25 de septiembre de 2022

La Memoria Democrática, a debateCésar Alcalá

De nuevo la desmemoria democrática

Seccionando así la historia nos quieren vender que solo hay una parte de buenos y otra de malos. Y en una guerra, y más siendo civil, no hay buenos ni malos, solo hermanos que se matan por unos ideales que muchas veces nunca entendieron

La nueva Ley de Memoria Democrática en realidad debería añadirse el prefijo «des», porque no busca la memoria, sino que nos olvidemos de una parte importante de lo sucedido en España. Y digo importante porque toda historia, democrática y no democrática, es importante, pues forma parte de lo que somos hoy en día.
Existe una obsesión, desde hace mucho tiempo, de ilegalizar el franquismo. ¿Por qué? Al ilegalizarlo también se anulan las condenas que se realizaron durante aquel periodo. Esto significa que, desde su aprobación, ya no existen condenas. Nadie fue condenado y todos han quedado exonerados. Esto tiene dos visiones de profunda gravedad. Me explicaré.
Por una parte, muchos de aquellos condenados ya no están con vida. Si alguno de ellos fue fusilado como consecuencia del juicio, ¿cómo lo explicaremos históricamente si se han anulado las condenas? En el momento que las futuras generaciones investiguen, ¿encontraran papeles? ¿habrá un agujero histórico? Es muy difícil escribir o investigar sobre nuestra historia si se secciona una parte importante de ella. Y si es memoria histórica, ¿por qué no se habla de las personas que fueron condenadas durante la II República por el bando republicano? Parece como si aquellas víctimas no existieran y eran tan españoles como los otros. Seccionando así la historia nos quieren vender que solo hay una parte de buenos y otra de malos. Y en una guerra, y más siendo civil, no hay buenos ni malos, solo hermanos que se matan por unos ideales que muchas veces nunca entendieron.
También es seccionar la realidad considerar el gallego, al euskera y al catalán como víctimas y a sus habitantes. Un idioma no puede ser nunca una víctima, porque es algo intangible. Y dentro de este victimismo nos podemos incluir muchas personas. Viví el franquismo y, por lo tanto, soy víctima porque no pude hacer uso del catalán. Esto, si me perdonan, es una tontería. Nadie me prohibió hablarlo y por la calle se hablaba con total normalidad catalán. Podía estar «prohibido» en los centros oficiales, pero a nivel cotidiano no. Incluso, no hay que olvidarlo, se editaban libros, revistas y cómics en catalán. ¿Dónde está el victimismo?
La lengua es una cosa viva. Depende de las personas que se hable más o menos. Antes de victimizar a un idioma o a las personas que, supuestamente tenían que hablarlo, tal vez debemos saber o plantearnos por qué no se hablaba más. Se han contado muchas mentiras alrededor de esto y, lo de esta ley, es una más.
Lo mismo podemos decir de extender el franquismo hasta el año 1983. Teniendo en cuanta que Bildu está entre los que votaron la ley, no nos ha de extrañar. Quieren maquillar que ETA, en 1983, seguía matando y continuaría matando. Lo que pasa es que en aquel periodo salió el GAL. Y ahí está la clave. ETA se defendía del GAL. Esta manera de maquillar la historia es ruin. En España hubo más de 800 muertos asesinados por ETA. El GAL fue lo que fue, pero ETA ya funcionaba desde la década de los sesenta del pasado siglo. Maquillan a ETA y el PSOE deja que vilipendien al primer gobierno de Felipe González.
Los títulos concedidos por Franco y el Valle de los Caídos es la guinda de esta ley. La ley de Sucesión de 1947 le daba la potestad a Franco para concederlos. La pregunta es si a alguien le importa que estén habilitados 33 títulos nobiliarios. Con respecto al Valle de los Caídos, no deja de ser otra pata de esta persecución. En el Valle seguirán enterrados caídos, y eso no lo podrán cambiar.
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