24 de septiembre de 2022

<i>L'Inhumation précipitée</i> (Entierro prematuro) (1854), óleo sobre lienzo de Antoine Wiertz

L'Inhumation précipitée (Entierro prematuro) (1854), óleo sobre lienzo de Antoine Wiertz

Picotazos de historia

La momia de Manchester o cuidado con lo que pides

La tapefobia es el temor de ser enterrado vivo. Según un informe del doctor J.C Ouseley, 2.700 fueron sepultados tras caer en coma y despertaron enterrados

El temor de ser enterrado vivo ha perseguido al ser humano a lo largo de la historia, este temor –denominado tapefobia– pareció sufrir un aumento a lo largo de los siglos XVIII y XIX, al documentarse casos de catalepsia o coma que despertaron poco antes del sepelio. El doctor J.C Ouseley, en un escrito sobre el tema datado en 1895 daba la cifra de 2.700 casos al año en el Reino Unido, por su parte Jan Bondeson (2001) lo reduce a 800.
Hanna Beswick (1688 – 1758) de Birchin Bower, en Hollinwood, Lancashire, sufría de esta obsesión desde que presenció como su hermano estuvo a punto de ser enterrado vivo. El médico de la familia, Charles White, se percató de un temblor en el parpado del finado e impidió la inhumación. Profundamente impresionada, Hanna, dispuso en su testamento que «su cuerpo debía ser mantenido insepulto y que, periódicamente, se comprobara si mostraba señales de vida». Disponía una cantidad para tal fin y señalaba al doctor White, el que salvó a su hermano, para llevarlo a cabo. White, tras la muerte de Hanna Beswick procedió a embalsamar el cadáver –algo que no se había mencionado en absoluto– que quedó depositado en la casa familiar de los Beswick.
Parece que la familia pronto descubrió que, si agradable es heredar de un familiar, no es lo mismo tener su cadáver de huésped indefinido y, al poco tiempo lo encontraron en la casa del doctor White –metido dentro de la caja de un viejo reloj de pared– como pieza de su colección de curiosidades científicas. Pronto se convirtió en una de las celebridades locales –la momia, no el médico– y tenemos constancia de que el escritor Thomas de Quincey, autor de El asesinato considerado como una de las bellas artes, estuvo en casa del doctor.
Charles White falleció en 1813 y, poco tiempo después, tenemos a la señora Beswick incluida en el gabinete de curiosidades del doctor Ollier, en la misma localidad. El segundo médico falleció en 1828 donando su gabinete al Museo de Ciencias Naturales de Manchester. A la señora Beswick la pusieron en el hall de entrada, junto a una momia egipcia y otra peruana, y se permitió a los familiares de la finada acceso libre para visitarla siempre que quisieran. En 1867 el museo pasó a ser propiedad de la Universidad de Manchester, quien decidió que ya era hora de enterrar a la señora. Al ser necesario un certificado médico de defunción para su entierro, algo que no se hizo en su momento, hacía más de 110 años, se tuvo que solicitar autorización al propio Secretario de Estado del gobierno, quien la concedió inmediatamente. Lo más increíble es, que durante todo ese tiempo, nadie había planteado que la pobre señora Beswick en ningún momento había pedido que la embalsamaran y la tuvieran como espectáculo.
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