El funeral de Guillermo el Conquistador. Obra de Jean-Paul Laurent
Picotazos de historia
El funeral más caótico de la Edad Media: el cadáver de Guillermo el Conquistador estalló en plena ceremonia
Nada salió como estaba previsto en el entierro de Guillermo el Conquistador: hubo saqueos, disputas y un episodio que escandalizó a los presentes
La madrugada del día 9 de septiembre del año 1081 fallecía Guillermo el Bastardo (luego conocido como Guillermo el Conquistador), a los cincuenta y nueve años de edad y tras haber gobernado con mano de hierro el ducado de Normandía durante treinta y un años y el reino de Inglaterra durante veintiuno.
Nos cuenta la Gesta Regum Anglorum de Guillermo de Malmesbury (monje e historiador inglés del siglo XII) que, cuatro semanas antes de su muerte, Guillermo había intentado tomar la ciudad de Mantes (hoy Mantes-la-Jolie, a unos cincuenta y siete kilómetros al oeste de París). Y que esto fue debido a una burla que el rey de Francia Felipe I hizo a costa de Guillermo. Según nos cuenta el monje de Malmesbury, Guillermo se encontraba en su capital de Ruan. Estaba preocupado, pues últimamente se le había hinchado mucho el vientre; no se sabe a ciencia cierta si estaba desarrollando una prominente tripa o era algo más preocupante.
Guillermo recibe una herida fatal en Mantes. James William Edmund Doyle
El rey Felipe, enterado de los temores de Guillermo —siempre según la Gesta Regum…—, declaró que «el rey de Inglaterra permanecía en la cama como una mujer después del parto». La burla, rápidamente comunicada a Guillermo, que para esos menesteres siempre hay voluntarios, le sentó al normando como una patada en la tripa (literal) y su reacción fue atacar los territorios del rey de Francia, con quien ya antes no estaba en buenas relaciones.
Al entrar a caballo en la ocupada ciudad de Mantes, mientras las tropas inglesas saqueaban e incendiaban la ciudad, fuera porque el caballo se revolvió debido al intenso calor o a que este intentó saltar una zanja, el hecho fue que Guillermo se hizo daño en el vientre con el arzón de la montura.
Guillermo sintió como si se hubiera roto algo en su interior; así lo comunicó y ordenó levantar el campo y volver a Ruan, donde acabaría falleciendo cuatro semanas después. Dejó Normandía a su hijo mayor Roberto, que en ese momento estaba en rebeldía con su padre y se había acogido a la hospitalidad del rey de Francia; Guillermo Rufo, hermano de Roberto, recibió el reino de Inglaterra, y un tercer vástago de distinta madre —Enrique— recibió cinco mil libras de plata.
Escena del Tapiz de Bayeux que muestra a Guillermo (centro) y a sus medio hermanos
Murió Guillermo y, según nos cuenta la Historia Ecclesiastica de Orderico Vital (1075–1142), los nobles y caballeros presentes saquearon cuantas riquezas había en la cámara real y partieron para proteger sus feudos y territorios en la difícil transición de un rey a otro. Los sirvientes echaron mano de lo poco que quedó (ropa, ropa blanca, vasos y escudillas, etc.) y huyeron, dejando el cadáver de su señor medio desnudo y tirado en el suelo.
Fue el concejo de Ruán quien se hizo cargo de las exequias del abandonado cadáver. Lo amortajó y notificó a sus hijos que sería enterrado en la iglesia de Saint-Étienne, dentro de un convento que Guillermo ordenó levantar en Caen como penitencia que le había impuesto el papado por casarse con su prima Matilde de Flandes sin dispensa papal.
Encargaron a un caballero local el traslado del cortejo mortuorio y la cosa empezó mal, pues el cortejo llegó coincidiendo con un incendio que se había desatado en la población en torno a la abadía.
