25 de septiembre de 2022

Los materiales de aprendizaje diseñados por María Montessori son de madera

Los materiales de aprendizaje diseñados por María Montessori son de maderaUnsplash

Educación y pedagogía

El método Montessori: ¿una moda o neurociencia aplicada a la educación?

Sin exámenes ni libros de texto en sus centros, esta pedagogía activa se contrapone a la educación tradicional

Clases, libros, exámenes y notas. Un pequeño resumen, quizá demasiado simplista, de la educación tradicional. Está claro que funciona, si no no se seguiría implementando en los colegios españoles, pero hay otras, llamadas pedagogías activas (Reggio Emilia, Waldorf, escuelas libres...) cuyas primeras promociones han demostrado que son tan válidas como las que salen de la escuela tradicional.
Entre ellas se encuentra el método Montessori. A principios del siglo XX, María Montessori, una de las primeras mujeres médico de Italia, se dedicó a observar niños durante 40 años y a investigar su desarrollo. Así, pudo concluir que si se deja que el alumno siga sus gustos e instintos aprenderá de manera más autónoma. Más de un siglo después, el método de la italiana ha dejado personajes tan célebres como Gabriel García Márquez, Jeff Bezos o el príncipe Jorge de Inglaterra.

Pedagogía científica

Montessori no ha estado exento de críticas, sobre todo de quien apunta el carácter elitista de este método educativo, que es poco accesible. No obstante, como punto fuerte, se trata de un método que la neurociencia ha ido avalando a medida que se ha estudiado el desarrollo cerebral desde el nacimiento. «Es el método de la pedagogía científica», destaca Miriam Escacena, alias Tu Guía Montessori en Instagram, organizadora del congreso internacional sobre esta herramienta de aprendizaje que comienza el próximo 3 de octubre.
La educación tradicional se basa en el logro de las asignaturas clásicas, la alfabetización de los alumnos y que aprendan matemáticas. Una de sus características, y por lo que es criticada, es la marcada diferencia de roles entre el alumno y el profesor. Mientras que el segundo es sobre cuyos hombros cae el peso del proceso de aprendizaje, el segundo juega un papel totalmente pasivo, que se basa en escuchar y memorizar. En el momento en el que surge, en plena revolución industrial, era necesario un método pedagógico sencillo que permitiera educar a las masas.

Una educación individualizada

Sin embargo, hoy la neurociencia ha confirmado que cada niño es diferente, en cuanto a aprendizaje, y que cada uno puede tener una inteligencia diferente. Es ahí donde Montessori encuentra su hueco, porque «se basa en individualizar», explica Escacena. «¿Por qué tenemos que exigir a todos los niños que distingan las vocales con cuatro años o que lean con cinco?», se pregunta la guía Montessori.
Mientras que en el método tradicional el profesor es el artesano, con Montessori y las pedagogías activas, es el alumno el que hace las veces de artista. Los niños son protagonistas de su propio aprendizaje y su educación. No tienen libros, ni fichas que rellenar ni exámenes, y esta es una de las causas que Escacena menciona al ser preguntada por qué la enseñanza que ella practica puede generar cierto rechazo en los padres, «el miedo a que no aprendan».

Los materiales de María

Otra de las cosas que quizá llama más la atención y que se puede ver en las aulas Montessori es que en ellas se mezclan a niños de distintas edades, que trabajan y aprenden tocando, jugando y experimentando. Es un aprendizaje sensorial mediante los materiales que María Montessori diseñó y que están prácticamente todos hechos en madera.
«De cero a seis años, la mente del niño es absorbente. Esto se conoce como plasticidad cerebral», explica Escacena. De la misma manera que un niño aprende a hablar solo escuchando a sus padres, ha de aprovecharse esta característica para que descubra lo que significa sumar y restar, porque lo está viendo y tocando.

De absorbente a razonadora

«La educación es una ayuda para la vida», decía María Montessori. Por ello, el método de esta pedagoga y médico se basa en potenciar el pensamiento crítico cuando, en la etapa de seis a 12 años, la mente del alumno pasa de absorbente a razonadora.
No obedecer porque sí, sino tomar decisiones basadas en razonamientos propios, ni castigar y premiar son algunos de los puntos fuertes de Montessori, que, sin desprestigiar la pedagogía tradicional en la que la mayoría de la población es educada, sugiere quizá que hay alternativas que funcionan.
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