Las figuritas del Cascanueces son la decoración navideña de moda
¿Por qué los juguetes del Cascanueces se están convirtiendo en un icono de la Navidad?
Aunque son la decoración estrella de los últimos años, pocos saben que el origen de esta figura está en un cuento infantil
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Están en los escaparates, en los portales, en tiendas de moda, en las revistas de decoración y en cada vez más hogares españoles. Los hay de todos los tamaños y colores, lo mismo para colgar en un árbol de Navidad que para escoltar una puerta de varios metros. Son las figuritas del cascanueces, un pequeño juguete de madera que se está convirtiendo, cada vez más, en un icono de la Navidad.
Y aunque buena parte de su éxito se deba al complejo que evita las representaciones cristianas propias (y lógicas) de estas fechas, para «no herir sensibilidades» y vender más, pocos saben que el origen de esta pequeña figurita se encuentra en un cuento infantil de innegable significado navideño y familiar.
El complemento de moda
Cuando un cascanueces entra en casa, rara vez lo hace solo. Se empieza por uno en el recibidor y, casi sin darse cuenta, la familia termina con todo un destacamento de soldaditos de madera apostados por el salón.
En los últimos años se han convertido en un básico de la decoración navideña, desde las tiendas «low cost» hasta los mercadillos de artesanía.
Incluso la conocida revista española El Mueble le dedicaba hace pocos días un artículo cantando la versatilidad decorativa «del adorno de Navidad que todos quieren tener este año en su casa». Pero, ¿de dónde proviene esta fiebre por el cascanueces?
Un juguete del siglo XVII
Las figuritas de cascanueces nacen en la Alemania rural, especialmente en la región minera de los Montes Metálicos (Erzgebirge). Allí, cuando la minería decayó, muchos vecinos sobrevivieron tallando figuras de madera, como ángeles, animalitos… y cascanueces.
El portal británico sobre tradiciones navideñas UK Christmas World explica que la primera producción documentada de cascanueces de madera data del siglo XVII, y a finales del XVIII ya eran un símbolo típico alemán, que solía emplearse como centro de mesa y regalo en época navideña.
Con la revolución industrial del siglo XIX, los artesanos empezaron a fabricarlos en serie con el aspecto que hoy mantienen: soldados hieráticos, reyes barbudos y guardianes con uniforme de gala.
Según el folclore norte europeo, que en Navidad tiende a mezclar la espiritualidad cristiana con elementos paganos como el krampus, estos soldaditos de juguete se regalaban a modo de amuleto, como si pudiesen traer suerte a la familia y proteger la casa «de los malos espíritus».
En el fondo, se trataba de un modo de atender a la necesidad espiritual del corazón humano, pero a través de un sustituto de la religión que, en cierto modo, explica su auge actual.
Hoffmann, Dumas y Tchaikovsky
El siguiente capítulo lo escribe la literatura. En 1816, Ernst T.A. Hoffman (autor también de una novela oscura de trama demoníaca llamada Los elixires del diablo) publica su obra más conocida: El cascanueces y el rey de los ratones, un cuento infantil en el que el juguete favorito de una niña (obviamente, un cascanueces) cobra vida en Nochebuena y la lleva a un reino mágico.
Décadas después, Alejandro Dumas adaptaría la historia y, en 1892, Tchaikovsky estrenaba en San Petersburgo su inmortal el ballet El cascanueces, ambientado también en una Nochebuena, al pie de un gran árbol de Navidad.
Del ballet a Instagram
El éxito tardó en llegar, pero a partir de los años 50 del siglo XX, el ballet se convirtió en un clásico de la temporada navideña, especialmente en Estados Unidos, donde, según el Crain's New York Business, hoy supone hasta el 40 % de los ingresos anuales de algunas compañías.
A partir de ahí, la ecuación quedó sellada y el personaje dejó de ser una herramienta doméstica para partir nueces y pasó a ser un símbolo navideño global.
La decoración instragameable ha hecho el resto. Según revistas especializadas como Better Homes & Gardens, las búsquedas de cascanueces en Google han crecido «más de un 60 % en los últimos años», y sólo en español, hay más de 170.000 publicaciones sobre #cascanueces en Instagram.
En esa necesidad de reivindicar «lo de siempre», el cascanueces encaja a la perfección: es reconocible, colorido, fotogénico, evoca un retorno a la infancia y permite jugar con tamaños y estilos.
En palabras de la guía británica sobre tradiciones navideñas para el hogar, más allá de sus connotaciones ancestrales o literarias, estos personajes «denotan el deseo de cuidar y proteger fuertemente a nuestra familia». Un complemento cultural, mejor que un sustituto, a la verdadera protección espiritual que nace de Aquel que nació en Belén.