03 de diciembre de 2022

Pauline Ducruet

Pauline Ducruet

¿Qué quedó de la delicadeza intelectual de MiuMiu?

La preciosa marca milanesa se conformó con cerrar el desfile con Pauline Ducruet

Ponga un Mónaco en su vida, podría ser el resumen del modo de acaparar a Charlotte de Monaco en Chanel, a Beatrice Borromeo en Dior y ahora, a Pauline Ducruet cantando al final del desfile de MiuMiu. La segunda marca de Miuccia Prada, en la que se mete a fondo y con la que disfruta inventando, ha sido desde su creación en los años 90 una especie de armario de una Barbie ejecutiva y con titulación. El desfile de hoy, ha desconcertado por su masculinidad.
Con la excusa de desarrollar un proyecto fruto de su alianza con la artista china Shuang Li, el desfile ha sido tan extraño como la obra de la asiática. Shuang Li, nacida en el sudeste Chino en los años 90, ha vivido entre Nintendos y consolas una época de cambio en su país. De corte neosurrealista, su trabajo estudia la relación entre la sexualidad y la figura humana. Y ese ha sido el resultado, un estudio extraño entre forma y género.
Miu Miu

Miu Miu

En MiuMiu, interesados como en todas las marcas por el mercado chino, han escogido a esta artista, presentando finalmente una rara combinación de piezas. Los trajes transparentes de redecilla se han combinado con piezas técnicas en negro con fornituras de plástico negro, muy tipo atuendo de Mission Imposible. Otros abrigos y chaquetas, en marrón, de corte masculino y remates dejados, podían más bien recordar a los atuendos militares de Top Gun. Y rematando la serie, una colección de prendas acompañadas del típico cinturón del montador de cocinas o de «ñapas» profesional.
Eso sí, todo bajo la mirada de Pauline Ducruet, que cantó al final del desfile y vistió una cazadora vaquera de MiuMiu. La colección ha seguido el hilo conductor del utilitarismo hasta extremos impensables, sobre todo cuando se trata de una marca que siempre ha contado con collares de cristal delicado, zapatos con tacones de apliques de brillantes y pedrería, atuendos bling bling y un etéreo ambiente de sofisticado tocador de actriz de Hollywood en los años 60. Qué trueque tan raro.
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