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San Valentín de Roma realizando una ceremonia matrimonial a escondidas del emperador Claudio II, lo que al final le costaría la vida

San Valentín de Roma realizando una ceremonia matrimonial a escondidas del emperador Claudio II, lo que al final le costaría la vida

Picotazos de historia

Qué hay de cierto en la leyenda del santo que casaba a soldados en secreto y dio origen al 14 de febrero

A principios del siglo XX la festividad de san Valentín, junto con la costumbre de entrega de tarjetas con motivo romántico, ya está completamente mercantilizada

La leyenda nos cuenta que durante el reinado del emperador Marco Aurelio Flavio, conocido en la historia como Claudio II el Gótico, prohibió a sus soldados el matrimonio mientras estuvieran encuadrados en sus legiones. Esto sucedió en el año 270 d. C. y fue debido a que el emperador pensaba que las obligaciones y cargas familiares distraían al legionario de las labores propias de su oficio.

El reinado de Claudio II el Gótico fue breve, apenas dos años, pero su desaparición –y sobre esto hay numerosa documentación que lo prueba– fue unánimemente lamentada. Todos los autores que nos han dejado testimonio se refieren a Claudio II con los términos más elogiosos pero también más sinceros.

Pues bien, da igual lo que nos digan estos testimonios. Según la leyenda Claudio II era malo, malísimo. Y además se oponía a la felicidad de los enamorados. Y en esto surge un sacerdote que se opondrá a los edictos imperiales al respecto (que nunca existieron) y que facilitará y ayudará a las parejas, mientras les predica y las convierte.

Este sacerdote será capturado mientras desafía las órdenes del emperador (in fraganti delicto). Confesará y reconocerá su culpa, por lo que sufrirá el martirio a las afueras de la ciudad de Roma. Fuera de la Porta Flaminia, de donde parte esta vía romana. Con el tiempo se levantará, en el siglo XII, una iglesia en el lugar del martirio. Una iglesia dedicada a san Valentín.

Esta es la leyenda de san Valentín de Roma, el sacerdote que protegía a los enamorados. Otra versión lo nombra obispo de la ciudad de Interamna. Esta es la actual ciudad de Pignataro Interamna, al sur de la provincia de Frosinone, en el Lacio (Italia). Pues bien, según esta otra versión de la leyenda, el emperador, enterado de que el obispo se había atrevido a desafiar sus órdenes, le hizo llamar a su presencia. Discutieron durante todo el día pero el santo argumentaba más y mejor que el emperador. Claudio II, sin argumentos y harto de discutir, decidió cortar por lo sano. Ordenó que el obispo fuera apaleado, lapidado y decapitado (esto último para asegurarse de que esta gente tenía la manía de hacer milagros y no era tan fácil de matar).

Representación de san Valentín, durante su lapidación el 14 de febrero el 269 d.C.

Representación de san Valentín, durante su lapidación el 14 de febrero el 269 d.C.

Es ya a partir del siglo VI, en concreto con la Passio Sancti Valentini episcopi et martiris y obras posteriores, que empiezan a confundirse ambas historias: un Valentín de Roma y el obispo Valentín de Interamna, conocido como de Terni al haber sido enterrado cerca de esta población por sus discípulos Procolo, Efebo y Apolonio. Estos se jugaron la vida de verdad pues, según la Passio, estos discípulos se apoderaron del cuerpo de su maestro y lo llevaron cerca de la ciudad, donde lo enterraron. Enterado el magistrado de Terni, de nombre Lucencio, dio orden de que los discípulos fueran arrestados y ejecutados.

El Martirologio Romano (base del calendario litúrgico que determina las festividades religiosas) lo conmemora, pero solo menciona su nombre, su condición de mártir y el supuesto lugar del suplicio (en Roma, en la vía Flaminia, junto al puente Milvio). Hoy se levanta, en el kilómetro 63 de la Vía Flaminia, una basílica en honor de San Valentín. Está erigida en el supuesto lugar donde fue enterrado por sus discípulos.

