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Naves de Colón grabado 1895

Naves de Colón grabado 1895Roberto Adrian Sanchez / iStok

Por qué la Niña y la Pinta regresaron por separado tras el descubrimiento de América

¿Por qué volvieron solo dos de los tres barcos? ¿Por qué perdieron el contacto con la 'Pinta' antes de iniciar el camino de regreso? ¿Dónde se recibió primero la noticia y cómo se recibió la misma? Vamos a intentar responder a todas estas preguntas

El 16 de enero de 1493, tras haber realizado una de las expediciones más arriesgadas y trascendentales de la historia y haber descubierto, aun sin saberlo entonces, un nuevo continente, Colón inicia el tornaviaje. ¿Por qué volvieron solo dos de los tres barcos? ¿Por qué perdieron el contacto con la Pinta antes de iniciar el camino de regreso? ¿Por qué las dos carabelas llegaron por separado? ¿Dónde se recibió primero la noticia y cómo se recibió la misma? Vamos a intentar responder a todas estas preguntas.

El día 21 de noviembre, los tres navíos de la flotilla española costean el nordeste de Cuba con un agradable y constante viento de popa. Como de costumbre, la Pinta iba en cabeza, pero ese día, y para sorpresa del almirante, Martín Alonso Pinzón se separa de la flota para navegar hacia la isla 'Baneque', como la denominaban los taínos, isla que posteriormente Colón bautizará como La Española.

Esa «escapada» del capitán de la Pinta motivó una ruptura en la buena relación que ambos habían mantenido hasta entonces. No están del todo claras las razones. Posiblemente, la avaricia. Uno de los indios embarcados en la Pinta le habría dicho que Baneque tenía mucho oro. Por otro lado, la Pinta era, con diferencia, el navío más rápido de la flota, lo que motivaba que tuviese que navegar a medio paño para no adelantarse más de la cuenta, algo que exasperaba a Martín Alonso, según relata Avelino Sierra. Según el diario de Colón, esa separación se produjo «sin obediencia y voluntad del almirante», aunque Martín señaló, en su descargo, que había enviado una canoa con sus intenciones a la Santa María.

En principio, puede resultar incomprensible esa iniciativa, pero hay que tener en cuenta que, pese a que el almirante tenía el mando, en gran medida el liderazgo de la expedición recaía en el mayor de los hermanos Pinzón, quien había aportado de su patrimonio medio millón de maravedíes (la tercera parte de los gastos de la expedición), había decidido cuáles eran los mejores barcos para la empresa y, junto a sus hermanos, consiguió también la mejor tripulación posible.

Él fue el que paró los intentos de motín y el que convenció al almirante para que modificase el rumbo hacia el sur, siguiendo una bandada de aves, lo que propició la llegada a las Bahamas. (De lo contrario, hubiesen necesitado muchos más días de navegación, con lo cual o hubiesen desistido o hubiesen llegado a la actual costa este de Estados Unidos, donde, en general, los indios —según lo demostraron posteriores expediciones— eran muchísimo más agresivos).

El 5 de diciembre, la Niña y la Santa María dejan Cuba y navegan hacia La Española, en donde consiguen pepitas del tan ansiado oro. Así llegan a la Nochebuena de 1492, celebrándola con una buena fiesta. Quizás por haber tomado más vino de la cuenta, el timonel se fue a dormir dejando el mando a un inexperto grumete. La nao encalló en un arrecife y, pese a los intentos, fue imposible reflotarla. Con la madera construyeron el denominado fuerte de Navidad, el primer asentamiento europeo en el Caribe (en la costa norte de la actual Haití), en donde Colón dejaría a 39 hombres a cargo de Diego de Arana. Cuando regresó en su segundo viaje, el fuerte había sido destruido y los 39 habían muerto.

Tras la construcción del fuerte, Colón está listo para emprender el viaje de vuelta, pero se resiste a hacerlo sin la otra carabela, que sigue desaparecida. Empieza a temer que haya embarrancado o que la tripulación haya sido atacada por alguna tribu belicosa. Sin embargo, el 6 de enero, los Reyes Magos le traen el mejor regalo posible: las velas de la Pinta se hacen visibles en el horizonte, tras 45 días «perdida» y, por cierto, con un buen cargamento de oro.

