25 de enero de 2022

Adriana Iglesias, diseñadora

Adriana Iglesias, diseñadora

Entrevista

Adriana Iglesias: «Me gustaría que se comenzara a valorar más los productos hechos con calidad, con conciencia social y transparencia»

Dejó su profesión y una vida acomodada en la capital para cumplir su sueño de dedicarse al mundo de la moda en Valencia
Su espíritu emprendedor le ha impulsado a crear su propia firma de moda, Adriana Iglesias, después de estar trabajando trece años para Cisco. Esta ovetense, afincada en Valencia, ha encontrado a orillas del Mediterráneo la paz e inspiración necesarias para sus creaciones dejando a un lado su formación en telecomunicaciones por un mundo que, hoy por hoy, es su pasión: la moda.
–¿Cuál fue el detonante que le llevó sumergirse en el sector de la moda y crear su propia firma?
–Siempre fui una apasionada de la moda, pero lo contemplaba como un hobbie. Cuando estudiaba no había tantas opciones como las que hay ahora estaban los de letras, ciencias y mixtas/empresariales. Yo era muy de ciencias y ya que te ponías a estudiar mucho y una carrera compleja, pues opté por la que más salida tenía, siempre apoyada por mis padres, Ingeniería en Telecomunicaciones. Llegó un momento en el que me fui dando cuenta de que hay que trabajar para vivir, pero que me encantaría sentir pasión por lo que hago. Pensé que mi carrera profesional en el sector de las telecomunicaciones iba a ser sólo lo que era, un tema prácticamente económico, cosa que a mi por dentro no me motivaba y, en un acto de valentía y responsabilidad, teniendo en cuenta que tenía una vida confortable y había formado una familia, me animé y pensé en crear una marca global. Es cierto que no dejé todo por hacer algo pequeño, mi objetivo era más grande y quería que la marca acabase vendiéndose en todo el mundo, quería hacer algo personal y creía que habría hueco para una marca como la mía. Una vez probado continuaría, si no, a otra cosa.
–Estudió, como ha destacado, Ingeniería en Telecomunicaciones, pero al mismo tiempo siempre ha tenido esa pasión por la moda, ¿de qué manera han convivido esos dos enfoques para crear su propio negocio?
–Soy una persona bastante intensa, pero sí que es cierto que tengo muchas cosas en la cabeza y me gusta estar haciendo siempre algo y exprimirme al máximo. Esa parte más artística siempre la había desarrollado porqué estudié piano, hice ballet, me encantaba el dibujo, la pintura, la fotografía, leer, etc. Pero la moda lo veía como una especie de entretenimiento, me encantaba como consumidora, desde pequeña compraba y coleccionaba muchas revistas de moda y consumía mucho cine relacionado con ella. Tenía una predisposición y, a medida que fui entrando en el mundo laboral, me di cuenta de que también había cabida para que no fuera un simple hobbie.
–¿Por qué decidió trasladarse a Valencia? ¿No habría sido posible en otra ciudad?
–Yo necesito el mar porque me da una energía que no sé ni describir. Otra cosa que necesito es la luz, y no hay luz más bonita que la de Valencia, que me recuerda mucho a California. Sigue siendo una ciudad, pero lo suficientemente pequeña como para que la vida aquí sea mucho más sencilla. Tengo dos hijas que durante estos años han tenido que adaptarse a una madre emprendedora, esto conlleva muchos sacrificios en cuanto al tipo de vida que llevas. Yo vivía en Madrid acorde a un sueldo muy alto y el tiempo lo pasaba desplazándome en coche y gestionando muchas cosas como madre. En cambio, en esta ciudad mis hijas llevan la vida que yo llevaba en Oviedo, tranquila, fácil y económica. Es una ciudad donde puedo vivir con una calidad de vida que, a pesar de los esfuerzos económicos que se destinan a la empresa, es una vida de lujo. Además, en Valencia hay personas completamente formadas en confección, por lo que encontré las manos que hacen la marca.

