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Cuadro de los Tercios de Flandes, por Ferre-Clauzel

Las cinco tácticas con las que el Gran Capitán revolucionó la guerra en Europa

Las campañas del Gran Capitán en Italia marcaron un antes y un después en la historia militar europea. «Sus innovaciones tácticas y organizativas hicieron de los ejércitos españoles una potencia temida y respetada»

Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán, cambió para siempre la forma de hacer la guerra en Europa. Transformó la infantería española en una fuerza moderna y temida, introduciendo innovaciones que le convertirían en uno de los grandes estrategas de la historia de España.

Nacido en 1453, fue militar al servicio de los Reyes Católicos. La guerra contra Alfonso V de Portugal y la conquista de Granada fueron, como señala el portal del Museo del Ejército, «sus primeros y distinguidos hechos de armas». Sin embargo, añade la institución, «su salto a la inmortalidad fue consecuencia de sus continuados y generales triunfos en las campañas de Italia».

Fue en Nápoles y Sicilia donde se cubrió de gloria. En batallas como Tarento, Ceriñola o Garellano asombró a Europa al transformar la técnica militar de su tiempo. Desde El Debate recopilamos cinco tácticas que sentaron las bases de los Tercios, la unidad de élite que dominaría los campos de batalla europeos durante más de un siglo.

La pólvora como elemento decisivo

Según indicó el mariscal británico Bernard Law Montgomery en su Historia del arte de la guerra, Fernández de Córdoba fue el primero en reconocer la potencialidad táctica del arcabucero, el soldado de infantería equipado con un arma de fuego todavía novedosa en aquel entonces, incorporándolo en un sistema táctico.

Para Montgomery, el Gran Capitán «llegó a la conclusión de que la clave del éxito estaba en los arcabuceros y, de acuerdo con ello, aumentó gradualmente su número», pues juzgó que un número suficiente de arcabuceros «sólidamente atrincherados» podían contener el asalto de cualquier número de ballesteros, piqueros o caballería.

Los arcabuceros fueron una pieza esencial de los Tercios

Asimismo, el historiador experto en los Tercios españoles y la guerra en Flandes, Eduardo de Mesa, también menciona el uso de los cañones para destruir las defensas de posiciones inexpugnables como una de las enseñanzas del Gran Capitán. «El despliegue masivo de un nutrido tren de artillería constituyó la pieza clave para conquistar un reino que basaba su defensa en una serie de posiciones estratégicas clave, situadas en una orografía abrupta y difícil», comenta en su artículo El Gran Capitán, el creador de la guerra moderna.

Como prueba de ello, en la batalla de Ceriñola (1503), Fernández de Córdoba utilizó la artillería de manera ofensiva y situó a sus arcabuceros tras trincheras, logrando que el fuego de armas ligeras y pesadas destrozara las cargas francesas antes de que llegaran al cuerpo a cuerpo.

La primicia de la infantería

Pero para De Mesa, la enseñanza más importante del Gran Capitán fue la «preeminencia del combate de a pie sobre el montado». Es decir, bajo el mando de Fernández de Córdoba, los hombres a pie volvieron a constituir el corazón del ejército —a la manera del modelo griego y romano— en batalla.

Así, revolucionó la técnica militar mediante la reorganización de la infantería en coronelías, divisiones mandadas por un coronel y que serían el embrión de los futuros tercios.

Cuadro de los Tercios de Flandes, por Ferre-Clauzel

Juan Granados explica en su novela histórica El Gran Capitán que Fernández de Córdoba demostró que las batallas se ganarían en adelante con la infantería: «Utilizando para ello compañías formadas por soldados distribuidos en tercios, es decir, en tres partes: arcabuceros, rodeleros —soldados con armadura ligera armados de espada y rodela, un escudo circular de origen musulmán— y piqueros, generalmente lansquenetes alemanes».

Además, considera que se «adelantó cuatro siglos a Napoleón, huyendo de la guerra frontal y utilizando las tácticas envolventes y las marchas forzadas de infantería».