Tras la bronca entre ambos capitanes, Colón manda hacer acopio de víveres, agua y leña. El día 16, en una bahía a la que habían llamado Puerto de Flechas y tras subir a bordo a algunos indios que decían conocer bien las islas del entorno, las dos carabelas inician el viaje de regreso.

La idea inicial de Colón era hacer parada en las islas Carib y Matinito, según las llamaban los arahuacos, pero las condiciones de las naves —filtrando más agua de la debida y la Pinta con el palo de mesana en mal estado— aconsejaron la vía más directa posible. Al principio, pese a los constantes trabajos de achique, la navegación fue tranquila, contando con vientos de oeste a favor.

Sin embargo, a partir del 12 de febrero el tiempo cambia. Se hace más frío y comienzan las tormentas. La madrugada del 14, el temporal está a punto de echar a ambas carabelas a pique. El almirante lo reflejará en su diario, señalando que las «espantosas olas» separan los dos barcos. Ya no se volverán a encontrar en el resto del tornaviaje. Colón arriba a las Azores, en donde permanecerá durante ocho días para lastrar el navío, reabastecerse y esperar por la Pinta.

Tras la escala, y sin noticias de Martín, siguió su marcha hacia la península ibérica. No obstante, los temporales no aflojan y las condiciones de la travesía seguían siendo difíciles para los dos capitanes, ahora navegando por separado.

La Pinta, la Niña y la Santa María navegando en 1492

La Pinta, la Niña y la Santa María navegando en 1492

En la Pinta, que continuó sin escalas, la situación se volvió terrible. Martín empeoró de la enfermedad que había contraído en las islas, posiblemente una sífilis. Los víveres se habían prácticamente acabado y los tripulantes se deslomaban achicando agua y luchando con tormentas que no daban tregua, hasta que, finalmente, divisan tierra.

El 1 de marzo de 1493, y contando con la pericia del piloto pontevedrés Cristóbal García Sarmiento, gran conocedor de la costa de las Rías Bajas, la Pinta consigue atracar en el puerto de Bayona: el primer enclave europeo que tendrá conocimiento del descubrimiento de un nuevo mundo. Avelino Sierra, basándose en Gerónimo Zurita, piensa que las primeras noticias del descubrimiento que reciben Fernando e Isabel provienen de la carta que Martín les envía desde Bayona.

Por su parte, Colón llega a Lisboa el 4 de marzo. La llegada a tierras lusas y el que hubiese mantenido una audiencia con el rey Juan II han sido, tradicionalmente, causa de controversia. Sin entrar en teorías conspiratorias, la mayoría de los autores piensan que, debido a las fortísimas tormentas invernales, no tuvo otra opción que arribar al primer puerto seguro que divisase. González Quintana apunta a que su deseo habría sido llegar a Sevilla. Sin embargo, su destino final fue el puerto de Palos. La misma autora conjetura que la gran mayoría de los palermos de la tripulación, cansados de tantas penurias, habría presionado al almirante para llegar a casa cuanto antes.

Tras las reparaciones de la Pinta en Bayona y la escala lisboeta de la Niña, finalmente, el 15 de marzo, con pocas horas de diferencia, las dos carabelas llegan al puerto de Palos. Sin embargo, el destino de los dos capitanes será muy diferente. Martín Alonso, ya muy enfermo, fallecerá a finales de ese mismo mes y será enterrado en La Rábida. Colón es convocado en audiencia a Barcelona (la corte de los Reyes Católicos era itinerante), a donde llegará con algunos indios, con aves exóticas, algo de oro y otros productos y mercancías desconocidas.

La noticia corre como la pólvora por todas las tierras castellano-aragonesas primero y europeas poco después. El almirante, de misteriosa cuna, monopolizará el éxito del descubrimiento. Sin ser del todo consciente, él y sus hombres acababan de cambiar la historia del planeta.

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