El Príncipe Alberto de Mónaco
Un periodista francés descubre el secreto mejor guardado de Alberto de Mónaco
El cronista de la realeza europea Stéphane Bern aporta detalles sobre las escapadas de desconexión del Príncipe al norte de Francia
Páginas y páginas se han escrito sobre Roc Agel, el palacio de verano de los Grimaldi ubicado en la ciudad de Peille, en la Costa Azul y con vistas al Principado. Construido en 1957 por el Príncipe Raniero III, este es uno de los refugios a los que se traslada la Princesa Charlene, cuando trata de desaparecer y huir de su tormentoso matrimonio con Alberto de Mónaco.
Pero no solo Charlene tiene a su alcance un palacio en el que aislarse y olvidarse de sus recurrentes problemas. Existe otra propiedad de los Grimaldi que nunca sale en prensa, donde se refugia Alberto de Mónaco. Se trata del castillo de Marchais, situado en la zona de Aisne, al norte de Francia, y que pertenece a la familia desde el siglo XIX.
El periodista francés especializado en realeza europea Stéphane Bern abrió las puertas de este castillo en el programa Secrets d'Histoire del canal France 3. «Se trata del hogar más secreto de los Grimaldi. Ninguna cámara ha filmado el castillo», afirma el historiador de 58 años. Por lo tanto, «es a la vez un inmenso privilegio y una oportunidad única la que nos otorga la familia principesca al permitir que los equipos de Secrets d'Histoire accedan a él».
La princesa Antoinette de Merode, madre de Alberto I, adquirió este inmueble en 1864. «Viniendo de la aristocracia belga, está más cerca de su tierra natal. Ya que estamos aquí a solo unos sesenta kilómetros de la frontera con Bélgica», relata Stéphane Bern.
Castillo Marchais
Aquí es donde Alberto de Mónaco «guarda los mejores recuerdos de su infancia», por lo que quiere mantener intacto esos momentos y revivirlos en soledad. En alguna rara ocasión el Príncipe se ha trasladado allí con Charlene y sus dos hijos, pero principalmente es la vía de escape donde se recluye para estar solo. «Cuando está allí, tiene tranquilidad. El soberano viene aquí a descansar un poco y poder relajarse y moverse libremente».
Si el Château de Marchais se ha mantenido bajo un halo de misterio y secretismo ha sido gracias al Príncipe Rainiero, quien colocó dispositivos para protegerse de las cámaras de los paparazzi. «El Príncipe Rainiero se vio obligado a cerrar todo cuando los paparazzi comenzaron a fotografiar a sus dos hijas. Estaban por todas partes, encaramados en las ramas de los árboles para sacarles mejor la foto. Una verdadera lacra», declara Jacques Pestel, un vecino de este pueblo, con una población de 430 habitantes. Antes de que perteneciera a los Grimaldi, la finca de 1.500 hectáreas estaba abierta a los aldeanos que venían a jugar a los bolos en verano, en el callejón del castillo.
El Príncipe monegasco suele deshacer las maletas en Marchais durante uno o dos fines de semana de verano, además de en septiembre o febrero, que son buenas épocas para la caza. «El Príncipe Alberto no es un verdadero cazador. Ama demasiado la naturaleza. Cuando tiene al animal en la punta de su arma, tiene problemas para disparar», añade Pestel. ¿Ha tenido oportunidad de conocerle? «Habla con todos. A veces va al bar en Liesse. Pero intentamos que sienta una paz real. El soberano viene aquí para estar un poco tranquilo, poder relajarse y moverse libremente».