Tener hijos puede mermar la intimidad pero refuerza el compromiso del matrimonio
¿Tener hijos enfría la pasión del matrimonio? Esto dice un estudio sobre parejas de 25 países
Aunque muchas parejas temen que al tener más hijos la relación conyugal se enfríe, un estudio publicado en Human Nature con matrimonios de 25 países aporta un matiz importante y explica que el gran cambio no tiene que ver con el número de hijos
Circula por internet un meme en el que un hombre soltero explica a otro casado, que aún no es padre, el «peligro» de tener hijos: el soltero dibuja a un padre y a una madre, y va poniendo niños entre ellos para tratar de explicar cómo los hijos alejan a la pareja. Al final, llega un casado con hijos, que de refilón escucha la charla y, tras soltar una carcajada, borra el dibujo y lo cambia: ambos cónyuges están juntos, y van sujetando a los hijos, que parecen ir aplastándolos, sí, pero aplastándolos juntos.
Más allá de la broma, la escena plantea un tópico muy extendido: el amor de pareja se apaga cuando llegan los hijos. Y plantea una incógnita: ¿Se enfría más con cada nuevo embarazo?
Un grupo internacional de investigadores convirtió estas preguntas de chascarrillo en hipótesis científicas, para encontrar respuestas a partir, no de tópicos, sino de datos reales de matrimonios de 25 países distintos.
El resultado, publicado el pasado octubre en la revista científica Human Nature bajo el títuloIs Family Size Related to Love? Data from 25 Countries, ofrece una fotografía matizada: sí hay un impacto en la pareja cuando se convierte en familia… pero no por tener «muchos hijos», sino por el simple hecho de cruzar esa frontera. Y, además, el impacto real no es el que los memes caricaturizados de internet son capaces de transmitir.
La escala triangular del amor
El estudio analizó a 3.187 personas casadas o comprometidas, de entre 18 y 99 años, en 25 países de Europa, Asia, África y América.
Todos completaron la Triangular Love Scale, desarrollada por el psicólogo Robert Sternberg, que mide el amor romántico en tres componentes: intimidad (sentir cercanía y confianza), pasión (atracción y deseo) y compromiso (decisión de seguir adelante juntos).
Los autores esperaban encontrar que el número de hijos se asociara positivamente con la pasión y el compromiso, y quizá negativamente con la intimidad: más hijos, más proyecto compartido, aunque con menos ratos a solas. Pero los datos contaron otra cosa.
Lo que cambia no es la familia numerosa, sino tener (o no) hijos
La conclusión central es clara: tener hijos –cualquiera que sea el número– se asocia con menores niveles de amor romántico global, de intimidad y de pasión, comparado con las parejas sin hijos.
En cambio, el compromiso cambia significativamente: aunque padres y parejas sin hijos mantienen niveles similares de decisión de seguir juntos (lo cual revela que la mentalidad divorcista pasa por encima del bienestar de los hijos), tenerlos sí puede hacer que los cónyuges busquen soluciones en momentos de crisis.
Con todo, la sorpresa llegó al mirar el detalle: el número de hijos no marca diferencias.
Es decir, desde el punto de vista estadístico, no hay una caída escalonada del amor con cada nuevo hijo. El «salto» se da al pasar de no tener hijos a ser padres; a partir de ahí, los niveles de intimidad y pasión no se deterioran de forma sistemática con cada bebé que llega.
De hecho, se da más bien al contrario: incrementar el número de hijos propicia aumentar también la complicidad de la pareja y la satisfacción con los momentos de intimidad conyugal.
En palabras de un análisis posterior de los autores del estudio, publicado en Psychology Today, «los padres se sienten menos cerca afectivamente y menos románticos que las parejas sin hijos, pero estos efectos no aumentan con el número de hijos».
Menos pasión… pero más compromiso
Otro dato relevante: aunque la intimidad (ratos de conversación, gestos de cercanía) y la pasión (deseo, espontaneidad) se resientan, la decisión de seguir juntos no se ve mermada. Los autores lo relacionan con otro trabajo previo, también en Human Nature, que describe el amor romántico como un «dispositivo de compromiso» que ayuda a sostener el vínculo de pareja a largo plazo, en todo tipo de culturas.
Es decir: la vida familiar complica el romanticismo clásico, pero no implica, por sí sola, menos lealtad ni menos voluntad de sacar adelante la relación. Los datos parecen apuntar a lo contrario, de hecho.
La base para reconstruir el deseo
Es importante subrayar que el estudio es transversal: compara parejas con y sin hijos en un momento dado, pero no las sigue a lo largo del tiempo, así que no puede decir qué es causa y qué es consecuencia.
Los propios autores advierten de que pueden influir otros factores: cultural nivel económico, salud, relaciones que ya eran frágiles antes de tener hijos…
Y concluyen destacando que, el hecho de que el compromiso se mantenga fuerte incluso en parejas con muchos hijos significa que, detrás del cansancio y la falta de tiempo, suele haber algo muy valioso: el deseo de seguir juntos.
Una decisión de los cónyuges sobre la que se puede reconstruir la intimidad, la ternura e incluso la pasión, aunque en la etapa de la paternidad suene más a cuidar los horarios, ahogar los bostezos y preparar cenas sencillas que a película romántica.