Llegaron los hijos, con las debidas precauciones y escoltas, ya que todos eran sabedores de que la muerte de cualquiera de ellos beneficiaría a los supervivientes. Se iniciaron las exequias dentro de la iglesia cuando se alzó una voz. Se trataba de un noble local y acusó al duque difunto de haberle arrebatado injustamente y por la fuerza las tierras en las que se ha construido esa misma abadía.
—«Por tanto, reclamo esta tierra y abiertamente exijo, prohibiendo en nombre de Dios, que el cuerpo de este ladrón sea cubierto con tierra mía o enterrado en mi herencia».
Gran escándalo. Guillermo Rufo y Enrique querían asesinar al insolente que había proferido semejantes palabras. Intervinieron los obispos presentes y el abad del convento. Conocían el asunto, pues el pleito era antiguo y el noble tenía toda la razón, ya que era público que Guillermo despojó de sus tierras a un particular para construir sobre ellas la abadía. Allí mismo se acordó que Guillermo Rufo entregara, en concepto de arras, sesenta chelines al noble y se comprometiera a entregar en un plazo de un año cien libras. Al final las acabaría pagando Enrique al heredar el reino de Inglaterra.
Retrato de Guillermo I por un artista anónimo, 1620.
Solucionado el problema, se continuó con la ceremonia. La Historia Ecclesiastica, que nos narra el entierro, afirma que el difunto «era de complexión imponente y fuerte», por lo que el sarcófago de piedra le quedaba un poco pequeño en vida. Imagínense ahora cuando el cadáver llevaba días descomponiéndose. Forzaron los monjes el cadáver para que encajara y tan poca maña se dieron que reventó el vientre del muerto, para entonces muy hinchado por los gases de la descomposición. Con los líquidos afluyó tal pestazo, tan insoportable, que la misa se aceleró y todos abandonaron precipitadamente la iglesia para respirar aire fresco.
La tumba de Guillermo el Conquistador, situada frente al altar mayor de la iglesia de la abadía de los Hombres (Abbaye aux Hommes) de Caen, fue embellecida por su hijo Guillermo Rufo. La tumba sufriría diferentes modificaciones a lo largo del tiempo, pero permaneció inviolada hasta el año 1522. Ese año se ordenó su apertura para comprobar los restos. Se discute si fue por una orden papal o si fue una decisión personal del obispo de Caen, quien actuó movido por la curiosidad. Se abrió la tumba y los restos fueron manoseados por unos curiosos, que dejaron testimonio de que estos correspondían a un individuo de buen tamaño. Se comprobó que no había joyas ni tesoros y se enterraron de nuevo.
En 1562, durante las guerras de religión en Francia, un grupo de fanáticos calvinistas violó la tumba con intención de apoderarse de las riquezas que creían que contenía. Al verse decepcionados —los muy vándalos—, se vengaron en los pobres restos. Restaurada la calma, se recuperó lo que se pudo de los maltratados huesos de Guillermo el Conquistador y se devolvieron a la tumba.
Tumba de Guillermo el Conquistador (fallecido en 1087)
No le duró mucho la tranquilidad a los desdichados restos del duque de Normandía, ya que en el año 1789 un grupo de enfervorizados revolucionarios, henchidos de espíritu patriótico y probablemente de más cosas, destrozaron el monumento funerario. Volvieron a sacar los restos de la tumba y los arrojaron al río Orne, que atraviesa la ciudad.
Pasó la revolución, como pasa todo, y cuando retornó una cierta estabilidad, todo cuanto se pudo recuperar del pobre Guillermo el Conquistador fue un trozo del hueso de un fémur. Este único superviviente del esqueleto humano fue reverentemente 'reenterrado' en el lugar donde estuvo la tumba de Guillermo, frente al altar mayor.
En el año 1987, con motivo del noveno centenario de la muerte del conquistador de Inglaterra, se puso una lápida de mármol sobre el lugar donde se encontraba su tumba y se cree que reposa el trozo del fémur. Viendo el historial, veremos lo que dura.