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Una mujer con un carrito de bebé

Una mujer con un carrito de bebéEuropa Press

«Yo sí quería un hijo, pero mi marido no»: 8 de cada 10 mujeres no tiene hijos por falta de apoyo de su pareja

Un estudio de la Universidad de Oxford muestra que la dificultad de los varones para comprometerse y formar una familia influye más que la vivienda, la economía o los problemas laborales

«La verdad es que yo sí que quería haber tenido otro, pero Javier ya no quería más, porque ya habíamos salido del hoyo de los pañales y todo eso, así que al final, entre una cosa y otra, Luca es hijo único». María, una gallega afincada en Madrid, saca la conversación casi como una disculpa y sin venir demasiado a cuento cuando ve a un conocido por la calle con su familia numerosa a la espalda.

Y sin saberlo, está poniendo rostro a las cifras que arroja un informe elaborado por la Universidad de Oxford sobre una de las causas que alejan de la maternidad a ocho de cada diez mujeres: la falta de apoyo de su pareja.

Aunque la narrativa más extendida suele poner sobre la mesa problemas tan lacerantes como la vivienda o la mala marcha de la economía, según este análisis, es la falta de proyecto vital y la ausencia de compromiso de quienes componen la pareja (sobre todo, de los hombres) lo que lleva a muchas mujeres a posponer tanto la maternidad que acaban por renunciar a ella o a «conformarse» con un solo hijo, dos como mucho, a pesar de que desearían tener más.

Vivienda y precariedad no explican todo

La crisis de natalidad en Europa es tan acuciante que los informes y análisis sobre sus causas se multiplican. Uno de los más recientes, presentado hace sólo unos días en España, es el Barómetro de la Familia de The Family Watch, que sitúa a la vivienda, la precariedad laboral y la falta de conciliación como principales frenos a la hora de tener hijos.

Según este barómetro, el 77 % de los españoles cree que hoy existen más dificultades para formar una familia, y casi 7 de cada 10 señalan el acceso a la vivienda como freno principal. Entre los menores de 30 años, esa preocupación por la casa sube por encima del 70 %.

También el Informe de Transición 2025-26 del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) encaja este diagnóstico español en una tendencia internacional: la caída de la natalidad está ligada al encarecimiento del coste de la vida, la falta de vivienda asequible y la llamada «penalización por maternidad», esa pérdida de ingresos y oportunidades laborales que sufren tantas mujeres al tener hijos.

Pero aun sumando hipotecas imposibles, alquileres disparados y horarios incompatibles con la vida familiar, sigue faltando una pieza para entender por qué tantos hombres y mujeres, que desean tener hijos, los retrasan… o renuncian a ellos.

Una espera demasiado larga

Esa pieza la aporta una investigación reciente de la Universidad de Oxford, dirigida por la antropóloga Paula Sheppard. A través de un experimento de elección discreta con hombres y mujeres en edad fértil en el Reino Unido, el estudio concluye que el apoyo de la pareja pesa más que el dinero o la vivienda a la hora de decidir tener un hijo.

Así, entre las mujeres analizadas (tanto aquellas con estudios universitarios como aquellas de menor formación), tener un compañero dispuesto a ser padre «implicado» –es decir, que haga alto tan elemental como compartir los cuidados de los hijos y las tareas domésticas– es el factor más valorado y decisivo para tener hijos.

Más que la vivienda, más que la inestabilidad económica o más que las trabas a la carrera laboral que sufren las mujeres cuando son madres.

En concreto, ellas son 3,75 veces más proclives a elegir escenarios con máximo apoyo de la pareja, que aquellos con bajo apoyo, incluso si eso implica renunciar a años de «tiempo fértil». Dicho de otro modo, según el estudio de Oxford, ocho de cada diez mujeres están dispuestas a sacrificar entre siete y diez años de su ventana reproductiva por esperar a que aparezca un compañero verdaderamente implicado (o a que su pareja se muestre como tal), frente a cinco años «entregados» a cambio de lograr una cierta estabilidad financiera.

Sin embargo, mientras el dinero puede llegar antes o después, el reloj biológico penaliza esa espera: muchas no pueden llegar a concebir, o no tienen más que un hijo.

Los datos de Oxford, focalizados en Reino Unido, encajan con el panorama descrito por el BERD: en muchos países europeos, las mujeres siguen deseando un mínimo de dos hijos, pero empiezan tan tarde que acaban teniendo menos de los que querrían... o ninguno en absoluto.

Sin varones comprometidos

En España, el barómetro de The Family Watch refleja que sólo un tercio de los jóvenes sitúa «formar una familia» entre sus prioridades a cinco años, por detrás de viajar, prosperar en el trabajo o ampliar los estudios.

El mensaje de fondo puede resultar incómodo: no basta con políticas de vivienda y ayudas (aunque tampoco haya); si en la relación no hay compromiso del varón, reparto real de cuidados y un proyecto de vida compartido, muchas mujeres simplemente no se atreven a dar el paso.

La propia Sheppard resume así la lección de su estudio: «No existe una política única que funcione para todos, porque diferentes personas tienen necesidades distintas. Ahora bien, el factor esencial es la implicación de la pareja y las redes de apoyo, ya procedan de la familia o de los amigos».

La investigadora de Oxford apunta que si la maternidad se retrasa –o se renuncia a ella– no sólo por la hipoteca o la nómina, sino porque falta un varón que abrace el compromiso (que tiene en el matrimonio su máximo exponente), y esté dispuesto a arremangarse de verdad en el día a día, el debate sobre natalidad no puede reducirse a números: obliga a mirar de frente la calidad de las relaciones de pareja y el tipo de masculinidad (y feminidad) que la sociedad está promoviendo.

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