían cola en centros de salud para donar sangre,… toda Andalucía ha vivido solidariamente el dolor de familias enteras.

Comparando las actitudes con otras desgracias precedentes, hay que congratularse de que todo el esfuerzo se puso en socorrer a las víctimas sin pérdida de tiempo. Y es verdad, y merece dejar constancia de ello, que los políticos de nuestra tierra han estado en su sitio, dando una lección a tantos otros depredadores que aprovecharon desgracias de todo tipo. Pero además de esa impronta política de responsabilidad asumida por nuestros dirigentes, los andaluces debemos sentirnos orgullosos de una ciudadanía que ha dado, como siempre ha hecho en su historia, un ejemplo de solidaridad y desprendimiento.

Es por ello que con ese comportamiento de las personas, de la buena gente, se confirma la desazón que venimos sufriendo los españoles, al padecer a una cierta clase política empeñada en enfrentar a unos españoles con otros por intereses mezquinos e insolidarios. Esa conducta afectiva, de humanidad desbordada, ratifica algo que venimos sosteniendo: que España no es como pretenden unos determinados políticos carroñeros y que, por contra, los españoles huyen del enfrentamiento ruin y miserable pretendido por los constructores de muros excluyentes que nos gobiernan.

Llegado este momento procede analizar serenamente las conductas de unos y de otros. Ante esta desgracia no ha habido movilizaciones interesadas como las hubo con los trenes de Atocha, con el Prestige, con el COVID en Madrid, con la Dana valenciana, con los incendios del verano en determinadas autonomías,… y tantas otras protestas con fines políticos. Cabría preguntarse si, en la hipótesis de que hoy fueran otros políticos los responsables de las infraestructuras ferroviarias, se habrían conducido algunos de la misma forma en que lo han hecho ahora.

Es cierto que no hay que estimular ningún bajo instinto porque esa no es la forma de conducirse un pueblo tan solidario como el andaluz. Pero ello no obsta a que, desde la serenidad y por respeto a las víctimas, se exijan las explicaciones que deben dar los responsables políticos competentes. Porque ya es conocido que los trabajadores y técnicos de Renfe y Adif habían advertido reiteradamente sobre el mal estado de las infraestructuras. Los maquinistas habían alertado insistentemente de que los trenes «vibraban demasiado» y algunos convoyes «botaban» en la zona del accidente. Quizá por ello, el sindicato de maquinistas anunció que abriría una investigación independiente de la del Gobierno y haya anunciado una huelga del sector.

Por otra parte, España había sido advertida reiteradamente sobre el incumplimiento de la obligación de trasponer una directiva de la Unión Europea sobre normas de seguridad vial e infraestructuras, por lo que se le abrió expediente sancionador mientras los pasajeros sufrían retrasos, averías, abandonos en plena via, apagones y otras incidencias sin recibir una explicación razonable, aparte de las ocurrencias del responsable en las redes sociales.

Así las cosas, ¿que tal si en vez de tantos asesores, tantos amigos enchufados, tantos bonos y paguitas y tanto dispendio improductivo, el Gobierno dedicara el dinero público, entre otras cosas necesarias, a mejorar vías e infraestructuras ?. Es significativo que estuvieran enchufados una panda de incompetentes que hacían negocio con las infraestructuras ferroviarias, mientras que en Andalucía se invertían solo dos euros en su mantenimiento de cada diez presupuestados.

La noble gente andaluza tiene la sensibilidad suficiente para saber cuándo se le intenta manipular y cuando se respeta su propia dignidad. Comparar la actitud de los dirigentes andaluces con la práctica habitual del sanchismo, supone un ejemplo palmario de los principios de cada uno. Y por ello los andaluces debemos sentirnos orgullosos del ejemplo solidario ofrecido a la sociedad española, al tiempo que debemos congratularnos de que aquí no es aplicable aquella expresión burgalesa del Cantar del Mio Cid, lamentando que, siendo un buen vasallo, no tuviera un buen señor. El noble pueblo andaluz, plagado de personas solidarias, ha sabido elegir a sus gobernantes. La gente, una vez más dando ejemplo.

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