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Primera carta de Cristóbal Colón anunciando el descubrimiento

Primera carta de Cristóbal Colón anunciando el descubrimiento

El primer best seller global: la carta de Colón que anunció el descubrimiento de América

En pocos meses se imprimieron varias ediciones en Roma, y poco después aparecieron nuevas versiones en ciudades como París o Amberes. Esta rápida difusión convirtió la Epistola en uno de los primeros grandes éxitos internacionales de la imprenta

«Señores, mi fe no era un sueño», dice la tradición que afirmó Cristóbal Colón tras ser recibido por los Reyes Católicos en Barcelona el 21 de abril de 1493. Para aquel entonces, la carta en la que anunciaba el descubrimiento de lo que él creía ser la India estaba ganando bastante fama, llegando a convertirse en un auténtico best seller de la época: en 1493 se imprimieron numerosas ediciones en distintas ciudades europeas —se habla de hasta once— para difundir el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Este importante y original documento de Cristóbal Colón «es realmente el informe oficial de su primer viaje al Nuevo Mundo», según indicó el historiador Ernesto Ruiz y González de Linares en un artículo publicado en 1984 en el Boletín de la Institución Fernán González.

Dirigida a Luis de Santángel, escribano de ración y tesorero de la Corona de Aragón, amigo personal de Colón y figura vinculada a la financiación de la empresa, la carta fue escrita entre los días 10 y 15 de febrero de 1493 a bordo de La Niña, durante el viaje de regreso de las Indias. Colón añadiría una posdata el 4 de marzo, cerca de Lisboa.

Carta de Colón

Carta de ColónEmbajada de España en Estados Unidos

Además de la versión castellana dirigida a Santángel, una versión latina —conocida como Epistola de insulis nuper inventis— fue la que aseguró la amplia proyección europea del acontecimiento y consolidó la imagen del viaje colombino como empresa providencial y de enorme trascendencia para la cristiandad. Redactada en latín, la lengua internacional de la cultura y la diplomacia, permitió que la noticia trascendiera rápidamente el ámbito hispánico y circulara por los principales centros intelectuales y editoriales del continente.

En pocos meses se imprimieron varias ediciones en Roma, y poco después aparecieron nuevas versiones en ciudades como París o Amberes. Esta rápida difusión convirtió la Epistola en uno de los primeros grandes éxitos internacionales de la imprenta y en el instrumento decisivo para que el descubrimiento alcanzara resonancia continental.

«Cristóbal Colón quiso dejar concretos ciertos hechos, tales como: la evidencia del descubrimiento, la fertilidad y riqueza de las islas, la abundancia de oro, la dulzura y cobardía de los indios y la facilidad de someterlos y convertirlos», recoge el artículo de Ruiz y González de Linares titulado Importante carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos anunciando el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Colón recibido por los Reyes Católicos en Barcelona a la vuelta de su primer viaje. Obra de Francisco García Ibáñez

Colón recibido por los Reyes Católicos en Barcelona a la vuelta de su primer viaje. Obra de Francisco García Ibáñez

Reproducimos algunos fragmentos de la versión castellana tradicional de la carta dirigida a Luis de Santángel (1493), según la tradición impresa conservada en los primeros testimonios de la época:

Señor, porque sé que habréis placer de la grand victoria que Nuestro Señor me ha dado en mi viage, vos escribo ésta, por la cual sabréis cómo en treinta e tres días pasé a las Indias con la armada que los Ilustrísimos Rey e Reina nuestros señores me dieron, donde yo fallé muy muchas islas pobladas con gente sin número, e dellas todas he tomado posesión por Sus Altezas con pregón e bandera real extendida, e non me fue contradicho. A la primera que yo fallé puse nombre San Salvador, a conmemoración de Su Alta Magestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado; los indios la llaman Guanahaní. A la segunda puse nombre la isla de Santa María de Concepción; a la tercera Fernandina; a la cuarta la Isabela; a la quinta la isla Juana, e así a cada una nombre nuevo.

[...]

La Española es maravilla; las sierras e las montañas e las vegas e las campiñas, e las tierras tan fermosas e gruesas para plantar e sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas e lugares. Los puertos de la mar aquí non habría creencia sin vista, e de los ríos muchos e grandes e buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los árboles e frutos e yerbas hay grandes diferencias de aquellos de la Juana; en ésta hay muchas especierías e grandes minas de oro e de otros metales.

[...]

La gente desta isla e de todas las otras que he fallado e habido noticia andan todos desnudos, hombres e mugeres, así como sus madres los paren; aunque algunas mugeres se cobijan un solo lugar con una foja de yerba o una cosa de algodón que para ello fazen. Ellos non tienen fierro ni acero ni armas, ni son para ello; non porque non sea gente bien dispuesta e de fermosa estatura, salvo que son muy temerosos a maravilla. Non tienen otras armas salvo las armas de las cañas cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo, e non osan usar aquellas; que muchas veces acaesció enviar a tierra dos o tres hombres a alguna villa para haber fabla, e salir a dellos sin número, e después que los veían llegar huían a non aguardar padre a fijo; e esto non porque ninguno se lo haya fecho mal, antes a todo cabo adonde yo haya estado e podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así paño como otras cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin remedio. Verdad es que, después que se aseguran e pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño e tan liberales de lo que tienen, que non lo creería sino el que los viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen que non; antes convidan la persona con ello e muestran tanto amor que darían los corazones; e quier sea cosa de valor, quier sea de poco precio, luego por cualquiera cosica, de cualquiera manera que sea que se les dé, por ello son contentos.

[...]

En conclusión, a fablar desto solamente que se ha fecho este viage que fue así de corrida, pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hobieren menester, con muy poquita ayuda que Sus Altezas me darán; agora especiería e algodón cuanto Sus Altezas mandaren cargar, e almástiga cuanto mandaren cargar, e de la cual fasta hoy non se ha fallado salvo en Grecia e en la isla de Xío, e el Señorío la vende como quiere; e lignáloe cuanto mandaren cargar, e esclavos cuantos mandaren cargar, e serán de los idólatras; e creo haber fallado ruibarbo e canela, e otras mil cosas de sustancia fallaré, que habrán fallado la gente que allá dejo; porque non me he detenido en ningún cabo, en cuanto el viento me haya dado lugar de navegar; solamente en la villa de Navidad, en cuanto dejé asegurado e bien asentado. E a la verdad, mucho más fiziera si los navíos me sirvieran como razón demandaba.

[...]

Así que pues Nuestro Redentor dio esta victoria a nuestros Ilustrísimos Rey e Reina e a sus reinos famosos de tan alta cosa, adonde toda la cristiandad debe tomar alegría e facer grandes fiestas e dar gracias solemnes a la Santa Trinidad con muchas oraciones solemnes por el tanto ensalzamiento que habrán, entornándose tantos pueblos a nuestra Santa Fe, e después por los bienes temporales que non solamente a la España, mas a todos los cristianos ternán aquí refugio e ganancia.
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