16 de agosto de 2022

Representación del asedio de Antioquía durante la primera cruzada en una miniatura medieval (Jean Colombe)

Representación del asedio de Antioquía durante la primera cruzada en una miniatura medieval (Jean Colombe)

Picotazos de historia

Así fue la Primera Cruzada Báltica

Tras la caída de uno de los cuatro estados cristianos en Outremer, la noticia causó preocupación y llevó al Papa Eugenio III a publicar la bula Quantum Praedecessores, por la que convocaba la que se llamaría Segunda Cruzada

Genéricamente se han denominado como Wendos a los pueblos célticos germanizados que habitaban entre los ríos Oder y Elba y al norte de Bohemia. Los más importantes fueron: la confederación Abrodita, los Sorbios y los Veleti.
El 24 de diciembre de 1144 d. C. el condado de Edessa, uno de los cuatro estados cristianos en Outremer (junto con el reino de Jerusalén, el principado de Antioquía y el condado de Trípoli), cayó en poder de Zengi, ataberg de Mosul y Alepo. En Europa la noticia causó preocupación y llevó al Papa Eugenio III a publicar la bula Quantum Praedecessores por la que convocaba la que se llamaría Segunda Cruzada. La bula tuvo un éxito relativo, y eso que contó con un difusor y defensor de primera categoría como fue san Bernardo de Claraval.
En la península ibérica respondieron, muy respetuosamente, que para pegarse con musulmanes, en casa ya estaban bien servidos, lo que tuvo que reconocer el Papa, que concedió todas las ventajas espirituales sin necesidad de ir a Tierra Santa. En Centroeuropa, durante la Dieta Imperial de Frankfurt se planteó a san Bernardo que en el norte lindaban con paganos con los que estaban en continuo conflicto y que deberían concederles los mismo privilegios por combatir contra ellos, como se había hecho con los reinos ibéricos. El Papa Eugenio III atendió su petición y por medio de la bula Divina Dispensatione se convocó lo que se llamaría la cruzada wenda o Primera Cruzada Báltica.
Por el lado cristiano formaron el conde de Holstein, el obispo de Halberstadt, el duque de Sajonia y los margraves de Meissen y Brandenburgo. Los dos pretendientes a la corona danesa –Canuto V y Sven II– dejaron de matarse entre ellos para combatir a un tercero. Los obispos de Munster, Bremen, Brandemburgo, etc. Al mando de todos ellos el Papa nombró al legado pontificio Anselmo de Havelberg, quien ideó un ataque en pinza: un ejército al norte, formado por los daneses y las tropas del arzobispado de Bremen y las del duque de Sajonia, avanzarían para tomar el lugar fortificado de Dobin. Los demás, bajo el mando del obispo Anselmo avanzarían por el sur hacía la ciudad de Demmin.
Niklot, príncipe y caudillo de los Abroditas, respondió con presteza y astucia. Dividió sus fuerzas en tres grupos: el primero había reforzado y protegía la ciudad de Dobin, el segundo defendía Demmin y hostigaba las lineas de comunicación y suministro del los sajones y, el tercer grupo, se formó con los barcos de la isla de Rugen. La flota de Rugen atacó y derrotó a la danesa en la bahía de Wismar, en la costa de Mecklenburgo.
En Dobin, una zona con terreno pantanoso junto a un lago, las tropas danesas se dejaron atrapar en una salida de los wendos, en una zona que impidió recibir ayuda a tiempo de los sajones. Los contendientes daneses, muy baqueteados, decidieron que era más sano y rentable volver a casa y seguir peleándose entre ellos por el trono. Enrique de Sajonia y el arzobispo de Bremen se encontraron muy justos de fuerzas. Es en ese momento que los wendos de Dobin hicieron una oferta que llenó al arzobispo de alegría y al duque de furia: ¡nos bautizamos! Una vez que la población era cristiana no tenía motivo continuar con el ataque. El ejercito sajón del norte se disolvió.
Cuanto al ejército del sur, contaba con siete obispos y un arzobispo con tropas propias, amén del legado imperial. Llenos de celo misionero avanzaron y destruyeron un templo pagano en Malchow. Pero entre sus dirigentes había dos grandes señores que ansiaban adquirir botín y nuevas tierras: los margraves de Meissen y Brandenburgo, Conrado el Grande y Alberto el Oso. De alguna manera, estos dos, convencieron al resto de los comandantes en desviarse del objetivo original y atacar la ciudad pomerana de Stettin. Cuando las tropas cruzadas llegaron hasta las murallas de la ciudad su sorpresa y vergüenza fue tremenda. Frente a ellos estaban el duque Ratibor I de Pomerania, que se había declarado vasallo del Sacro Romano Germánico Imperio, y el obispo de Stettin.
No tenía objeto continuar y el ejercito del sur fue disuelto dando fin a la primera cruzada báltica. El resultado final no pudo ser más descorazonador. Niklot, y su propia estupidez y codicia, les habían derrotado. El príncipe abrodita seguía manteniendo sus territorios a cambio de unos bautizos, más o menos, políticamente oportunos.
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