Forzaba al enemigo a luchar donde él quería

Otra de sus grandes tácticas fue la de obligar al enemigo a luchar donde él quería. Tal y como destacan diversos historiadores, el Gran Capitán no buscaba la batalla frontal, sino la favorable: frente a la tradición medieval del choque directo entre caballerías, Fernández de Córdoba entendió que la clave estaba en controlar el escenario del combate.

Así, estudiando meticulosamente el terreno, movía a sus tropas con cautela, elegía las posiciones ventajosas y obligaba al enemigo a atacar en condiciones desfavorables, convirtiendo el terreno en un arma más.

En este sentido, el hispanista Geoffrey Parker ha subrayado que las innovaciones españolas en las guerras de Italia se basaban en «una combinación de potencia de fuego y uso del terreno». El Gran Capitán llevaría esta lógica a su máxima expresión en batallas como Ceriñola, donde atrajo a los franceses hacia una posición fortificada, o en Garellano, donde transformó el propio campo de operaciones para sorprender al enemigo.

Esto marcó un antes y un después en la guerra: ya no vencía el ejército más impetuoso, sino el que mejor sabía decidir dónde y cuándo se libraba la batalla.

La estrategia del desgaste

Gonzalo Fernández de Córdoba comprendió que la logística era un factor decisivo de la guerra. Según el escritor Fernando Martínez Laínez, autor de varios libros sobre los Tercios, «el Gran Capitán entendió que vencer no siempre significaba atacar primero, sino resistir mejor y golpear en el momento oportuno».

Tal y como señala Parker, los ejércitos en aquella época dependían en gran medida del abastecimiento local, lo que los hacía especialmente vulnerables a este tipo de estrategias indirectas. Aprovechando esto, el mando español empezó a forzar el progresivo agotamiento material de su adversario.

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El Gran Capitán supo utilizar a su favor el tiempo: solía prolongar la campaña para aumentar los costes, la fatiga y la desorganización del enemigo, a la vez que preservaba sus fuerzas para el momento decisivo. Pero este desgaste no fue solo logístico, sino físico y moral, algo que se aprecia con claridad en la campaña que culminó en la batalla de Garellano, donde las tropas francesas tuvieron que hacer frente a la escasez de recursos, a enfermedades y a una creciente desmoralización derivada de su incapacidad para imponer el combate en términos favorables.

El historiador y militar J. F. C. Fuller consideraría siglos después la verdadera habilidad del general no reside solo en ganar batallas, sino en crear las condiciones en las que la batalla pueda crearse. Y el Gran Capitán supo hacerlo muy bien.

Infantería, artillería y caballería

«El Gran Capitán fue un genio militar excepcionalmente dotado, que por primera vez manejó combinadas la infantería, la caballería y la artillería, aprovechándose del apoyo naval», afirma el Museo del Ejército.

Este sistema, en el marco de las Guerras italianas, permitió la oposición al sistema francés, basado en la primacía de la caballería pesada. Con la infantería fijaba y resistía; el fuego de artillería y arcabucería desorganizaba; y la caballería intervenía de manera subordinada, aprovechando oportunidades concretas.

Ahora, frente a cargas de caballería que en el pasado habrían decidido la batalla, Fernández de Córdoba organizó dispositivos capaces de absorber el impacto, desgastar al enemigo mediante el fuego y contraatacar en el momento preciso. «Las tácticas de la infantería española en Italia demostraron el potencial de combinar picas y armas de fuego en una misma formación», afirma Parker.

Por su parte, David Parrott insiste en que «la guerra de la Edad Moderna dependía cada vez más de la integración eficaz de las diferentes armas», una idea que encaja plenamente con la experiencia española en Italia.

Las campañas del Gran Capitán en Italia marcaron un antes y un después en la historia militar europea. «Sus innovaciones tácticas y organizativas hicieron de los ejércitos españoles una potencia temida y respetada, y su prestigio trascendió las fronteras peninsulares, convirtiéndose en un referente del poder militar de la monarquía hispánica», expresaron Raúl Molina Recio y Carlos Mejías Gallardo, investigadores de la Universidad de Extremadura y autores de una investigación sobre la nobleza española, en entrevista con El Debate.