06 de febrero de 2023

El suceso se produjo durante un acto carlista frente al Santuario de Begoña

El suceso se produjo durante un acto carlista frente al Santuario de Begoña

Los sucesos de Begoña de 1942: Franco aprovechó el incidente para cesar a Serrano Suñer

A falta de posibilidades para organizar una contramanifestación, varios falangistas optaron por la provocación. Finalizada la misa, al salir el ministro sonó el estallido de una bomba, a muy pocos metros de su figura, que provocó varias decenas de heridos

El 22 de junio de 1941 los ejércitos alemanes invadieron la Unión Soviética. En aquella atmosfera enfebrecida, el régimen franquista supo aprovechar el momento organizando el envío de voluntarios al frente ruso, como gesto para apaciguar las tensas relaciones con Berlín, disgustado por la negativa española a entrar en guerra contra Gran Bretaña. Siguiendo órdenes del delegado nacional Manuel Fal Conde, los cuadros de la Comunión Tradicionalista trataron de neutralizar las iniciativas que, con etiqueta carlista, apoyaron públicamente a Alemania y el enrolamiento. La más grave fue la firmada por Daniel Mugurza, Ignacio Vélaz, Antonio de Lizarza y otros diez destacados carlistas, donde defendieron un acercamiento al régimen franquista y el abandono de órganos muertos como la regencia. Intentaron conseguir infructuosamente la firma de Baleztena y Miguel Ángel Astiz, jefes carlistas en Navarra. Fal Conde les apercibió personalmente y exigió que comunicaran a los requetés navarros que su actitud les había colocado fuera de la disciplina de la causa. Su iniciativa fue contestada por otro documento, impulsado por el capellán de un tercio, Macario San Miguel, rechazando tomar partido por uno de los dos bandos en guerra, reiterando su fidelidad al regente y a su delegado nacional. Este manifiesto fue firmado por 46 capellanes y 35 requetés navarros.
Esa misma línea neutralista, contraria a identificarse con cualquier bando, afirmando el españolismo de la Comunión, fue apoyada por Fal Conde en carta abierta firmada el 13 de julio de 1941. «Podrá cada carlista opinar lo que quiera e inclinar su juicio a favor de Alemania o Inglaterra. Los dirigentes, en cambio, han de estar especialmente atentos a la obligación de no comprometer a la Comunión en tal materia». No obstante, deslizó la posibilidad de aceptar –en ningún caso de apoyar– el envío de voluntarios a luchar contra la Unión Soviética, si se hiciera sin matices políticos, pero ello implicaba no denominarla «División Azul» sino «División Española de Voluntarios». Se trató de mermar el contenido falangista de la contribución militar al Eje, lo que molestó a los camisas azules. Aunque no existió una entrada masiva de requetés en la fuerza expedicionaria, resulta evidente que hubo un grupo que se alistó y hubo militares, como el ministro del Ejército, general Varela, que siempre llamaron a esas fuerzas «División Española de Voluntarios», como los carlistas, para gran disgusto de los seguidores de José Antonio.

El cenit de la tensión entre carlistas y falangistas

Pese a todo, la tensión entre carlistas y falangistas continuó y llegó en 1942 a máximos. En Oviedo, en un encuentro entre camisas asturianos con el director general de Seguridad se les animó a actuar contra ellos; en febrero circularon octavillas en las universidades animando a una nueva cruzada por el Rey y la fe; los choques entre estudiantes de estas dos tendencias obligaron al cierre de la universidad de Santiago de Compostela y la dimisión de su rector; los choques con heridos se sucedieron durante meses en Burgos, Tolosa, Pamplona, Barcelona y otras ciudades; en Sevilla carlistas y falangistas intentaron incendiar varias de sus sedes; el monárquico general Kindelán asistió a la concentración carlista de 10 de marzo en el cementerio de Montcada y Reixac en memoria de fusilados durante la Guerra Civil, por lo que fue cesado al día siguiente. Durante el desfile de la Victoria de ese año, Franco no pronunció ningún discurso y a ciertas unidades de falangistas se les prohibió marchar en el mismo mientras, en cambio, lo hacía el batallón del ministerio del Ejército, creado por el general Varela.
El 8 de abril, el ministro del Ejército –decidido neutralista y tradicionalista– despachó con Franco, trasmitiéndole abiertamente sus críticas hacia el partido único y hacia los falangistas. Pareció la expresión del descontento de los carlistas incorporados al Movimiento y de muchos militares que consideraban una discriminación su situación respeto a los nuevos funcionarios. Resulta probable que algunos jerarcas falangistas conocieran esas críticas de Varela y sus propuestas de que redujera su aparente hegemonía y abusos.

Gritos contra Franco y la Falange

El 15 de agosto de 1942, los carlistas celebraron una de sus más importantes fiestas, la Virgen de Agosto en su advocación de la Virgen de Begoña. Acudieron a la basílica bilbaína de ese nombre, siendo la misa solemne en sufragio de los requetés caídos en el frente durante la Guerra Civil, de ahí que el ministro Varela decidiera asistir. A falta de posibilidades para organizar una contramanifestación, varios falangistas optaron por la provocación. Finalizada la misa, al salir el ministro sonó el estallido de una bomba, a muy pocos metros de su figura, que provocó varias decenas de heridos. La policía detuvo a los falangistas, que compararon la actitud de los carlistas con los republicanos y los nacionalistas vascos, y declararon que se vieron obligados a actuar debido a sospechas políticas, revanchas y a sus gritos contra Franco y la Falange. Los testigos negaron posteriormente que se produjeran esas exclamaciones.
Basílica de Nuestra Señora de Begoña, frente a la cual se produjo el atentado de Begoña

Basílica de Nuestra Señora de Begoña, frente a la cual se produjo el atentado de Begoña

Tras el atentado, se formaron grupos armados para vengar a los cerca de 72 heridos pero la intervención de Varela impidió esa escala de violencia. Circularon muchos rumores sobre la participación de elementos alemanes en el atentado por la posición neutralista y antifascista de la Comunión, pues Serrano Suñer y la embajada germana intercedieron a favor de los falangistas detenidos por esa acción. Varela tuvo una tensa conversación telefónica con Franco el 24 de agosto: en su opinión habían sido los altos mandos de la Falange los inspiradores del atentado contra él . Tras una segunda entrevista con el caudillo, el 3 de septiembre cesó de su cargo de ministro. Franco aprovechó el incidente de Begoña para cesar a su propio cuñado Ramón Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores, a Valentín Galarza Morante, ministro de Gobernación, y al jefe de las milicias falangistas José Luna Meléndez. Y así, pese al cese de Varela, la balanza gubernamental a favor de la neutralidad ante la Segunda Guerra Mundial permaneció segura.
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