En el año 496 el Papa Gelasio I declaró que la celebración del santo sería el 14 de febrero y le declaró protector de los enamorados (y de los epilépticos). Desde ese momento empezará a evolucionar la celebración, iniciándose una separación entre el santo y los enamorados. En este sentido una de las primeras referencias escritas que tenemos se la debemos a Geoffrey Chaucer, autor de Los cuentos de Canterbury y padre de la literatura inglesa.

En su poema de 1382 El Parlamento de las aves hace referencia a san Valentín y el amor romántico. En París, el 14 de febrero de 1440 se creó un «Alto Tribunal del Amor» donde se decidieron quejas de amantes y litigios amorosos y cuya presidencia se dio al santo.

El concepto del amor cortés marcó la forma romántica moderna de san Valentín, con flores y poemas

El concepto del amor cortés marcó la forma romántica moderna de san Valentín, con flores y poemas

Desde el siglo XVI en el reino de Inglaterra está establecida la costumbre de intercambiar tarjetas o pequeños regalos. Por efecto de imitación la costumbre pasó a las colonias americanas y a los países protestantes europeos (salvándose Italia, España y, en menor medida, Francia, de tan perniciosa costumbre gracias a su catolicidad, algo que cuidadosamente trataban de evitar los protestantes).

Oliver Cromwell (1599–1658), lord Protector del Reino y puritano furibundo que llegó a prohibir que se celebrara la Navidad, prohibió y persiguió la festividad del día de los enamorados como algo cuasi diabólico. Tras la muerte del puritano todo lo prohibido por él tuvo un furioso renacimiento, festejándose con mucha más pasión.

Pero el gran impulsor de la festividad y de las costumbres relacionadas con la celebración de la fiesta y su motivo fue debido a la visión comercial de algunos emprendedores. En este campo se considera pionera y revolucionaria a Esther Howland (1828–1904), que empezó a producir tarjetas de felicitación de san Valentín, todas con motivos y dibujos románticos (incluso empalagosamente románticos), a nivel industrial en la década de 1840.

A principios del siglo XX la festividad de san Valentín, junto con la costumbre de entrega de tarjetas con motivo romántico, ya está completamente mercantilizada. Se anima a la compra de bombones, joyas, prendas y complementos; amén de la cena o fin de semana en algún lugar especialmente hermoso o evocador.

En España el periodista César González Ruano publicó un artículo, en febrero de 1948, en el diario Madrid. Ruano proponía adoptar la celebración copiando la existente en el mundo anglosajón. Pero el verdadero culpable de todo lo que vendría después fue el empresario Pepín Fernández –fundador y propietario de Galerías Preciados–, quien recogería la idea y la publicitaría en todos sus establecimientos. La vigorosa campaña publicitaria que llevó a cabo el dueño de Galerías Preciados captó el interés de la clientela y de otros empresarios que se sumaron al apoyo, iniciándose la celebración del día de los enamorados más que a san Valentín.

Publicidad de las Galerías Preciados

Publicidad de las Galerías Preciados

Una de las consecuencias del éxito de la campaña fue la película El día de los enamorados de 1959. El éxito comercial del film propició una continuación, Vuelve san Valentín (1962), y la consolidación de la festividad. Para alegría de todos los comercios.

Entre tanto, a medida que triunfaba la festividad comercial surgían más y más dudas acerca de la historicidad de la figura del santo. Tras el Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI, en 1969, ordenó la retirada del santo del calendario litúrgico oficial de la Iglesia Católica.

Las reliquias del santo (que tiene tres cráneos) las podrán encontrar en Madrid (Iglesia de San Antón), Roma (basílica Santa María en Cosmedin), Praga (iglesia de San Pedro y San Pablo), Chelmno (iglesia de Santa María de Chelmno, Polonia), Dublín (iglesia de Whitefriar), Roquemaure (iglesia de Santa María, Francia), catedral de San Esteban de Viena, Iglesia de la Inmaculada Concepción del Oratorio de Birmingham (Reino Unido), etc.

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