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Batalla entre españoles y mapuches

Batalla entre españoles y mapuches

La guerra de Arauco, la resistencia mapuche que puso en jaque al Imperio español

La enorme superioridad numérica de estos y la puesta en práctica de los valiosos conocimientos de Lautaro inclinaron la balanza a favor de los indios

Más allá de las excepcionales hazañas de Cortés y Pizarro, la conquista de la mayor parte del territorio americano, pese a su baja densidad de población, fue una tarea hercúlea. Lo fue someter a las diversas tribus de indios norteamericanos, pero más largo, complejo y nunca del todo realizado resultó someter a los mapuches de la Araucanía, en el cono sur del continente.

Esta historia comienza con la fallida expedición de Almagro (1535-1537), la primera en recorrer lo que constituye, hoy en día, Chile. La expedición fracasó por el desconocimiento del terreno, la ruta seguida (desde las gélidas cumbres de los Andes a las tremendamente áridas y hostiles tierras del desierto de Atacama), la falta de ricas civilizaciones, de oro, plata u otra fuente de riqueza y los primeros y duros enfrentamientos entre los españoles y mapuches o araucanos.

El regreso a Perú de la fracasada y menguante expedición y la discusión por el dominio de la ciudad de Cuzco motivaría el inicio de las guerras civiles entre almagristas y pizarristas.

El siguiente intento correspondió a Pedro de Valdivia, que inicia, junto a Inés Suárez y un número indeterminado de españoles, no muchos en cualquier caso, y otros aliados indios, la expedición en 1540, evitando los Andes, cruzando el desierto de Atacama y fundando la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo (Santiago de Chile) el 12 de febrero de 1541.

Doña Inés Suárez en la defensa de la ciudad de Santiago por José Mercedes Ortega

Doña Inés Suárez en la defensa de la ciudad de Santiago por José Mercedes Ortega

Pero, en septiembre de ese mismo año, durante una ausencia de Valdivia, el cacique mapuche Michimalonco ataca Santiago. La española Inés Suárez, con gran coraje, destacó en la defensa de la ciudad, pero no pudo impedir la destrucción de gran parte de esta.

Será a partir de 1544 cuando el gobernador de Chile, Valdivia, explore el sur hasta llegar al río Biobío, donde entra en conflicto con los mapuches en la denominada batalla de Quilacura, que más que batalla fue un ataque nocturno por parte del cacique Malloquete en el que, a pesar de la sorpresa inicial, los españoles pudieron plantarle cara sin muchas bajas. Con esta escaramuza se inicia ya abiertamente la conocida como guerra de Arauco.

Visión idealizada de la batalla de Quilacura

Visión idealizada de la batalla de Quilacura

Valdivia se retirará a Santiago para hacerse con más hombres y medios, siendo ya consciente de las dificultades para la conquista del territorio al sur del Biobío. Así, en 1550 regresa a la Araucanía y vence a los mapuches en las batallas de Andalién (cerca de la actual Concepción) y de Penco, donde habían construido un fuerte atacado infructuosamente por el cacique Ainavillo.

Estas victorias le permitieron al gobernador fundar diversas ciudades en la zona. Sin embargo, la fuga de un modesto paje de Valdivia cambiaría de manera radical la positiva inercia de los españoles en los inicios de la guerra. Se trataba de un joven araucano que había sido capturado cuando contaba 11 años y al que habían bautizado como Lautaro.

El muchacho pasó su adolescencia atendiendo a los caballos de Valdivia y realizando labores de sirviente personal. Era un chico perspicaz y despierto. Aprendió a montar y a domar caballos, observó las tácticas militares de los españoles y las estrategias que seguían para, aun siendo mucho menos numerosos, derrotar a los guerreros mapuches.

Lautaro decidió fugarse y reaparecerá encabezando la rebelión mapuche del año 1553, convertido en toqui o cacique. Lautaro no solo había transmitido a su pueblo todo su conocimiento militar, sino que también había formado los primeros escuadrones de caballería araucana.

Caballería araucana

Caballería araucana

En diciembre de ese año, Valdivia, al no tener noticias del fuerte de Tucapel, decide ir con su ejército hacia él. Cuando llega lo encuentra completamente destruido y, lo que es peor, un ingente ejército mapuche, con Lautaro al frente, rodeándolo. Las tácticas que le habían sido tan útiles anteriormente serán ahora neutralizadas por Lautaro, quien mantiene en retaguardia un escuadrón de piqueros para hacer frente a la caballería.

Pese a que los españoles venden muy cara su derrota y dejan el campo regado de mapuches, la enorme superioridad numérica de estos y la puesta en práctica de los valiosos conocimientos de Lautaro inclinaron la balanza a favor de los indios. El otrora poderoso ejército español fue arrasado y Valdivia finalmente capturado. Se sospecha que tuvo una muerte muy cruel y sí parece ser cierto que los toquis comieron su corazón y que parte de su cráneo fue utilizada para beber chicha.

