Benigno Aquino
Hace cuarenta años, el asesinato de Benigno Aquino supuso el principio del fin de la satrapía de los Marcos
Sigue sin conocerse la identidad del autor de los disparos que acabaron con la vida del principal opositor filipino, marido de presidenta y padre de presidente
El periplo de Benigno «Ninoy» Aquino de vuelta a Filipinas empezó el 13 de agosto de 1983. Era sábado. Después de escuchar misa, acudió al aeropuerto internacional de Boston, desde donde voló a Los Ángeles para pronunciar un discurso ante una representación de opositores filipinos. Las siguientes etapas eran, Japón, Hong Kong, Singapur, Malasia. Por este orden.
En Kuala Lumpur se reunió con el primer ministro Mahathir bin Mohamed –que acaba de cumplir 98 años– y con otras personalidades. De Malasia viajó a Singapur y del microestado a Hong Kong. Desde la que aún era colonia británica voló a Taipei, capital de Taiwan. Era la última parada antes de volver a Filipinas. «Ninoy», principal opositor al régimen dictatorial de Ferdinand Marcos era consciente de que, una vez pisara suelo patrio, su vida corría peligro. En cualquier momento, lo que no imaginaba es que fuera a ser inmediato.
Foto sin fechar del Presidente Ferdinand Marcos reunido con Aquino
El 21 de agosto de 1983, Ninoy subió al avión y utilizó un pasaporte a nombre de Marcial Bonifacio. Marcial era una referencia a la Ley Marcial, cuya implementación en 1972 sirvió a Marcos para encaminarse a la dictadura. Bonifacio era el nombre del fuerte militar en el que «Ninoy» estuvo detenido antes de partir hacia el exilio.
Era el vuelo 811 de China Airlines. En el aeropuerto de Manila, esperaban a «Ninoy» su madre Aurora Aquino y 20.00 seguidores. El avión aterrizó en la puerta número 8 según el horario previsto. A las 13.14 horas, Ninoy se levantó de su asiento, el 14C. Daba los últimos pasos de su vida. Menos de un minuto más tarde, sin haber terminado de bajar la escalerilla, fue abatido a tiros procedentes de un M-16. Se había oído «Pusila, pusila», que, en tagalo, idioma de tantas reminiscencias españolas, significa «dispara». Las palabras habían sido pronunciadas por unos soldados de Aviación destinados en el aeropuerto.
Camisa ensangrentada y ropa que llevaba Aquino durante su asesinato expuestas en el Centro y Museo Aquino de Tarlac en julio de 2008
«Ninoy» murió al instante. También uno de sus asesinos, de nombre Rolando Galman. La Policía y otras fuerzas del orden recuperaron 26 casquillos del M16, un casquillo vacío de calibre 45 y cinco balas sin usar. Unas horas más tarde, un alto cargo del régimen, el general Próspero Olivas, declaró a los medios que Galman era el autor de los disparos. Nadie le creyó. «Ninoy» era un opositor lo suficientemente importante como para que su magnicidio fuese la única responsabilidad de un sicario.
Al día siguiente, Marcos en un ejercicio de cinismo, instituyó una comisión de investigación presidida por una magistrada de prestigio e integrada por un abogado, un empresario, un líder sindical y un pedagogo. Tras más de un año de trabajo, sus integrantes se mostraron incapaces de llegar a una conclusión común.
Cuarenta años después del asesinato, sigue sin aclararse su autoría
La presidenta de la comisión, Corazón Agrava, atribuyó el asesinato a una conspiración militar, pero eximió de cualquier responsabilidad al jefe de las Fuerzas Armadas, el general Fabián Ver. Una opinión muy distinta a la de sus compañeros: éstos no solo implicaron a Ver, sino que extendieron la responsabilidad a Olivas y al coronel al mando de las tropas destacadas en el aeropuerto. Además, estaban convencidos de que no fue Galman quien disparó al político. Cuarenta años después del asesinato, sigue sin aclararse su autoría.
Mas la sangre de Aquino no fue derramada en vano: en los días siguientes, miles de personas, que habían perdido el miedo a la dictadura, acudieron a su velatorio, que había quedado instalado en su domicilio. El 31 de agosto, día de las exequias, una marea humana se apoderó del centro de Manila. El cortejo lo encabezaba su viuda, Corazón Cojuangco, posteriormente conocida como Cory Aquino. La dignidad exhibida aquel día significó el inicio de un carisma que la llevaría a la presidencia de Filipinas en menos de tres años.