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Winston Churchill

Winston Churchill

Churchill, el primer ministro que transformó la derrota de Dunkerque en una llamada a resistir contra Hitler

Churchill tenía una importante misión por delante: infundir esperanza, ganas de resistir y convencer a los miembros del Parlamento, a la sociedad británica y al Imperio de la necesidad de luchar contra la tiranía nazi

Los meses de mayo y junio de 1940 fueron uno de los momentos más decisivos de la Segunda Guerra Mundial. El primer ministro británico Neville Chamberlain dimitió y Winston Churchill le sucedió en el cargo.

La Blitzkrieg que eficazmente desplegaron la Wehrmacht y la Luftwaffe, desde septiembre de 1939 en Polonia y desde mayo de 1940 en Luxemburgo, Bélgica, Francia y los Países Bajos, convirtió a Gran Bretaña en el último bastión superviviente de los aliados, de la libertad. Sin embargo, en la Cámara de los Comunes se percibía una ruptura total entre conservadores y laboristas.

Desde los primeros compases de la contienda, el primer ministro tory Neville Chamberlain dirigía los destinos del Reino, pero, hacia mayo de 1940, la situación se hacía cada vez más insostenible.

En una coyuntura tan complicada, se hacía necesario que los diferentes partidos de la Cámara de los Comunes pudieran formar un gobierno de coalición entre conservadores y laboristas. Clement Attlee, líder de los segundos, estaba haciendo ver a los miembros del Parlamento que Chamberlain ya no era el líder que necesitaban Gran Bretaña y su Imperio.

Ante esta situación, el Partido Conservador se vio obligado a buscar a un sustituto, que no sería otro que Sir Winston Spencer Churchill, que había cometido errores en el pasado, por ejemplo, el desastre de Galípoli (1915-1916), pero que, desde el principio, tuvo razón sobre Hitler y los nazis.

Pero volvamos a 1940. Tras superar las propias dudas de sus correligionarios conservadores, Churchill fue llamado al palacio de Buckingham, donde Jorge VI le encargó la tarea de formar un gobierno el 10 de mayo de 1940. La misión era titánica, pero el nuevo prime minister —primer ministro— formó un primer War Cabinet o Gabinete de Guerra, bipartidista. Chamberlain, Halifax y él mismo procedían de las filas conservadoras, mientras que de las laboristas se sumaron Attlee y Arthur Greenwood.

Jorge VI le encargó a Churchill la tarea de formar un gobierno el 10 de mayo de 1940

Jorge VI le encargó a Churchill la tarea de formar un gobierno el 10 de mayo de 1940

Poco tardaron en explotar las tensiones internas, con Chamberlain y Halifax presionando para pactar una paz con Hitler y Mussolini. Sin embargo, tras varios meses, el bulldog inglés fue capaz de sobreponerse a las tensiones y reconfiguró su War Cabinet.

Chamberlain saldría en septiembre, sustituido por Sir John Anderson, y Halifax en diciembre, rumbo a Washington como embajador, entrando Anthony Eden como secretario de Asuntos Exteriores.

Pero Churchill tenía una importante misión por delante: infundir esperanza, ganas de resistir y convencer a los miembros del Parlamento, a la sociedad británica y al Imperio de la necesidad de luchar contra la tiranía nazi.

Y la herramienta que tenía no era otra que su oratoria. Pronunció su primer y famoso discurso como prime minister el 13 de mayo, «sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor», que se recuerda más como «sangre, sudor y lágrimas», pero su objetivo no era otro que ganarse al Parlamento.

Aunque tiene algunas frases que apelan a la épica, a la resistencia, a la valentía, como «No tengo nada más que ofrecer, salvo sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor» (traducción personal de «I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat»), no fue capaz de conseguir un apoyo unánime: «Su recibimiento fue silencioso, con unas ligeras muestras de entusiasmo desde las bancadas laboristas y liberales, pero pocos aplausos e incluso un mayor pétreo silencio de los conservadores», traduciendo las palabras de Anthony McCarten (Darkest Hour. How Churchill brought us back from the brink, Penguin Books, 2017, p. 119).

Sin embargo, el premier no se iba a rendir, debía convertir su oratoria en apoyo político y habría una nueva ocasión el día 4 de junio de 1940. La Fuerza Expedicionaria Británica y el resto de los aliados habían sido cercados en el puerto galo de Dunquerque, por lo que, a partir del 26 de mayo, se lanzó la llamada Operación Dinamo.

Gracias a ella se pudo rescatar a más de 300.000 efectivos aliados, aunque decenas de miles no llegarían a tiempo y serían hechos prisioneros por los alemanes. Este milagroso rescate había sido el primer «éxito» aliado y, en ese contexto, Sir Winston se dirigió a la Cámara de los Comunes. Su discurso, que en la posteridad ha sido conocido como Lucharemos en las playas (We shall fight on the beaches), fue una larga intervención que evoluciona desde un análisis de la situación militar hacia una llamada a la lucha, al sacrificio y a la esperanza.

La totalidad de sus palabras está disponible en la web de la International Churchill Society, pero el león británico dejó para la posteridad algunos pasajes memorables, como, por ejemplo: «Incluso aunque importantes partes de Europa y muchos antiguos y famosos Estados europeos hayan caído o vayan a caer en las garras de la Gestapo y todos los odiosos aparatos del régimen nazi, no flaquearemos ni fallaremos.

Lucharemos hasta el final, lucharemos en Francia, en los mares y océanos, lucharemos en el aire con enorme confianza y enorme fuerza, defenderemos nuestra isla a cualquier precio».

Esta vez sí consiguió un apoyo mayoritario de la Cámara, el mensaje había calado, quizá no en el cerebro de los diputados, sino en su corazón, en la eterna llama de luchar por tu nación y tus compatriotas. Se había puesto la primera piedra para una victoria en un conflicto largo y extenuante, pero luchado en nombre de la libertad.

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