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Madre embarazada

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Un nuevo estudio confirma los dos poderes que desarrollan las mujeres en el embarazo

Durante la 'matrescencia', el cerebro de una embarazada cambia tanto como el de un adolescente

Transición a la maternidad. Este es el nombre con el que se han bautizado todos los cambios a nivel neuronal que suceden en el cerebro de una mujer durante los nueve meses en los que gesta a su hijo. También hay quien lo ha llamado 'matrescencia', dado que las transformaciones de este órgano se parecen a las que viven los adolescentes que atraviesan la pubertad.

Estudios anteriores ya habían demostrado que era la materia gris lo que cambia –un 94 % de esta se transforma– o que incluso se reduce. A través de imágenes intracraneales se había comprobado cómo queda el cerebro de una mujer antes y después del embarazo. Otras investigaciones habían abordado esa neuroplasticidad del cerebro durante los nueve meses de gestación.

A medida que aumenta la producción de hormonas, la materia gris de las gestantes se va reduciendo. En un primer momento, esto se relacionó con un «ajuste fino» de los circuitos cerebrales. Durante las primeras fases del posparto, estas diferencias corticales se atenúan. Este es uno de los principales resultados de reciente estudio publicado en Nature Neuroscience, que sugiere que estos cambios podrían estar relacionados con la adaptación del cerebro materno a la crianza. Sus resultados respaldan la idea de que este órgano se reconfigura de manera funcional para la maternidad.

Los dos poderes de las madres

Las zonas afectadas están implicadas en la cognición social y la regulación emocional de las mujeres. Esto podría significar, según indican los investigadores, que la disminución de materia gris afecta a regiones involucradas con la teoría de la mente y la empatía, que sugiere que dentro del cráneo de las mujeres todo se reconfigura para mejorar la sensibilidad a las necesidades del bebé. La recuperación de algunas redes neuronales observado tras dar a luz indica, por su parte, que estos ajustes podrían mantenerse en el tiempo para favorecer el vínculo entre una madre y su hijo.

Toda esta metamorfosis también tiene que ver con la regulación emocional de las madres. Así, a través de estos cambios, ellas se vuelven más reactivas a las señales de sus bebés. Indican los autores que esto podría fortalecer el apego materno. Pero también, en definitiva, que a través de estos dos poderes lo que se prioriza de forma natural es el cuidado del recién nacido.

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