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Teresa Lamana, psicóloga y sexóloga

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Teresa Lamana, sexóloga: «Mantener relaciones sexuales en la adolescencia tiene efectos muy negativos»

La edad promedio de la primera relación coital está en los 16 años, aunque a los 14 años los adolescentes españoles tienen ya su primer contacto sexual. Algo que impacta en otras áreas como los estudios, la familia o las amistades, y que afecta de forma distinta a los chicos y a las chicas

Según los últimos datos del Instituto de la Juventud, la edad promedio de las primeras relaciones sexuales en España está en los 14,2 años. Aunque en promedio no es hasta los 16 años cuando se produce la primera relación coital, los expertos alertan de que esta precocidad en el terreno sexual tiene un impacto enorme en los adolescentes, y que suele desencadenar numerosos efectos negativos. Efectos como los que desgrana para El Debate Teresa Lamana, psicóloga y sexóloga del Centro de Atención Integral a la Familia, de la Universidad Francisco de Vitoria, y directora del Programa de Especialista en Sexología Clínica y Terapia afectivo-sexual de la UFV.

–El primer contacto sexual de los adolescentes está ya en los 14 años, y el promedio de la primera relación completa está en los 16. ¿Cuáles son las causas de este aceleramiento en la edad de inicio sexual?

–El adelantamiento en la edad de inicio sexual en algunos contextos se ha atribuido a una combinación de factores sociales, culturales, psicológicos y tecnológicos, entre otros. No obstante, existen hechos que están marcando la diferencia: a nivel biológico la entrada a la pubertad se está adelantando cada vez más, y con ella su eclosión hormonal. A ello se le suma que hoy existe un mayor acceso a información de contenido sexual sin restricciones de edad (internet, redes sociales, televisión…) lo que puede generar ideas distorsionadas sobre la sexualidad. Por otra parte, la presión social que viven los adolescentes con respecto al tema sexual es cada vez mayor, dado el estigma social de «romantización» que se está generando. Y por último, nos seguimos encontrando muchas familias donde no hay ningún tipo de educación afectivo-sexual, así que los adolescentes tienden a completar información con fuentes poco fiables, en las que se les incita a mantener relaciones sexuales de forma inadecuada.

–¿Y cómo afecta al desarrollo de un adolescente que tenga encuentros sexuales en ese momento?

–Como tienen un nivel bajo de madurez afectiva, las relaciones y encuentros sexuales en la adolescencia pueden ocasionar efectos muy negativos. A nivel emocional, son muy característicos los sentimientos de culpa, vergüenza y arrepentimiento, además de baja autoestima y confusión sobre la sexualidad y sus propios afectos. Por otra parte, cuando falta madurez, normalmente se llevan a cabo relaciones donde hay escasez de límites, y tienden a caer en dinámicas de manipulación, coacción y control. También se eleva el riesgo de infecciones de transmisión sexual y el número de embarazos no deseados. Y todo este tipo de consecuencias influyen en otras áreas, como la académica y el ámbito de las relaciones familiares y sociales.

Hay estudios que muestran que las chicas reportan mayor carga emocional tras las relaciones sexuales no deseadas, o realizadas sin madurez

–¿E impacta igual en los chicos que en las chicas?

No, el impacto de tener relaciones sexuales de forma anticipada no suele ser igual en chicos y en chicas. Y se debe no sólo a las diferencias biológicas, sino, sobre todo, a factores sociales, culturales y emocionales. Hay estudios que muestran que las chicas reportan mayor carga emocional tras las relaciones sexuales no deseadas, o realizadas sin madurez. Mientras que los chicos, aunque a priori tienen menos carga emocional, pueden presentar dificultades a la hora de identificar las emociones asociadas, y eso es igualmente dañino para ellos, aunque menos visible. Por otra parte, los adolescentes varones suelen sentirse más reforzados por sus iguales frente a las prácticas sexuales anticipadas, mientras que en las chicas puede estar más relacionado con emociones como la culpa, la ansiedad o la vergüenza si no encuentran refuerzo social.

–¿Cómo pueden los padres ayudar a sus hijos a que vivan una sexualidad sana y no den pasos de los que después se arrepentirán?

–Desde mi punto de vista, son tres los ingredientes esenciales: el primero es fomentar un vínculo de confianza y afecto con los hijos desde que son pequeños. Un vínculo que les permita madurar afectivamente a un ritmo adecuado, en el que se sientan seguros para poder ser ellos mismos y al que sepan que pueden acudir siempre que lo necesiten. Este vínculo es el que permitirá un acompañamiento cercano a lo largo de todo el desarrollo de la sexualidad. El segundo ingrediente es aportar una educación afectivo-sexual adecuada, mediante la que puedan percibir la belleza de la sexualidad bien vivida, basada en el respeto y el amor tanto al prójimo como a uno mismo. Y, el tercer ingrediente sería dar ejemplo de esa vivencia de la sexualidad.

–¿A qué se refiere?

–A que la educación afectivo-sexual no consiste sólo en explicar verbalmente los conocimientos, sino que el mayor aprendizaje de los hijos proviene de la vivencia que han tenido en casa sobre la afectividad y la sexualidad, tanto en la relación conyugal de sus padres, como en la forma en la que se han relacionado con ellos, tanto su madre, como su padre.

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