23 de mayo de 2022

Relieve del Arco de Tito en el que se representan los tesoros expoliados por los romanos a los judíos, entre ellos la menorá, tras el Sitio de Jerusalén del año 70 d. C

Relieve del Arco de Tito en el que se representan los tesoros expoliados tras el Sitio de Jerusalén del año 70 d. C

Picotazos de historia

La revuelta provocada por una flatulencia

Uno de los soldados de guardia con un gesto de burla a los fieles provocó una estampida que a su vez produjo miles de muertos y dio lugar a enfrentamientos por parte de pequeños grupos de fanáticos

Es el año 44 d. C., la provincia romana de Judea, a la muerte del rey Agripa II, volvió a pasar al control absoluto de los romanos, quienes la gobernaban por medio de procuradores, con sede en la ciudad de Cesarea.
En el año 48 d. C. el procurador Tiberio Julio Alejandro fue sustituido en el cargo. Su gobierno había sido pacífico a pesar de ser miembro de una familia judía que había apostatado de su religión al acceder a la ciudadanía romana, algo que no se perdonaba ahí. Su sustituto era Ventidio Cumano, de quien no se tiene noticia hasta el año 52. Ese año la ciudad de Jerusalén recibió una mayor cantidad de visitantes que querían festejar la Pascua.
El peregrinar a la ciudad santa para participar en alguna de sus fiestas no era nada extraño y, Ventidio Cumano, que a la sazón se encontraba en Jerusalén, se ciñó al procedimiento seguido por su predecesor: repartir pequeñas unidades en sitios estratégicos para prevenir la formación de tumultos.
Cumano se alojaba en la fortaleza Antonina –fortificación romana llamada así en honor a Marco Antonio y que se encontraba en las proximidades del Templo– por lo que pudo escuchar como un vocerío se alzaba, cada vez más intenso, desde los alrededores del Templo de Jerusalén. A medida que pasaba el tiempo las noticias que le llegaban eran cada vez más alarmantes: muchedumbre enfurecida, grupos de soldados atacados con piedras y palos...
Alarmado, dio orden de que la guarnición de la fortaleza se reforzará con tropas de un campamento cercano a la ciudad. Cuando estas entraron en Jerusalén, la gran masa de gente, que se congregaba alrededor del Templo, entró en pánico. Todos huyeron de lo que –pensaban– era una muerte inminente. La estampida fue un desastre que produjo miles de muertos, que, a su vez, dio lugar a enfrentamientos por parte de pequeños grupos de fanáticos. Flavio Josefo da una cifra de 30.000 muertos, lo que es exagerado.
El motivo de todo: uno de los soldados de guardia, frente a la explanada del Templo, se burló de la multitud de fieles. Se giró, expuso sus posaderas y despidió un sonoro cuesco. Miles de muertos por un pedo.
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