Quería hacer algo personal y creía que habría hueco para una marca como la mía

–¿Cómo funciona el proceso de creación y producción de los diseños de Adriana Iglesias?
–Lo hacemos todo aquí. Los diseños y patrones han sido digitalizados desde hace unos años, salvo cosas muy concretas que hacemos sobre el maniquí. Con lo cual, tenemos una gran variedad de patrones que a la hora de crear nuevas colecciones podemos modificar detalles muy rápido. Luego, pasa al conter digital de manera que se optimiza el tejido al máximo, cortándose como en un colchón y también lo cortamos aquí, se entretela, se prepara y se pasa al taller para coser. Aunque sí que es cierto que hemos empezado a trabajar con talleres fuera, como es en Barcelona.
–¿Es el modelo de fabricación propia una de las fortalezas de la marca?
–Es la mayor fortaleza de la marca. Nuestro proceso es transparente. Mostramos cómo en los talleres se trabaja con una ética que corresponde a los precios que tenemos, no como en producciones baratas de Asia. Pero, sobre todo, mostramos que tenemos los tiempos y la calidad bajo control. Somos una marca que tiene un precio alto y no concibo que la calidad no sea perfecta y eso se controla. Y la importancia de los tiempos, debido a que un 70% de la facturación proviene de Estados Unidos y los tiempos de colocación de las colecciones en tienda son muy agresivos: dos meses antes que en Europa y un mes antes que en otras capitales de moda como París, Londres y Milán. Si no tuviera mi propio taller no hubiera podido tener ninguna fábrica cerca que me hiciera las cantidades necesarias, por lo que el fuerte de la marca es tener esa flexibilidad, control de calidad y capacidad para producir.
–¿Por qué la seda italiana?
–Me quise especializar en algo, encontrar y potenciar el ADN de la marca, se caracteriza por ser muy mediterránea, viva en color y muy femenina. Uno de los tejidos que unía esos valores era la seda, un tejido que inspira lujo, una sensación increíble en la piel y que ensalza el cuerpo de la mujer, independientemente del cuerpo de cada una. Es un producto de calidad y me he mantenido firme, a pesar de que he estado limitada a veces, ya que este tejido no te permite hacer ciertas cosas.
–¿Está dispuesta a abrirse a otros tejidos?
La seda ha sido el ADN de la marca siempre, pero sí que es cierto que cuando tenga tiendas propias o venda en directo y quiera tener más referencias, lo combinaré con otros tejidos, porque se trata de que en algún momento pueda llegar a crear el armario de una mujer, por lo que me encantaría mezclarlo, así como yo me pongo una blazer de seda y unos jeans. Hoy por hoy, como estoy más enfocada en el mayorista, de lo que yo presento siempre me compran la seda, aunque a veces me compran algo de punto o tejidos que se forran con seda. Esto me ha hecho darme cuenta de que la seda en el interior se comienza a apreciar.

El fuerte de la marca es tener esa flexibilidad, control de calidad y capacidad para producir