Francisco de Villagra, nuevo gobernador, se enfrentaría en febrero de 1554 a 8000 mapuches comandados, de nuevo, por Lautaro, en la denominada batalla de Marihueño. Al igual que en Tucapel, las tácticas aprendidas por el antiguo paje y la gran superioridad numérica fueron decisivas. Villagra y unos pocos españoles lograron sobrevivir a duras penas.

Retrato idealizado de Laurato. Obra del pintor Pedro Subercaseaux

Retrato idealizado de Laurato. Obra del pintor Pedro Subercaseaux

Evacuó Concepción, que sería incendiada por Lautaro, y se refugió en Santiago, donde armó un nuevo ejército, que se dedicó a realizar una política de tierra quemada en granjas y asentamientos mapuches. Lautaro, envalentonado por sus éxitos previos y por una segunda destrucción de la ciudad de Concepción, decidió marchar contra Santiago. Tras conocer los españoles la ubicación de su campamento en Mataquito, gracias a la información suministrada por desertores araucanos, y en un ataque por sorpresa, Villagra consiguió una inapelable victoria. En la refriega falleció, además, el peligroso Lautaro.

Pero la muerte del toqui no evitó que persistiesen las hostilidades y la guerra continuó con los siguientes gobernadores: con García Hurtado de Mendoza, que, ya sin Lautaro, les volvería a infligir duras derrotas; de nuevo con una nueva gobernación de Francisco de Villagra, que perdió a su hijo, Pedro el Mozo, en Lincoya en 1563 de un lanzazo araucano; con su primo Pedro, que los derrota en el sitio de Concepción, mientras su capitán Lorenzo Bernal hace lo propio en Angol.

Pedro Villagra consigue un periodo de paz tras vencerles en la batalla de Renuhuelén. Posteriormente se crearía una real audiencia y se seguirían alternando victorias y derrotas hasta una segunda pacificación bajo el gobierno de Rodrigo de Quiroga, al que seguirían nuevas rebeliones a partir de 1575. Quiroga fallece en 1580 habiendo obtenido algunas victorias importantes. Sin embargo, la muerte del gobernador Oñez de Loyola en el desastre español de Curalaba provocará otra nueva rebelión mapuche, la de 1589.

Ya en el siglo XVII, el gobernador Alonso de Rivera promovió la creación de un ejército permanente. Lanzó diversas campañas y estableció nuevos fuertes. Su sucesor, García Ramón, sin embargo, perdió bastantes soldados en distintos encuentros, pasando a una política más defensiva. Durante el gobierno de Osores de Ulloa combatió bravamente en la guerra de Arauco la célebre Catalina de Erauso, también llamada «la monja alférez».

Con el gobernador Laso de la Vega, en 1631 se logra una importante victoria en la batalla de Albarrada. Cuando fallece en 1640, aunque no había conseguido rendir a los irreductibles mapuches, sí había conseguido mantenerlos a raya, eliminar a importantes caciques y limitar sus razias. A partir de entonces, y sintiéndose exhaustas ambas partes, se iniciarán conversaciones de paz, como el polémico primer parlamento de Quilín de 1641.

Polémico porque los indios aprovecharon la paz para rearmarse. El segundo parlamento de Quilín de 1647, a pesar de ampliar las concesiones a los mapuches, tampoco consiguió mejorar la situación. El gobierno de Acuña y Cabrera fue un completo desastre, por lo que fue sustituido por Pedro Porter en 1655. Porter era un marino inteligente que tendrá que vérselas con el astuto mestizo Alejo (quien será envenenado por dos concubinas despechadas) o el toqui Misqui, quien será derrotado en la batalla de Curanilahue.

A partir de entonces se producirá un aletargamiento de la guerra, nuevas negociaciones y pequeñas rebeliones, a veces causadas por jesuitas intransigentes que luchaban contra la arraigada poligamia de los indígenas. Sin embargo, se estima que, para finales del siglo XVII, más de 200.000 mapuches habrían perdido la vida en campos de batalla. El ser un pueblo tan irreductible tenía un alto coste.

Esta misma tónica de negociaciones y rebeliones continuó durante el siglo XVIII. En el parlamento de Negrete de 1726, los mapuches admitieron su vasallaje al rey de España a cambio de autonomía. Aunque habría nuevas rebeliones y parlamentos, hasta el de Negrete de 1803, en el que se avanzó hacia una cierta alianza y, de hecho, durante la guerra de la independencia los araucanos lucharán del lado realista.

Por último, dos importantes apuntes. Cuando los mapuches demandaron al gobierno de Chile ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, uno de sus principales argumentos fueron los diversos acuerdos alcanzados con la Corona española. El segundo es que la guerra de Arauco produjo una abundante literatura, incluyendo una de las obras cumbre del Siglo de Oro: La araucana, de Alonso de Ercilla, quien participó directamente en las batallas contra los hombres de Lautaro. Ercilla siempre mostró una gran admiración por el valor y la tenacidad de la nación mapuche.

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