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Navío San Juan Nepomuceno apresando a la fragata británica Ellis. Pintura de Carlos Parrilla

Navío San Juan Nepomuceno apresando a la fragata británica Ellis. Pintura de Carlos Parrilla

El navío español que ayudó a la independencia de Estados Unidos hace casi 250 años

La exposición El San Juan Nepomuceno: un navío de Guarnizo en la Guerra de la Independencia de las Trece Colonias, inaugurada hoy en la Universidad Politécnica de Madrid, recuerda el papel de España en la independencia de Estados Unidos

La independencia de las Trece Colonias no habría sido posible sin la aportación de españoles y franceses a la causa estadounidense. Hoy se cumplen 249 años de la preparación del San Juan Nepomuceno para salir hacia América en apoyo de los estadounidenses.

La segunda mitad del siglo XVIII estuvo caracterizada por la consolidación de numerosos cambios en la Real Armada, que se habían empezado a desarrollar en la primera. Al mismo tiempo, las Trece Colonias estadounidenses, en las que se agrupaba la presencia británica en América del Norte, habían venido viendo cómo su relación con Londres iba cambiando. La metrópoli esperaba poder conseguir más recursos económicos de sus territorios ultramarinos, al tiempo que no pretendía darles ningún peso en la toma de decisiones políticas.

Ya con los arsenales de Ferrol, Cartagena y Cádiz, la Real Armada española se había convertido en una fuerza naval formidable compuesta por 160 buques de todas clases, al tiempo que el Real Ejército y sus regimientos seguían siendo una de las fuerzas terrestres más importantes del periodo. Es decir, España tenía una capacidad militar notable que podría ponerse al servicio de los estadounidenses si se daban ciertas condiciones.

Carlos III y su Secretaría de Estado estaban plenamente informados de que la situación se iba agravando entre los futuros estadounidenses y los británicos. El Motín del Té vivido en Boston en 1773 fue uno de los primeros chispazos. La situación fue escalando y cristalizó en la Declaración de Independencia del 4 de julio de 1776, lo que, naturalmente, implicó que Gran Bretaña se viera obligada a luchar una guerra civil entre partidarios de la unión y aquellos que se veían atraídos por las ideas de libertad.

Esta representación idealizada fue reimpresa muchas veces; en ella aparecen (de izquierda a derecha) Franklin, Adams y Jefferson trabajando en la Declaración

Esta representación idealizada fue reimpresa muchas veces; en ella aparecen (de izquierda a derecha) Franklin, Adams y Jefferson trabajando en la Declaración

Pese a que las guerras civiles son conflictos aún más complejos que las contiendas convencionales, los franceses no tuvieron ningún remilgo en apoyar a las fuerzas de George Washington directamente, ya que declararon la guerra a Gran Bretaña al poco tiempo.

En España, por el contrario, la posición fue mucho más medida. Quizá porque los españoles del siglo XVIII tenían muy claro que su país no era únicamente los territorios metropolitanos europeos y africanos, sino que los virreinatos y capitanías americanas y filipinas se sentían como parte integral de un proyecto común.

Al mismo tiempo, los funcionarios de la Monarquía, muy notablemente el conde de Floridablanca, mostraban cierto miedo al posible ejemplo negativo en que podría convertirse la independencia de los Estados Unidos para los territorios españoles.

1777 fue el año clave para este apoyo, puesto que, por un lado, se decía al marqués de Casa Tilly, enfrascado en la Expedición a Buenos Aires, que Carlos III estaba en paz con todos y no había riesgo de guerra, al tiempo que el 12 de marzo se informaba desde Ferrol de que el San Juan Nepomuceno podría ser uno de los navíos que se prepararan para hacerse a la mar en demanda de América.

Este genial navío de Guarnizo recibió una profunda carena para asegurarse de que estaba en las mejores condiciones para afrontar las duras condiciones del Atlántico y el Caribe.

Tras unas primeras singladuras en 1778 en el Mediterráneo, la dotación del San Juan Nepomuceno, al mando de José de Pereda, volvió a hacerse a la mar —junto a su flotilla— a finales de año en demanda de La Habana, a donde llegaron en febrero de 1779, transportando al Regimiento Navarra, así como otros insumos.

A su llegada a las aguas cubanas, se integró en la escuadra española mandada por el comandante Bonet, participando en numerosas misiones de escolta y transporte de caudales, víveres y suministros variados. Posteriormente, ya dentro de las fuerzas dirigidas por el comandante Solano, participó en la fallida primera toma de Pensacola, pero también en la exitosa segunda toma, apoyando decisivamente a las tropas de Bernardo de Gálvez.

La aportación de este navío de Guarnizo y su dotación no se limitó únicamente a trasladar efectivos o víveres, sino que colaboró con apoyo de fuego e impidió la llegada de refuerzos británicos.

La Real Armada y el Real Ejército consiguieron un buen resultado gracias a esta colaboración, y esta es una de las ideas que se ha puesto de manifiesto en la exposición organizada por la Asociación para la Reconstrucción del San Juan Nepomuceno, El San Juan Nepomuceno: un navío de Guarnizo en la Guerra de la Independencia de las Trece Colonias, que se va a inaugurar hoy, día 12 de marzo, en la Sala del Carmen de la ETSI Navales (Universidad Politécnica de Madrid).

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