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General Ulysses S. Grant

General Ulysses S. Grant

Picotazos de historia

La desconocida expulsión de judíos en EE.UU. durante la Guerra de Secesión

En 1862, el general Ulysses S. Grant firmó la Orden General n.º 11, que provocó la expulsión forzosa de cientos de judíos en Tennessee

Año de 1862. El general de división de la Unión, Ulysses S. Grant, está llevando a cabo una agresiva campaña con el objetivo de tomar la ciudad fortificada de Vicksburg (Misisipi), lo que le daría el control de esta importantísima vía fluvial. Mientras Grant organizaba los planes militares, el ejército nordista iba recibiendo cada vez más esclavos evadidos de los territorios de la Confederación. Incapaz de manejarlos y buscando dar salida a un problema de forma que no fuera onerosa para un Gobierno que estaba lidiando con una guerra civil, Grant creó un campo de trabajo en Grand Junction (Tennessee).

En este —y en otros futuros que se basarían en Grand Junction como modelo—, los negros huidos de la esclavitud podrían trabajar en los campos, en especial en el codiciado algodón. El ejército les proveería de herramientas, aperos, animales de tiro y carga, ropas y alimentos para empezar a trabajar. Los beneficios que se consiguieran serían repartidos entre los esclavos huidos que trabajaran en el campo, en función de su esfuerzo y aplicación.

Campo de trabajo en Grand Junction, Tennessee

Campo de trabajo en Grand Junction, Tennessee

Como les mencioné antes, el algodón se había convertido en un producto codiciado por la industria. Los comerciantes, intermediarios y contratistas no dudaban en correr el riesgo de atravesar las líneas del frente para llegar a los estados sudistas y poder acceder a los grandes depósitos de algodón retenidos por el bloqueo de los nordistas.

El Departamento del Tesoro de la Unión, frente a la escasez, incluso se planteó restablecer el comercio con la Confederación, pues juzgaba la actuación de estos especuladores y contrabandistas más perjudicial que otra cosa. Entretanto, el Tesoro emitía autorizaciones a comerciantes para viajar a zonas militarizadas y de guerra, especialmente aquellas que estaban bajo la jurisdicción del general Grant.

Estas autorizaciones les permitían acceder a estas zonas bajo control nordista, pero de ninguna manera les autorizaban o permitían cruzar la línea del frente y negociar la compra de algodón.

Tradicionalmente, el comercio de sedas, telas y trapos, tanto en España como en la mayoría de los países de Europa y en el continente americano, ha sido una especialidad y seña de identidad de personas de origen o tradición judía. El número de individuos de este origen en este sector comercial en concreto siempre ha sido muy elevado. La peletería es otro sector tradicionalmente gestionado por los judíos.

Aquí tenemos ejemplos como el padre de santa Teresa de Jesús (Alonso Sánchez de Cepeda, hijo de converso y penitenciado por la Inquisición en Toledo). Pero volvamos a la guerra civil norteamericana.

Como les comentaba, la incapacidad de acceder a los grandes depósitos sudistas, el control militar de la zona y la producción de los centros de trabajo, todo ello hizo que floreciera la corrupción entre los oficiales del ejército, quienes se veían diariamente tentados por los comerciantes que se les acercaban. Esta situación creaba muchos problemas y molestaba profundamente al comandante en jefe.

El asunto se volvió personal cuando se presentó en su cuartel general, en Oxford (Misisipi), su padre, Jesse Grant, acompañado por los hermanos Mack. Ulysses Grant siempre se había llevado regular con su padre, pero este estuvo muy conciliador y agradable hasta que se aclaró el motivo de la visita. Resulta que los hermanos Mack eran contratistas que buscaban algodón para la fabricación de uniformes para el ejército y habían ofrecido el 25 % de los beneficios al padre del general Grant si este les concedía acceso a la producción de los centros de trabajo en el área controlada por él.

Al día siguiente, el general Grant puso a su padre y a los astutos hermanos en el primer tren, con prohibición de volver a poner un pie en territorio bajo su mando. Esta sería la gota que colmó el vaso y que daría lugar a la famosa Orden General n.º 11, que ese mismo día emitió su cuartel general.

La orden establecía:

a) Los judíos, como clase, quedaban expulsados del departamento de Tennessee y de los territorios bajo el control del 13.º Cuerpo de Ejército bajo su mando.

b) Todos los jefes de puesto tendrían 24 horas para expulsar a estos individuos. En caso de que volvieran o porfiaran en hacerlo, serían tratados como prisioneros de guerra.

c) No se darían permisos para viajar al cuartel general con idea de solicitar autorizaciones para el comercio.

Una caricatura de Bernhard Gillam que muestra a Grant cortejando a los votantes judíos en 1882 llorando "lágrimas de cocodrilo" por la persecución de los judíos en Rusia

Una caricatura de Bernhard Gillam que muestra a Grant cortejando a los votantes judíos en 1882

La orden se emitió el 17 de diciembre de 1862. Como les mencioné antes, Grant estaba muy molesto por las actividades de estos comerciantes y contratistas y por su falta de escrúpulos con tal de adquirir lo que querían. Pero que la mayoría de estos —o prácticamente la totalidad— fueran judíos y que quisiera que dejaran de molestarle era una cosa, y que el resto de las personas con ese origen racial y religión fueran deportadas forzosamente era otra muy diferente. Este fue un caso de redacción ambigua de un documento, o mala redacción, que tuvo consecuencias insospechadas. La historia está llena de casos parecidos (asesinato de Eduardo II, batalla de Balaclava, etc.).

Los oficiales del 13.º Cuerpo de Ejército habían recibido una orden directa e inmediatamente se pusieron manos a la obra. En las veinticuatro horas prescritas se llevó a cabo un progromo que hubieran envidiado las SS de Adolf Hitler. Alguna zona vio impedida esta labor por acciones militares de los sudistas, pero cuando se tranquilizó el frente, se puso en marcha la operación. Todos los afectados tuvieron que empaquetar a toda prisa lo que pudieran transportar y abandonar sus casas y propiedades, siendo trasladados hasta el otro lado de la frontera del estado.

Como se pueden imaginar, se montó la mundial. Los políticos empezaron a recibir todo tipo de quejas por lo sucedido. Los congresistas pedían la cabeza de Grant y echaban chispas. Muchos eran conscientes de que había sido un error de redacción, pero eso no impedía llevar a cabo una buena actuación frente a sus pares en el Congreso. Hubo mucho aullar y rasgado de vestiduras.

El presidente Lincoln se extrañó muchísimo cuando le llegó la noticia de la orden y sus consecuencias. Conocía a Grant y protegía su labor, ya que necesitaba victorias, y Grant combatía y ganaba batallas. Justo lo que más necesitaba Lincoln. El día 3 de enero de 1863, el presidente de los Estados Unidos de América ordenó que se revocara la polémica 11.ª Orden General, pero se negó a que el general fuera reprobado y, mucho menos, que le retiraran el mando.

Ulysses S. Grant revocó la orden el 17 de enero de 1863. Este documento —la Orden General n.º 11— sería utilizado profusamente por los adversarios políticos de Grant durante las elecciones presidenciales de 1868. A la larga, no perjudicaría su carrera política y todo quedó como un error de redacción. Para todos, excepto para las aproximadamente 1.600 personas que sacaron a patadas de sus casas y a quienes pusieron, de la noche a la mañana, en mitad del campo más allá de la frontera del estado. Claro que pudieron volver, pero no todos encontraron las cosas como estaban, y muchos perdieron sus negocios y propiedades, ocupados o saqueados durante su ausencia.

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