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Merece la penaPaloma Fernández de Mesa

¿Demasiados proyectos de inicio de curso? La recomendación de una madre de cinco hijos contra la dispersión

El arranque del curso escolar suele conllevar, tanto en adultos como en niños, iniciativas, buenos propósitos, proyectos y un aluvión de novedades que exigen priorizar el tiempo, como explica Paloma Fernández de Mesa, madre de familia numerosa.

El equilibrio entre lo que se quiere hacer y el tiempo que tenemos para hacerlo exige centrar el tiro, recuerda Paloma Fernández de Mesa

El equilibrio entre lo que se quiere hacer y el tiempo para hacerlo exige centrar el tiro, recuerda Fernández de Mesa

Septiembre siempre me ha parecido más principio de año que enero. Vuelvo de vacaciones con ganas de recuperar la rutina, organizarme y hacer una lista de propósitos. Algunos cambian. Otros llevan varios septiembres apareciendo, señal de que no debo de estar poniéndoles demasiado empeño. Creo que a muchas personas, y en muchas familias, les pasa también lo mismo.

Este año hay uno distinto: centrar el tiro.

Soy una persona curiosa. Igual demasiado. Cuando algo me interesa, quiero saber más. Me atraen especialmente las cosas nuevas. Quiero entender cómo funcionan, aprender y probar. Y si mientras estoy en ello aparece algo nuevo que me interesa, me cuesta dejarlo pasar.

Esa curiosidad me ha llevado por sitios poco previsibles y me ha dado oportunidades que nunca habría podido imaginar.

Últimamente, cuando alguien me pregunta a qué me dedico, me cuesta responder. No es que no tenga respuesta. Es que tengo varias.

Trabajo en cosas relacionadas entre sí, me gustan y sigo aprendiendo con ellas.

Y cada puerta abierta reclama un poco de tiempo. El tiempo no da para todo.

Cada puerta abierta reclama un poco de tiempo. Y el tiempo no da para todo.

He aprendido a comunicar en redes, a escribir, a editar una foto o un vídeo y a relacionarme con todo tipo de gente. Otras cosas las he aprendido en trabajos que, en principio, poco tenían que ver con lo que hago ahora.

Y como no sabía realmente qué quería hacer con todo aquello, casi cualquier cosa que me interesara me parecía una buena opción.

Cuando además te apasiona lo que haces, poner límites tampoco es fácil. Cuando se me ocurre una idea necesito escribirla cuanto antes. La apunto, escribo un poquito más y, cuando me doy cuenta, llevo mucho más tiempo del que debería.

No tengo la sensación de trabajar demasiado. Tengo la sensación de no terminar nunca.

Este verano la escritura me está ayudando bastante a ordenar la cabeza. Una idea puede parecerme clarísima hasta que intento ponerla en palabras. Entonces descubro que no la había pensado tanto. Tengo que detenerme, quitar lo que sobra y encontrar el hilo que no quiero perder.

Hasta este artículo se me estaba yendo de las manos. Empecé queriendo escribir sobre la dispersión y no dejaban de aparecer temas que también quería incluir.

No me faltaban ideas. Me sobraban.

Al final he tenido que hacer con el artículo lo mismo que estoy intentando hacer con mi trabajo: parar y preguntarme qué es lo importante. No todo tiene que servir para algo. Hay cosas que quiero hacer solo por el placer de hacerlas. Pero con el trabajo necesitaba centrarme.

Este verano, tomando un café con mi cuñado Enrique, hablamos de todo esto. Y me hizo ver algo que yo no estaba viendo. No necesitaba seguir aprendiendo más cosas. Necesitaba saber qué hacer con todo lo que ya sabía. Cosas que te enseñan las conversaciones en familia.

Y ahí creo que empecé a centrar el tiro.

Y yo que pensaba que necesitaba organizarme mejor para evitar mi terrible dispersión. Resulta que lo que necesitaba era una dirección.

Una oportunidad puede ser estupenda y no ser para ahora. Una idea puede quedarse apuntada para otro momento. Y algo puede gustarme, incluso puedo hacerlo bien, sin que eso signifique que tenga que hacerlo.

No hace falta perder el tiempo para perder el foco. Y ese es un aprendizaje que quiero transmitir a mis hijos.

Tampoco quiero dejar de ser curiosa. Me gusta interesarme por cosas nuevas, aprender y seguir dejando alguna puerta abierta.

Solo necesito dejar de pensar que tengo que atravesarlas todas.

Durante mucho tiempo he pensado en todo lo que todavía podía hacer. Ahora me interesa más saber qué quiero hacer con todo lo que ya sé.

* Paloma Fernández de Mesa es madre de cinco hijos y creadora de contenido en Instagram.

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