Cuadro sietecentista de la batalla de Ourique en el contexto de la Reconquista de Portugal
Cómo el Tratado de Badajoz de 1267 estableció la frontera entre España y Portugal
El16 de febrero de 1267, Alfonso III de Portugal y Alfonso X de Castilla firmaban el Tratado de Badajoz, marcando una frontera entre Portugal y Castilla que se mantiene hasta hoy
Portugal, en el siglo XIII, era un reino joven. El bisabuelo de Alfonso III, Alfonso Henriques, era hijo de Teresa de León, una hija ilegítima de (sí, otro Alfonso) el rey Alfonso VI de León. Su padre era Enrique de Borgoña, un segundón de la casa de Borgoña, que había cruzado los Pirineos para labrarse un porvenir luchando en la Reconquista encabezada por el rey de León. Su primo hermano, Raimundo, hijo menor del duque de Borgoña, vino con el mismo propósito, y contrajo matrimonio con la hija legítima de Alfonso VI de León, Urraca, mientras que Enrique se casó con Teresa, hija de una amante noble del rey.
Alfonso VI entregó a su hija Teresa y a su yerno el condado de Portugal, pero tras la muerte de Enrique, el joven hijo de ambos, Alfonso Henriques, fue nombrado conde con apenas tres años. El conde creció para convertirse en un avezado militar, y protagonizó una gran victoria contra los almorávides en la batalla de Ourique el día de Santiago Apóstol del año 1139. Fue aclamado como rey de Portugal por sus tropas, y comenzó a usar ese título.
El reino de León no se opuso demasiado, ya que tenía sus propios problemas: Castilla, por las disposiciones del testamento de Alfonso VII (primo hermano de Alfonso Henriques), era ahora un reino independiente, pero la relación entre el rey de León, Fernando II, y su joven sobrino, el rey de Castilla Alfonso VIII, no era buena. Entre las disputas entre ambos reinos y el avance de los temidos almorávides, el rey de León no tenía tropas ni tiempo para preocuparse por la independencia portuguesa. El título de rey de Portugal sería finalmente reconocido en 1179 por el Papa Alejandro III.
Retrato de Alfonso III de Portugal
Menos de un siglo después, el bisnieto de Alfonso Henriques, Alfonso III había heredado el trono tras la muerte de su hermano Sancho. En aquel momento, se encontraba en Bolonia, casado con la heredera del condado, Matilde. Sin embargo, el trono de Portugal le pareció un cargo más jugoso, por lo que en 1253 se divorció de su esposa y regresó a la Península Ibérica para ser coronado. Ese mismo año se casó con Beatriz, una hija ilegítima del rey de Castilla, Alfonso X el Sabio. Sin embargo, las relaciones entre suegro y yerno no tardarían en empeorar.
Alfonso III de Portugal entró en guerra con los musulmanes del Algarve, llamado en árabe al-Gahrb, «el occidente». Tras la conquista en 1249 de su capital, la ciudad de Faro, Portugal se convirtió en el primer reino de la Península en completar su Reconquista. Sin embargo, Castilla consideraba que las tierras recién conquistadas del Algarve les pertenecían, lo que dio lugar a una serie de enfrentamientos entre ambos reinos.
El conflicto terminó con el Tratado de Badajoz en 1267, que determinaba que la frontera sur entre Portugal y Castilla se establecía en el río Guadiana, como sigue siendo hasta nuestros días. El tratado no debe confundirse con otro acuerdo del mismo nombre firmado en 1801 en la misma ciudad, que puso fin a la Guerra de las Naranjas entre España y Portugal.
Otra decisión de Alfonso III que se mantiene hasta la actualidad fue la de trasladar en 1255 la capital del reino de Coímbra a Lisboa. El rey fue muy popular entre el pueblo, pero menos entre el clero portugués: le acusaron del arresto y ejecución de clérigos, de controlar el uso de sus fondos, de nombrar judíos para puestos de importancia y de favorecer espiritualidades extranjeras, en concreto, las recién creadas órdenes mendicantes de los franciscanos y dominicos. Todo esto le valió la excomunión, si bien antes de su muerte juró obediencia a la Iglesia y la pena le fue levantada. Está enterrado junto con otros reyes medievales de Portugal en el monasterio cisterciense de Alcobaça.