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Carlos Puigdemont continúa sin pisar España

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El refugio francés de Carles Puigdemont

Un paraíso repleto de charme donde el Mediterráneo se une con los Pirineos

La campaña electoral del pasado 12M hizo que el prófugo Carles Puigdemont dejase su habitual residencia en Waterloo (Bélgica) para instalarse en un paraíso al sur de Francia. El catalán deseaba estar cerca de su tierra sin cruzar la frontera y la comarca del Vallespir fue el escenario rural de su exilio en unos comicios donde consiguió alzarse como segunda fuerza política después del PSC, con Salvador Illa a la cabeza.

El político emergía como uno de los protagonistas de la contienda electoral tras seis años y medio fuera de España por un fallido proceso independentista en 2017 tras el que se enfrenta a cargos de desobediencia y malversación. De hecho, la justicia calificó de ilegal aquel proceso, del que ahora podría beneficiarse al haberse aprobado la Ley de Amnistía.

Hasta entonces, Puigdemont parece decidido a vivir el charme francés de Argèles-sur-Mer. Hasta allí se trasladó a finales de abril para llevar a cabo mitines soberanistas con simpatizantes que no dudaban en viajar desde España para escucharle. Un auténtico milagro que no le llevó, en cambio, a proclamarse de nuevo president de Cataluña. Hasta que se sepa si puede o no volver a esa Tierra prometida que pretendía independizar, Puigdemont parece disfrutar de las bondades de esta pequeña localidad francesa a 25 kilómetros de Perpiñán.

A priori, el nombre del pueblo debería sonar en el imaginario español porque fue escenario de un campo de concentración. Al acabar la Guerra civil española, la represión franquista obligó a miles de republicanos a huir del país, siendo una de las principales vías de escape Francia.

Más de 500.000 exiliados que ansiaban la libertad terminaron recluidos, motivo por el cual este pueblo costero del siglo IX trabaja para que la memoria no lo olvide. En 2014 culminaron el Mémorial du Camp d'Argelès-sur-Mer (Museo Memorial del Exilio) que recoge las penurias y vivencias de las personas que pasaron por el campo y sus descendientes directos.

Castillo de Valmy

Castillo de Valmy

Desde entonces, ha recibido más de 12.000 visitantes anuales, aunque eso no lo convierte en el lugar más visitado de la localidad. Este mérito lo comparten a partes iguales dos puntos de referencia de la zona. El primero, el castillo de Valmy, una fortaleza de finales del siglo XIX a cuyo interior no se puede acceder por ser privado, pero que merece la pena visitar por conocer sus impresionantes jardines y sus espectaculares vistas de la zona.

En segundo lugar, la iglesia de Prats de Notre-Dame-dels-Prat, que data del siglo XIV. Su imponente torre-campanario se puede reconocer desde lejos y está dedicada a la Virgen, que lleva el nombre de nostra Senyora dels Prats (Notre-Dame-des-Prés).

iglesia de Prats de Notre-Dame-dels

Iglesia de Notre-Dame-dels-Prat

Más allá de las visitas turísticas de un casco histórico que rezuma encanto francés y ambiente acogedor en sus calles empedradas repletas de tiendas locales y restaurantes, Argelès-sur-Mer destaca por no crear en sus visitantes la necesidad de elegir entre mar y montaña. Los Pirineos se codean tiernamente con el Mediterráneo y eso se nota en la propia vida del pueblo, las efusiones de su puerto, su patrimonio, cultura y gastronomía.

Todo ello da testimonio de su brillantez, como también lo hacen sus fincas vitivinícolas, su playa de 7 kilómetros de aguas cristalinas y arena dorada que da paso, poco a poco, a un bosque de pinos de 12 hectáreas que rodea la localidad. Gracias a ello, es fácil disfrutar de su senderismo costero, rutas en bicicleta entre viñedos así como de deportes acuáticos como surf, paddle surf, buceo y vela. ¿Habrá practicado ya alguno el independentista?

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