Casi cuatro de cada diez personas que viven en Madrid dicen no mantener relaciones con su familia
Vivir en una ciudad aumenta la soledad: el 40 % dice que mantiene «nula o muy poca» relación con su familia
Un análisis de Foro NESI, con datos del último Informe Foessa, revela que la vida urbana debilita las relaciones de familia, y también las de amistad y vecindario; y aumenta la discriminación
Algo ya se olía Paco Martínez Soria con aquel icónico resoplido de La ciudad no es para mí, que fue verdadero taquillazo en 1966 y que concluía con una emotiva jota aragonesa que ensalzaba la humanidad de los pueblos frente a la despersonalización de las grandes urbes.
Sesenta años después, los datos demuestran que aquella intuición era más que cierta. Según un informe elaborado por el Foro NESI, con datos del Informe Foessa, la vida en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona debilita las relaciones familiares, pero también los vínculos con las amistades y con los vecinos, al tiempo que incrementa la crispación social.
«Las grandes ciudades concentran oportunidades, pero también dificultan algo tan básico como construir un hogar», explica Diego Isabel La Moneda –director y cofundador de Foro NESI–, en alusión al cóctel de alquileres altos, cambios de vivienda y falta de tiempo que empujan a una «vida provisional».
«Nula relación con la familia»
Según el informe, en ciudades como Barcelona y Madrid, casi cuatro de cada diez personas (38 %) afirman que sus relaciones familiares son «nulas o poco frecuentes», frente a los municipios más pequeños, donde esa desconexión familiar se reduce al 26 %.
En concreto, en la ciudad, un 3 % asegura que sus relaciones familiares son nulas, un 18 %, poco frecuentes y el 17 %, muy poco frecuentes. En pequeños municipios, esa situación baja al 26 %.
Sin amigos ni vecinos
Con las amistades ocurre algo parecido. En las grandes ciudades, el 21 % se relaciona «muy poco» con sus amigos, más del doble que en ciudades pequeñas (11 %) y pequeños municipios (9 %). Aunque el porcentaje general de personas que declara «no tener amistades» es reducido, (3 %) en Madrid, y Barcelona sube al 7 %.
La soledad y el aislamiento se extienden al entorno inmediato de la vivienda: el 23 % de la población en grandes urbes no mantiene «ninguna relación» con sus vecinos, frente a un residual 4 % en el medio rural, y un 7 % en ciudades pequeñas. Además, solo el 53 % de la población en Madrid y Barcelona mantiene relaciones vecinales frecuentes, frente al 87 % en el medio rural.
«Se ha normalizado la escasa interacción entre vecinos», advierte Diego Isabel La Moneda. Y, aunque el vínculo vecinal pese menos emocionalmente que familia o amigos, la pérdida de convivencia cotidiana es un síntoma de descohesión urbana.
Más discriminación en las grandes urbes
El análisis también rompe otro tópico: el de que las ciudades permiten una vida de mayor libertad o de menor imposición y coacción social.
Así, en Madrid y Barcelona, el 33 % afirma haberse sentido «discriminado alguna vez», frente al 17 % en pequeños municipios. En particular, el 18 % dice haber sufrido discriminación por origen étnico o racial y un 9 % por razón de sexo.
El análisis territorial, elaborado con datos de la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales de la Fundación Foessa en 2024, con una muestra de más de 12.000 hogares en toda España, compara desde Madrid y Barcelona hasta municipios rurales de menos de 10.000 habitantes.
Y la conclusión es clara: cuanto más grande es el núcleo urbano, más frágiles se vuelven los lazos humanos, empezando por la familia.
Al apuntar este desequilibrio en los vínculos familiares y humanos, el informe cuestiona que la gran ciudad garantice por sí sola bienestar y progreso.
Y plantea que un mayor equilibrio territorial –con descentralización económica y laboral– ayudaría a frenar las migraciones internas y facilitaría proyectos de vida más estables, con mejores relaciones humanas.