25 de septiembre de 2022

El Emperador Guillermo II y el Zar Fernando I, en Sofía, en 1916

El Emperador Guillermo II y el Zar Fernando I, en Sofía, en 1916

El 'rifirrafe' entre el Emperador Guillermo II y Fernando I de Bulgaria

Fernando I de Bulgaria tenía dos puntos débiles: la comida, por lo que era bastante regordete, y la vanidad

Ferdinand Maximilian Karl Maria de Sajonia Coburgo y Gotha (1861-1948) fue el segundo monarca del llamado Tercer Estado de Bulgaria, reinando con el nombre de Fernando I de Bulgaria. En 1908 tomó la denominación de «Zar», que tradicionalmente se traducía como Emperador, con significado de Rey, algo que le puso muy contento ya que le equiparaba a otras importantes casas reales europeas. Y es que Fernando I de Bulgaria tenía dos puntos débiles: la comida, por lo que era bastante regordete, y la vanidad.
En diciembre de 1909 Fernando I estaba de viaje en Alemania compartiendo obligaciones de estado con el placer. El Emperador Guillermo II dio una cena en su honor, en el palacio nuevo de Postdam, y aquí hay que apuntar que Guillermo II –el primo Willy, como le conocían entre los nietos de la Emperatriz Victoria del Reino Unido– dejó fama de metepatas debido a un comportamiento impulsivo e irreflexivo. Súmenle un orgullo terrible, condicionado por el complejo de su brazo izquierdo atrofiado y tenemos al primo Willy. Antes de de la cena, Fernando I estaba hablando con otros invitados, junto a los grandes ventanales que daban a la fachada. Algo debió captar la atención del Zar de Bulgaria ya que se inclinó hacía la ventana para ver mejor. En ese momento sintió una gran cachetada en su orondo trasero, propinada por una impertinente mano. Furibundo, se volvió para encontrarse cara a cara con el insolente, que era el propio Emperador Guillermo II. La sonrisa que adornaba la cara del Emperador se disolvió al ver el efecto, muy contrario a lo que él había calculado, en la mirada asesina de su invitado. Durante unos segundos sostuvieron las miradas, uno exigía una disculpa inmediata a la afrenta a su dignidad, el otro juzgó tal cosa por debajo de su categoría. Fernando I de Bulgaria abandonó inmediatamente la cena en su honor y dio por cancelado el viaje, volviendo a su país esa misma noche. La empresa Krupp perdió así un importante encargo, motivo oficial del viaje, que Bulgaria firmaría con una empresa francesa poco después.
Los nueve soberanos en Windsor para el funeral del rey Eduardo VII

Los nueve soberanos en Windsor para el funeral del rey Eduardo VII

Las tensas relaciones entre los dos monarcas se mantuvieron durante años. Al año siguiente, durante los funerales del Eduardo VII del Reino Unido, Fernando I se volvió a encontrar ensobeado por el Emperador Guillermo II. Mientras el Zar conversaba con el presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, se acercó el monarca alemán a ambos. Pasó su brazo derecho sobre los hombros del presidente norteamericano y con la más encantadora de sus sonrisas –mientras lanzaba al monarca de Bulgaria una mirada cargada de malicia– le dijo: «Roosevelt, mi querido amigo, quisiera presentarte al Rey de España. Esa sí que es una persona con la que merece la pena hablar».
Fernando I abdicó, en octubre de 1918, a favor de su hijo Boris III, partiendo al exilio y falleciendo en Coburgo en 1948
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