13 de agosto de 2022

Un campamento militar británico en la batalla de Balaclava, 1855

Un campamento militar británico en la batalla de Balaclava, 1855

Picotazos de historia

El puerto de Balaclava y su peculiar aroma

La base del Ejército británico en Crimea desprendía un olor putrefacto que nos hace comprender por qué las bajas del Ejército aliado por enfermedad fueron más de diez veces que las producidas en combate

Frances (Fanny) Isabella Duberly, esposa del oficial pagador del 8º de Reales Húsares Irlandeses, acompañó a su marido durante toda la campaña de la guerra de Crimea y nos dejó unas divertidas e interesantes impresiones en un diario que escribió a lo largo de esos meses.
La descripción que nos dejó del estado del puerto y población de Balaclava, base del Ejército británico en Crimea, pone los pelos de punta y nos hace comprender por qué las bajas del Ejército aliado (británicos, turcos, franceses y súbditos del reino de Cerdeña) por enfermedad fueron más de diez veces que las producidas en combate.
–«Tomar una aldea de casas y chozas ruinosas y mugrientas, deje que la lluvia se filtre en su interior, hasta que todo el lugar se convierta en una ciénaga de porquería hasta la altura de las rodillas; consígase un promedio de 1.000 turcos azotados por la peste, y apíñelos en las casas de manera indiscriminadas, mate alrededor de 100 al día y entiérrelos superficialmente como para que estén apenas cubiertos de tierra, permítales que se pudran tranquilamente, y tenga la precaución de mantener constante el suministro diario. En una parte de la playa amontone a todos los caballos exhaustos, los bueyes agonizantes y camellos a punto de derrumbarse y déjelos que se mueran de hambre, tardarán aproximadamente tres días. Rápidamente empezaran a pudrirse, oliendo de manera acorde. Recoja del agua del puerto las vísceras de los animales sacrificados para alimentar a los ocupantes de más de 100 barcos –vísceras y desechos que, junto algún cadáver humano, flotan abundantes en el agua– y póngalos a estofar en un puerto angosto, y así tendrá una imitación aceptable de la verdadera esencia de Balaclava».
¡Y la que nos montan en casa si una humilde cucaracha osa asomar las antenas!
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