Jornada electoral de 1936
90 años
Cómo logró el Frente Popular la victoria en las elecciones de 1936: violencia, dimisiones y actas anuladas
«El Frente Popular, sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación los resultados desencadenó en la calle la ofensiva del desorden, reclamó el Poder por medio de la violencia», explicó Azaña un año después
En febrero de 1936, España celebró unas elecciones generales que cambiarían el rumbo del país. 90 años después, aún cabe preguntarse cómo consiguió la victoria el Frente Popular.
España se enfrentó el 16 de febrero de 1936 a las terceras elecciones en cinco años de República. El presidente del Estado era por entonces Niceto Alcalá Zamora, que había propuesto estas elecciones como una forma de conseguir un gobierno moderado que pusiera orden ante un momento de grave polarización.
Sin embargo, la jornada electoral y los días posteriores estuvieron marcados por disturbios y episodios de violencia. Milicias armadas asaltaron sedes políticas y se produjeron ataques a camiones que transportaban las urnas. Con el escrutinio aún incompleto y pendientes segundas vueltas en varias circunscripciones, comenzó a darse por válida la victoria del Frente Popular. Manuel Azaña escribiría meses después que aquella mayoría se había conseguido «violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia».
La campaña electoral se había desarrollado en un clima de gran tensión, heredado en parte de la insurrección de octubre de 1934. El historiador Luis E. Togores ha descrito el periodo comprendido entre febrero y julio de 1936 como una fase de «anomalía democrática» que se prolongó durante 157 días, hasta el levantamiento militar del 18 de julio.
Durante ese tiempo, Alcalá Zamora fue destituido como presidente de la República y sustituido por Manuel Azaña. Asimismo, se concedió la amnistía a los condenados por la insurrección de octubre de 1934 y se intensificó la conflictividad social.
Dimisiones en cadena
El Frente Popular apareció tras un pacto electoral entre Izquierda Republicana, el Partido Comunista, el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), Izquierda Republicana de Cataluña y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Además, contaba con el apoyo de las milicias sectoriales de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT). En cuanto a las derechas, la Falange y el Partido Nacionalista Vasco iban por su lado, pero la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) y Renovación Española iban de la mano.
La tarde del 16 de febrero, sobre las 20:00, el ministro de Gobernación anunció una ventaja de las derechas y el centro. Dos horas después, en un anuncio radiofónico, el presidente Valladares informó de una posible victoria de Esquerra Republicana en Cataluña. El resultado general no se conocería oficialmente hasta el 20 de febrero y aún debían celebrarse segundas vueltas en varias provincias, además de revisarse las actas electorales en el Congreso.
La revista 'Estampa' ante las elecciones de 1936
Con esta situación compleja, el 19 de febrero dimitió Portela Valladares. Según los historiadores, se debió al miedo por la situación o, tal vez, a un pacto con los revolucionarios, como afirma Gil Robles en sus memorias. Alcalá Zamora pidió a Manuel Azaña que constituyera un nuevo gobierno. Azaña aceptó y nombró ministros a burgueses de izquierdas; además, prometió seguir el programa electoral del Frente Popular (FP), todo esto en pleno recuento.
Gabinete del gobierno de Azaña, fotografiado en 1936
Ahora, el Frente Popular era parte de un gobierno que no había sido elegido en las urnas. Además, esto ocasionó la dimisión en masa de los gobernadores provinciales y varios funcionarios, que dejaron sin reemplazo unos puestos de poder que ocuparon, sin pensarlo, miembros del Frente Popular. Todo esto sucedía mientras se estaba realizando el recuento.
En los pueblos y provincias donde había ganado la derecha, como Cáceres, Orense, Lugo, La Coruña o Valencia, la noche del 19 al 20 de febrero grupos de revolucionarios de izquierda abrieron sobres y cambiaron las papeletas. Pero el fraude electoral también alcanzó a los organismos que debían controlar y validar los resultados, que ahora estaban bajo el poder de la izquierda.
El mismo Azaña afirmó que «el Frente Popular eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias, la que procedió de una manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa; se proclamaron diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsaron de las Cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria; hacer en la Cámara una convención, aplastar a la oposición y sujetar el grupo menos exaltado del Frente Popular», según explicó el nuevo presidente casi un año después en un artículo publicado en el diario suizo Journal de Ginebra.
Cambio de actas
El fraude «postelectoral» que había realizado el Frente Popular se sustentó en cambiar actas de políticos electos de derechas por otros de izquierda, tanto en las provincias como en el Congreso y las Cortes. El nuevo gobierno ilegítimo aumentó en unos 50 escaños sin que pudieran explicarlo, consiguiendo 263 escaños.
En 2008, año en el que la Guardia Civil recuperó en Valencia los archivos privados de Alcalá-Zamora, las memorias confirmaban que la mayoría del Frente Popular fue «fabricada» en los despachos mediante la anulación masiva y arbitraria de actas de diputados de la derecha en la Comisión de Actas.
El estudio más reciente al respecto lo hicieron Roberto Villa García y Manuel Álvarez Tardío, historiadores que, tras una tediosa investigación, llegaron a la conclusión de que, sin amaños, en las elecciones de 1936 el Frente Popular hubiese obtenido entre 226 y 230 escaños y las derechas entre 223 y 227, de un total de 473 escaños que había en el Congreso de los Diputados.