Cuando Alfonso XIII salvó la vida del abuelo del Rey Carlos III de Gran Bretaña
Cuando Alfonso XIII salvó la vida del abuelo del Rey Carlos III de Gran Bretaña
El abuelo paterno del actual monarca británico fue el príncipe Andrés de Grecia, el cual estuvo a punto de ser fusilado en 1922, salvándose gracias a la mediación del rey de España
La derrota de las tropas griegas en la guerra contra Turquía en el verano de 1922 provocó una sublevación militar el 27 de septiembre, liderada por los coroneles Nicolás Plastiras y Stilianos Gonatás, en las islas de Clío y Mitilene, a la que se sumó el resto de las fuerzas militares, navales y de aviación. Sus consecuencias fueron la disolución del Parlamento y la abdicación del rey Constantino I en su hijo Jorge II.
En ella reconoció que los reveses en Asia Menor y el temor a la pérdida de la región de Tracia habían reforzado —en parte de su pueblo y ejército— la idea de que su permanencia en el trono impedía que Gran Bretaña, Italia y Francia ayudaran militarmente a Grecia contra Turquía.
Aunque no compartía ese supuesto, ante el peligro de una división y una lucha fratricida que rompieran la unidad de la nación, decidió abdicar, lo que igualmente comunicó a los griegos en otro mensaje. Se formó a continuación un gobierno liberal, bajo la tutela del Ejército, entre el entusiasmo de los republicanos helenos, que advirtieron que se estaba propiciando la caída de la Monarquía a corto plazo, como sucedería al año siguiente.
Finalmente, ninguna nación ayudó militarmente a Grecia, que perdió todos sus territorios en la península de Anatolia. Gran Bretaña prefirió que una Turquía renacida de su derrota en la Primera Guerra Mundial se convirtiera en un baluarte contra la expansión soviética antes que Grecia.
El nuevo gabinete heleno sometió a consejo de guerra a ocho ministros y generales —incluyendo al anterior primer ministro, Gunaris—, a quienes convirtió en chivos expiatorios de la humillación nacional frente a los turcos.
En medio de un ambiente lleno de histeria y reproches, seis de ellos serían ejecutados por un pelotón de fusilamiento, añadiendo así un nuevo motivo de amargura al odio entre los diferentes partidos políticos y asegurando la continuidad de las divisiones internas.
El gobierno revolucionario sentó un precedente funesto para la intervención militar en la política griega, que sería continua en todo el siglo XX.
Un ayudante militar de Alfonso XIII fue testigo de esos hechos. Había sido enviado por el monarca a las fiestas de coronación de los reyes de Rumanía y, una vez allí, decidió viajar por los Balcanes y Anatolia, informando posteriormente al Estado Mayor Central de sus observaciones políticas y militares, que fueron también enviadas a la secretaría del palacio real. Los acontecimientos griegos también motivaron su interés, afirmando el militar español:
«Yo estuve en Atenas durante el proceso o 'caricatura de proceso' y ejecución de los ministros y la impresión que sentíamos los extranjeros ante aquel espectáculo era de asco y desprecio, pues aquellos capitanes y comandantes que actuaban de jueces no se apoyaron para condenar en prueba alguna material y más bien parecía que querían demostrar su afecto a Francia al acusar a los ministros de ser más adictos a su rey que a la Entente».
El príncipe Andrés (primero por la derecha) durante su juicio en 1922
Alfonso XIII se interesó por la vida del príncipe Andrés (1892-1944), hermano de Constantino y tío de Jorge II, que también estaba acusado y encarcelado como oficial del ejército heleno. Se esperaba su fusilamiento, por lo que el embajador Cristóbal F. Vallín, en Atenas, comunicó la petición del rey al coronel Plastiras como gentilhombre de Cámara y no como representante de España.
Una petición de clemencia a todo el grupo de militares y ministros caídos por parte de la Embajada británica en Atenas había sido rechazada anteriormente, por lo que Vallín prefirió que la suya no fuera mal recibida, actuando de esa manera protocolaria y esgrimiendo su distinción honorífica.
Y de esta manera se logró salvar la vida del príncipe Andrés, al ser castigado finalmente con pena de destierro y borrado de las listas de oficiales. Sin embargo, la fama de país salvador se le adjudicó a Gran Bretaña. Pero ¿por qué? El príncipe abandonó Grecia en un barco británico, por lo que se creyó que había sido este gobierno quien lo había salvado.
Andrés y Alice en 1921
En los archivos del palacio real de Madrid se conservan varias cartas de gratitud al rey de España. Jorge II agradeció la gestión al diplomático español, extensiva a don Alfonso, confesándole que a él tal vez le ocurriera lo mismo en los próximos meses, como así sería.
Además, Andrés y su esposa, la princesa Alicia, enviaron a los reyes de España unas cartas de agradecimiento desde París, a través de la mujer de un diplomático español. Y es que Alfonso XIII poseyó una buena fama en los medios internacionales por su humanitaria labor, durante la Primera Guerra Mundial, con prisioneros y familiares de soldados europeos, a quienes ayudó todo lo que pudo.