12 de agosto de 2022

Raniero de Mónaco junto a Grace Kelly y sus hijos la princesa Carolina de Mónaco, el príncipe Alberto y la princesa Estefanía

Raniero de Mónaco junto a Grace Kelly y sus hijos la princesa Carolina de Mónaco, el príncipe Alberto y la princesa EstefaníaGTRES

El foulard, del mar Muerto a la Costa Azul

Este sencillo accesorio que estuvo siempre unido a la religión es ahora un básico de los 365 días

En Oriente Medio siguen utilizando el foulard, como chal o como Hiyab, desde hace más de 3.000 años. Aunque en los alrededores del Mar Muerto en aquel momento se elaboraba pisando el lino hasta crear una tela muy tupida, hace siglos que se utiliza tejido de distintas fibras. Parte esencial del guardarropa de verano e invierno, ahora las opciones son infinitas.
En África, las mujeres lo han llevado por motivos religiosos y como accesorio que porta suerte y protección. Y las judías ortodoxas siguen utilizándolo milenios después, a menudo incluso sobre pelucas que enmascaran su propio cabello.
Los talleres de tejidos de Lyon, creados por el proteccionismo impulsado por Luis XIV, florecieron a partir del siglo XVII, ideándose el «foulard» como pieza rectangular para el cuello o la cabeza. Inicialmente bordados o con dibujos, pronto contaron con el desarrollo de la técnica de las cuatricromías y el uso de diferentes planchas para plasmar varios colores en cada estampado. Delicados, a menudo en seda y muy apreciados, la zona de los lagos del norte de Italia tomó el relevo de Lyon en su fabricación.
La emperatriz Josefina Bonaparte fue una compulsiva compradora de foulards y pashminas, que marchantes venidos de la India y la China iban a ofrecerle a su palacio de Malmaison. Su colección, de varios centenares, tenía harto a Napoleón, que veía como su esposa los utilizaba también para tapizar muebles, cubrir biombos y sillones, como mantel, turbante o toalla. Napoleón en persona solía impedir el paso a los vendedores para evitar que la colección se les fuese aún más de las manos.
Isadora Duncan, bailarina de los años 20, hizo famosos sus foulards cuando murió estrangulada por el que se le enredó en el Bugatti de su amante en la Costa Azul. Desde entonces, nunca ha pasado de moda, ya sea en versión pequeña, como lo llevaban Jackie Kennedy o Grace Kelly para cubrir su cabello o su cuello, o en versión bohemia y larga, como lo utilizaban Jane Birkin o las hordas de hippies que no se lo quitaban durante los años 70. Hermès hizo famosa su serie de 10 maneras de llevar el foulard y ahora - en versión alargada -sigue siendo el mejor compañero para proteger del sol, el viento, el frío o el calor excesivo. Versátil e intemporal, es un accesorio permanente en el siglo XXI.
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