–La crisis generada por la covid no ha dejado indiferente a nadie, ¿Cómo se ha visto afectada la marca?
–Yo no vendo en directo y no tenía donde vender, ya que las tiendas y centros comerciales cerraron. Esto afectó negativamente al negocio, pero yo quise centrarme en mi nueva marca Silk Roads. A medida que fuimos avanzando en la pandemia tuve la gran suerte de que me retomaron los pedidos pendientes. Al fabricar concretamente los diseños que me compran no tuve problemas de stock, ahí quedó en evidencia todo lo que pasa con las cadenas de suministros y con la fabricación lejos de casa. Realmente salí reforzada porque el modelo de negocio en el que yo creo es justo ese. La verdad es que pude remontar rápido y crecimos, incluso con respecto a años anteriores a la crisis.
–Actualmente, la mayoría de los negocios han tenido que reinventarse y el sector de la moda es uno de ellos. ¿Cuál cree que es el futuro de la industria?
–Mi opinión es en parte positiva y por otra no tanto. Yo creía que el coronavirus iba a dar una lección importante, sin embargo, se han dicho muchas cosas que enseguida se olvidan. Se ha hablado de que cuatro colecciones al año era demasiado, pero las sigue habiendo. Se ha hablado de sostenibilidad y sigo sin creer en ella cuando existen talleres en los que se fabrica de forma insostenible. Por lo que pensé que la pandemia sería un punto de inflexión, y no lo ha sido tanto. Es cierto que hay gente mucho más concienciada respecto a estos problemas de la industria, pero me gustaría que se comenzara a valorar más los productos hechos con calidad, con conciencia social y transparencia frente a otros que no la tienen, aunque el precio y la marca siempre van a ser condicionantes.
–Jane Fonda, Isabel Preysler, Hailey Bieber y gran variedad de artistas y celebridades visten sus diseños, ¿Cuál fue el punto de inflexión en el que Adriana Iglesias pasa a ser reconocida internacionalmente?
–Fui yo quién cogió las maletas y empecé a viajar internacionalmente. Viajé a Nueva York para intentar vender la marca allí. Los propios compradores de los grandes centros comerciales me pedían que se hiciera un poco de marca, pero yo no puedo invertir en ello al mismo nivel que otros por el precio de mis prendas y tampoco estoy en una situación de pagar a celebridades porque publiquen una imagen por gran cantidad de dinero vistiendo un diseño mío. Decidí entonces negociar con alguna agencia y en Los Ángeles es donde encontré que podría tener más impacto. Tuve muy buena aceptación desde el principio y creo que fue porque a las estilistas les encanta el Mediterráneo, teniendo en cuenta que todas las celebridades veranean en Capri o en Ibiza, por lo que era algo que se vende y gusta. Conseguí unos precios muy asequibles que podía permitirme y entonces comenzaron a buscarme al relacionarme con marcas tan potentes como Moschino.
–En el ámbito nacional, ¿cree que la moda española es reconocida?
–Sinceramente creo que es una asignatura pendiente en España, partiendo de que las semanas de la moda siguen siendo Nueva York, Londres, Milán y París, coincidiendo estos grandes desfiles con otros en España, lo que impide que compradores potenciales no puedan asistir a los de nuestro país, y en el momento en el que no hay compradores no hay negocio. Si presento una colección y pongo recursos en ello, tengo que encontrar un retorno de la inversión. Me tengo que ir con la ropa a un hotel de París a enseñarla, porque si no estoy allí no van a venirme a ver a España. Con lo cual, no creo que estemos metidos en el circuito del negocio de la industria de la moda. Hay marcas y diseñadores maravillosos que muestran su colección y salen en prensa, pero en mi caso me he dado cuenta de que debo apostar por estas capitales de la moda donde voy a conseguir citas y pedidos.

El esfuerzo y la pasión combinados siempre traen buenas cosas

–Y ahora, ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
–Mis próximos proyectos son seguir expandiendo la marca a nivel global, acabamos de enviar nuestros primeros pedidos a México, en concreto a Tulum, Cancún y Cabos. También, seguir expandiéndonos en Estados Unidos y mi gran asignatura pendiente, vender al cliente final. Ya está casi todo pensado, pero hay que plantear la estrategia del e-commerce. Además, me encantaría abrir tienda propia en breve.
Adriana Iglesias, diseñadora

Adriana Iglesias, diseñadora

–Comentaba que había lanzado una nueva firma más juvenil, Skil Roads, ¿está teniendo éxito?
–Me ha sorprendido lo bien que está funcionando. Creo que al estar bajo el paraguas de Adriana Iglesias no fue lanzar una marca nueva. Ha sido todo tan natural como crear ropa para mis hijas. Yo creo que cuando haces algo, igual que yo me inspiro en lo que me pondría y eso hace que tenga una personalidad, al hacer otra cosa con la misma inercia es más fácil acertar. Aún así, no pensé que gustase tanto, pero la primera colección se vendió muy bien en la página de Revolve, que es justamente al público que yo me dirijo y la facturación es casi del mismo nivel que el de la primera línea.
–Sus hijas han sido clave en su carrera como empresaria en esta industria, ¿Qué opinan sobre la moda?
–Mis hijas son lo mejor de mi vida y sobre todo han sido un apoyo fundamental. Son niñas muy responsables, positivas y sienten una gran admiración por mí. Sí que es cierto que tenían una vida, la cambié, pero desde el principio si han tenido que etiquetar lo han hecho y si han tenido que ayudar en las tareas de casa no han puesto ningún problema. Y aunque alguna vez me han visto cansada, disfrutan mucho cuando ven que cumplo mis objetivos. La verdad es que creo que en el fondo ha sido también una enseñanza hacia a ellas de que esto no es teoría, sino que el esfuerzo y la pasión combinados siempre traen buenas cosas.

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