Una mujer en su cama
Consultorio Familiar
«La promiscuidad me deja triste pero no sé cómo dejar las relaciones esporádicas. ¿Cómo rompo el bucle?»
El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre la sexualidad ocasional.
La promiscuidad me está pasando factura, pero no sé cómo dejar las relaciones esporádicas. Aunque sé que me terminan haciendo daño, y que me quedo triste y como vacía, no logro evitar tener relaciones sexuales cuando se da la ocasión, y luego me termino arrepintiendo. Sé que no me pasa solo a mí. Tengo amigas que, como yo, estamos una temporada diciendo que no queremos tener relaciones, luego las tenemos y al final siempre pasa lo mismo: terminamos tristes, furiosas o decepcionadas, y desahogándonos entre nosotras. ¿Cómo puedo romper el bucle?
Le agradezco mucho la sinceridad de su pregunta. Y, efectivamente, no les pasa solo a usted y a sus amigas: yo también he recibido a muchas personas, tanto hombres como mujeres, que se encuentran en una situación similar.
Lo primero que hay que tener claro es que, como vemos en otros ámbitos de la vida, el ser humano tiende a ser consumista y, por tanto, conviene evitar las situaciones donde prácticamente lo único que se puede consumir es sexo o relaciones esporádicas.
Hace poco me decía una mujer joven que lo que más miedo le daba en sus relaciones con los chicos era cuando tenía ocasiones de «magnificar el instante». Al principio, no la entendí.
Me aclaró que hay veces en que «las cosas son tan bonitas que parece que van a ser así toda la vida… y cuando terminan, me doy cuenta de lo que ha pasado y me queda un vacío grande». «Y cada vez me doy más cuenta –continuaba– de que para pasármelo bien, tengo que pasarlo bien también después de haberlo pasado bien: tener paz a posteriori. Si después de pasarlo bien te sientes desasosegada, eso no es pasarlo bien, sino dejarse llevar por el instante. Por el deseo de magnificar el momento. Y la libertad tiene mucho que ver con esto».
Cuando la escuché me di cuenta de que era una persona que tenía cultura y que sabía lo que decía.
Lo que me cuenta usted pasa con mucha frecuencia y no es nuevo. Promiscuidad ha habido siempre. Pero quizás ahora esté ocurriendo más, entre otras razones (que las hay y son poderosas) por la escasa educación de la voluntad que se da en nuestra sociedad.
Parece que vivimos llevados por el viento de nuestros deseos inmediatos, y eso está haciendo sufrir mucho a mucha gente. Y no sólo en el asunto que me comenta sino también en la falta de dominio del carácter, que tantos matrimonios rompe.
Volviendo a lo que me cuenta, es cierto que el deseo de idealizar un instante nos puede llevar a hacer y decir muchas tonterías de las que luego nos arrepentimos. Por ejemplo, hay veces que, por no ser rechazado, por creer que se va a parecer raro, porque lo hace todo el mundo o por miedo a lo que dirán de nosotros, tomamos decisiones que pueden ser francamente perjudiciales para nuestra vida.
La persona madura siempre intenta manejar el instante (tanto positivo como negativo), no dejarse arrollar con él, para vivir mejor su libertad y actuar más de acuerdo a su forma de pensar.
Además, no es buena estrategia vivir engañándose a uno mismo. Hay que tener en cuenta que esos «instantes» suelen repetirse.
Esos instantes suelen repetirse. ¡Cuántas relaciones, de las que uno luego se arrepiente, se tienen porque no hemos evitado salir con esa persona, entrar en esa app de citas o subir los dos solos a casa!
¡Cuántas relaciones sexuales no previstas y no queridas se tienen porque no hemos evitado ese instante del que hablábamos, o como consecuencia de haber bebido más de la cuenta, de haber salido con esa persona, de estar tanto tiempo despidiéndose en el coche, de estar los dos solos en casa, de entrar en esa aplicación de citas, o de no haber dicho a nuestros amigos que «bloqueen» a ese ligue esporádico si uno va con una copa de más!
Cada uno sabe por dónde le aprieta el zapato. Esas situaciones que a usted le colocan en posición de arrepentirse después, conviene procurar evitarlas. Si no cambia nada, terminará ocurriendo lo mismo de siempre. Y esos instantes aparecerán con su fuerza arrolladora, aunque después de ellos sólo queda el vacío.
Si le cuesta gobernar una renuncia, trate de no exponerse a la ocasión. Así no hará cosas que no están de acuerdo con lo que de verdad quiere para su vida. La libertad también lleva consigo la responsabilidad de saber en cada momento con quién está uno, dónde está y cómo está. ¡La libertad tiene sus exigencias!
José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com