Víctor Lustig, el estafador que vendió la Torre Eiffel dos veces

Víctor Lustig, el estafador que vendió la Torre Eiffel dos veces

Víctor Lustig, el estafador que vendió dos veces la torre Eiffel y engañó a Al Capone

Con una identidad falsa, documentos manipulados y un extraordinario talento para la persuasión, Víctor Lustig protagonizó una de las mayores estafas del siglo XX: vender la torre Eiffel dos veces antes de acabar en la prisión de Alcatraz

«El estafador más hábil que ha existido jamás», titulaba el Evening Public Ledger de Filadelfia una noticia sobre Víctor Lustig, el hombre que consiguió vender la torre Eiffel no una, sino dos veces.

Se había hecho pasar por un alto cargo del Ministerio francés encargado de la conservación de los edificios públicos, sin especificar mucho más, pues, según él, no era relevante. Lustig demostró tener dotes para manipular desde una edad temprana.

Nació en 1890 en el seno de una familia de campesinos extremadamente pobre. Con 18 años ya había pasado de robar carteras a estafar a sus víctimas en las mesas de juego de Viena. Su carácter seductor, casi hipnótico, y su capacidad para adaptarse a cualquier situación fueron la clave de su éxito. Además, se desenvolvía a la perfección en cinco idiomas.

Según advierte Christopher Sandford, autor de Victor Lustig: The Man Who Conned the World, en su adolescencia adoptó alias aristocráticos con títulos como barón y conde. Así puso a prueba sus habilidades a bordo de transatlánticos que hacían la travesía entre Europa y Nueva York.

Aunque llegó a utilizar hasta 47 identidades diferentes para lucrarse con la credulidad de la gente, el golpe por el que se hizo famoso ocurrió en 1925. Lustig, ya establecido en París, se enteró a través de la prensa de los problemas de viabilidad financiera de la torre Eiffel: se necesitaba mucho dinero para proteger el monumento. Además, tras el interés inicial que generaron las Exposiciones Universales, la popularidad de la torre decayó.

Victor Lustig (centro) interrogado tras su detención en 1935

Victor Lustig (centro) interrogado tras su detención en 1935

El estafador vio la oportunidad perfecta para urdir su gran golpe. La prensa local alimentó los rumores de que la capital francesa no podía sostener la carga económica y planeaba cerrar, desmantelar y subastar la estructura de hierro al mejor postor.

Haciendo uso de su carismática personalidad y de sus dotes para falsificar documentos, logró convencer a los empresarios más importantes de la industria del metal y la chatarra de París para que se reunieran con él en el Hotel de Crillon, en la Place de la Concorde.

Allí se presentó como director general adjunto del Ministerio de Correos y Telégrafos y aseguró a sus víctimas que el Gobierno los había seleccionado a cada uno por su reputación como hombres de negocios honestos. Convencidos y halagados, participaron en la falsa puja sobre el hierro que organizó Lustig.

Entre todos los participantes, André Poisson fue el menos cauto, un defecto que acabó beneficiando a Lustig, que supo detectar su debilidad e inseguridad y lo manipuló hasta convencerlo de la compra. Poisson pagó la suma de 70.000 francos de la época, correspondiente a la compra de las 7.300 toneladas de hierro de la estructura, además de una suma extra a modo de soborno. Tras recaudar el dinero, Lustig huyó de inmediato a Austria.

A medida que pasaban los días, ningún medio se hacía eco de la estafa. Tal y como había predicho Lustig, todo apunta a que Poisson prefirió asumir la pérdida económica antes que denunciar el delito y quedar como el hazmerreír de Francia.

Un segundo intento

Al comprobar que nadie lo había denunciado, Lustig sintió la tentación de intentarlo una segunda vez y, pocas semanas después, regresó a París. Siguiendo el plan anterior, reunió a otro grupo de empresarios, pero en esta ocasión no consiguió el mismo resultado: una de las víctimas seleccionadas empezó a sospechar e informó a las autoridades.

Con la Policía siguiendo sus pasos, Lustig no tuvo más remedio que paralizar su operación y abandonar Francia. Continuó su carrera en Estados Unidos, donde fue detenido en varias ocasiones. En 1929, La Voz informaba de que Lustig había sido arrestado en París junto con su cómplice.

El periódico madrileño advertía de que el estafador se hizo pasar por un canadiense que «procuraba pasar por persona de alta posición» y que en la habitación de su hotel se encontraron una «gran cantidad de efectos falsos, cheques, cartas de crédito y numerosas fórmulas e impresos falsos de los bancos más importantes norteamericanos. También fueron hallados numerosos pasaportes y billetes de banco falsos».

Victor Lustig con Al Capone

Victor Lustig con Al CaponeWikimedia Commons

Aunque La Voz indicaba que las averiguaciones de la Policía apuntaban a que Lustig y su cómplice pertenecían a la famosa banda de mafiosos de Chicago que lideraba Al Capone, en realidad este fue otra de sus víctimas, según una de las anécdotas más difundidas sobre el estafador.

Entre estafa y estafa, Lustig fijó su atención en el gánster más peligroso y temido de la época. Tras reunirse con él, le propuso invertir la suma de 50.000 dólares en un supuesto negocio inmobiliario ilegal que prometía duplicar la inversión en pocos meses.

Custodió el dinero en una caja y, tras varios meses, volvió a reunirse con Al Capone para comunicarle que su negocio había fracasado. Le devolvió los 50.000 dólares, asegurando que su honor no le permitía robarle, tal y como recoge National Geographic. El mafioso reaccionó tal y como había predicho Lustig y le entregó un fajo de 5.000 dólares de su propio bolsillo como gesto de agradecimiento por su honestidad.

En 1935, los agentes federales lo arrestaron en Nueva York, donde fue juzgado y condenado a 15 años de prisión por delitos de falsificación a gran escala y a otros cinco por cargos derivados de un intento de fuga. Cumpliría su condena en la prisión de Alcatraz, donde murió en 1947.

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