Fundado en 1910
Castillo de Espejo

Es a mediados del siglo XIX cuando pasa a ser propiedad de la Casa Osuna

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El espectacular castillo de Espejo, el legado de la duquesa de Osuna en la campiña cordobesa

Se asienta sobre las ruinas de la antigua Ucubi, ciudad leal a Julio César en plena guerra contra Pompeyo

La familia De Solís-Beaumont y Téllez-Girón vive uno de sus momentos más duros tras haber sufrido la pérdida de la duquesa de Osuna. Fallecida a los 76 años la madrugada del martes, llevaba un tiempo haciendo frente a su paulatino deterioro de salud, lo que le había hecho residir en un centro asistencial de la capital.

Con su fallecimiento desaparece la máxima representante de una de las casas nobiliarias más importantes de la historia de España. Ángela de Solís-Beaumont heredó el ducado de Osuna en 2015 tras la muerte de su madre, Ángela María Téllez-Girón y Duque de Estrada. Se convirtió, así, en la matriarca de una estirpe cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, cuando Felipe II concedió el título a uno de sus antepasados, Pedro Téllez-Girón.

El principal objetivo de toda la familia ha sido conservar su vasto patrimonio. Al fin y al cabo, ha sido una de las sagas que más posesiones han acumulado a lo largo de los años. Los distintos matrimonios de los descendientes con distintas élites de la aristocracia les ha permitido disfrutar de, por ejemplo, el castillo de Arcos, los palacios de Gandía, Aranjuez, Marchena, Montalbán o el castillo de Beauring en Bélgica.

Entre las grandes aportaciones que la familia hizo a la vida cultural, histórica y artística se encuentra también el Parque de El Capricho. María Josefa Alonso Pimentel, XII condesa-duquesa de Benavente y IX duquesa consorte de Osuna fue su artífice y creó recorridos naturales diseñados a propósito para fusionar belleza, grandeza y conceptos como la fiesta, el amor o el juego. El Abejero, el embarcadero, el fortín o el casino de Baile son algunas de las construcciones más destacadas que se pueden encontrar en él. En ellos la duquesa se reunía con lo más granado de la sociedad española como Moratín, Iriarte o Francisco de Goya.

A medida que fueron pasando los años, el patrimonio fue cambiando, aunque, a día de hoy, consiguen conservar varias de estas propiedades. La más destacada es la del castillo de Espejo. También conocido como La Atalaya de Pay Arias, es una fortificación del siglo XIII ubicada en la cima del municipio cordobés del mismo nombre.

Castillo espejo

La propiedad posee unas vistas panorámicas a la campiña cordobesa

Se asienta sobre las ruinas de la antigua Ucubi, ciudad leal a Julio César en plena guerra contra Pompeyo. Fue Pay Arias de Castro quien lo reconstruyó. Era el alcaide de los Reales Alcázares de Córdoba y Portero Mayor de Andalucía y recibió el encargo de organizar una villa, por su cercanía a la frontera con el Reino nazarí de Granada. Su posición en la cota más alta de la campiña lo convirtió en un lugar codiciado por reyes cristianos y califas cordobeses hasta que el Rey Fernando IV de Castilla lo reconoció como señorío y después le procuró nombre a la población.

Es a mediados del siglo XIX cuando pasa a ser propiedad de la Casa Osuna. De hecho, en 1867, Ángela María Fernández de Córdoba contrajo matrimonio en él con Francisco de Borja Téllez-Girón, XVI duque de Escalona. A día de hoy es un ejemplo perfecto de castillo señorial adaptado a la defensa del territorio y el control visual.

Castillo Espejo

Una de los pasillos de la propiedadCastillo ducal de Espejo

Nada más verlo llama la atención la torre del Homenaje, la estructura principal que domina visualmente toda la campiña. Bajo una planta cuadrangular amurallada casi perfecta está defendida por otras cuatro torres en las esquinas. En su interior un Patio de armas que oculta zonas como un aljibe romano y medieval, que garantizaba la supervivencia durante los asedios prolongados. Ya en la propiedad, las estancias han sido adaptadas al uso residencial del ducado de Osuna.

La propiedad no está exenta de leyendas y curiosidades. Por un lado, hay estudios históricos que certifican que Robert Capa capturó en sus inmediaciones su mítica imagen Muerte de un siciliano en 1936. Por otro, corre el rumor de que cada noche de San Juan aparece una joven morisca La encantada buscando su amor perdido.

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