El despótico Napoleón, a lomos de su 'Marengo'

El despótico Napoleón, a lomos de su 'Marengo'

Picotazos de Historia

La curiosa historia de Marengo: de un pueblo del Piamonte a dar nombre a un color y al caballo de Napoleón

En la localidad italiana, el implacable emperador francés estuvo a punto de ser derrotado, pero su valía (y la de sus generales) cambió las tornas

Año de 1799, la llamada guerra de la Segunda Coalición (Rusia, Turquía, Austria, Portugal, Gran Bretaña y el reino de Nápoles) contra Francia dura ya un año. El general austriaco Michael von Melas, junto con su jefe del estado mayor, general Anton von Zach, han entrado por el norte de Italia dividiendo al ejercito francés. Una parte de los franceses, bajo las ordenes del general Massena han retrocedido y se han hecho fuertes en Génova, donde serán sitiados. El grueso del ejercito francés en Italia, bajo el mando del general Suchet, ha sido rechazado y empujado a la frontera con Francia.

Para mayo Suchet ha tenido que cruzar la frontera y pasar a la Provenza francesa, en Génova la situación cada vez es más angustiosa por falta de suministros. El anterior mes de noviembre de 1798, el 18 de brumario en el nuevo calendario republicano, Napoleón Bonaparte ha protagonizado un golpe de estado y se ha proclamado el Consulado, ejerciendo él las funciones y el cargo de primer cónsul.

Napoleón inmediatamente empieza a rebañar el barril con tal de conseguir tropas para crear un ejercito de reserva, al frente del cual se pondrá él mismo.

Sin importar la época del año –pleno invierno– los 60.000 soldados recién reclutados y someramente aprovisionados cruzaran los pasos de los Alpes, lo que dará al pintor David material para realizar varios magníficos retratos del gran hombre, a caballo y en pose heroica. Con esta audaz acción Napoleón ha interrumpido las líneas de comunicación entre los ejércitos austriacos de Italia y los de la frontera con Alemania, que están combatiendo contra el general francés Moreau.

Para junio Joachim Murat entra en Milán pero la gran jugada de Napoleón: el atrapar al ejercito de von Melas entre el yunque de las tropas de Massena en Génova y el martillo de su ejercito, se viene abajo con la rendición de Génova.

Napoleón decide fortificar el norte. La primera batalla se producirá el 9 de junio cerca de la población de Montebello. Allí el general Lannes, futuro duque de Montebello, derrotará al general austriaco Ott. Los derrotados austriacos consiguen reagruparse y retirarse con intención de unirse a la fuerza principal de von Melas, lo que harán cerca de Alessandría della Paglia.

Una triquiñuela

Von Melas decidió intentar una triquiñuela. Envió un espía al campamento francés. Este comunicó al general Berthier, jefe del estado mayor de Napoleón, que los austriacos pensaban retirase en dirección norte y que llevarían a cabo ataques de diversión para ocultar sus intenciones.

Napoleón se tragó el anzuelo, por otro lado está excesivamente confiado en la capacidad de sus tropas al tiempo que estaba pasando por alto su nivel de agotamiento y escasez de munición y suministros: la formula del desastre. Napoleón dividió a su ejercito enviando una división al noroeste, bajo el mando del general La Poype, con intención de bloquear la supuesta ruta de retirada del ejercito austriaco y envió a otra división, mandada por el general Desaix, al sur para atacar a los tropas austriacas que aún estuvieran en torno a Génova.

La batalla se fue creando poco a poco a medida que ambos ejércitos tomaron contacto. Al principio pensaron que solo se trataba de unidades puestas para retrasar el avance de las tropas, luego fueron conscientes de que los dos ejércitos se habían encontrado.

La linea francesa protegía un triangulo con los vértices en las poblaciones de Marengo, Castel Ceriolo y San Giuliano Vechio.

Las tropas francesas, a pesar de los asaltos que estaba sufriendo en la línea Marengo Castel Ceriolo, resistían pero, paso a paso habían empezado a retroceder. Se combatía a diez pasos de distancia y cada casa era tomada después de una violenta lucha cuerpo a cuerpo. Con todo Napoleón seguía convencido de que se trataba de un ataque de diversión para permitir la huida del grueso del ejercito austriaco por el noroeste.

La batalla había empezado sobre las seis de la mañana, al mediodía Napoleón se dio cuenta de su error y de que se había puesto en un situación muy peligrosa. Inmediatamente envió edecanes con ordenes a Desaix: «Por el amor de Dios. Ven con todo lo que tengas».

En ese momento el convocado con tanta urgencia se encontraba a quince kilómetros en dirección a Génova.

Miles de muertos

Poco a poco las fuerzas francesas fueron superadas en número y en bocas de fuego, hasta que no tuvieron más remedio que retirarse de Marengo y tomar posiciones en unos viñedos al este de la ciudad. A las 2:30 no había más soldados franceses en Marengo que los muertos y los prisioneros.

Napoleón era muy consciente del peligro que suponía era brecha en su linea por lo que envió a la mejor unidad que tenía: la guardia consular, embrión de la futura guardia imperial. Allí estuvo Jean Roch Coignet que nos dejó una fantásticas memorias.

La guardia se enfrentó contra las tropas del general Ott, todavía escocidas por la paliza que les había dado Lannes. Ott intentó rebasar el flanco derecho de la linea francesa. Mientras la guardia consular estaba siendo metódicamente destrozada. Napoleón no se enfrentaba a la derrota, tenía frente a sí el desastre.

Pasadas las tres de la tarde llegó un polvoriento mensajero. La vanguardia de la columna de Desaix se encontraba apenas a dos kilómetros, eran seis mil soldados y nueve cañones. Habían hecho treinta kilómetros en siete horas. Todas las versiones están de acuerdo que cuando se encontraron los dos generales Napoleón preguntó a Desaix cómo veía la batalla. «Señor, la batalla está perdida, pero hay tiempo para ganar una segunda».

Al final se ganó la batalla. Los austriacos, entre muertos, heridos y prisioneros perdieron unos quince mil hombres, quince banderas fueron capturadas junto con cuarenta cañones. El propio general Anton von Zach había muerto durante el combate. Por otro lado los franceses tuvieron unas cinco mil seiscientas bajas, pero entre ellas se encontraba el bravo general Desaix. Este había muerto mientras comandaba una carga contra el centro de la línea austriaca. Dos balas le atravesaron el pecho, pero sus tropas rompieron la línea y aseguraron la victoria.

La batalla de Marengo fue profusamente utilizada por el servicio de propaganda de Napoleón. Estos fueron los responsables de buena parte de la leyenda que se creó en torno suyo. Invenciones de ellos fue el color Marengo, supuestamente el color del abrigo/capote que vistió Napoleón durante la batalla. El pollo a la Marengo como una invención del cocinero de campaña de Napoleón –de apellido Donant– que le preparó ese plato para cenar. Su siguiente destrero, caballo de batalla, sería bautizado con el nombre de la batalla.

En el Museo de Cera

El abrigo gris «Marengo» sería una pieza fetiche del emperador francés y la llevaría a su exilio en Santa Elena. Colocado sobre su féretro durante la exequias , un soldado ingles le cortó un trozo para llevárselo como recuerdo. El abrigo acabó en el museo de cera de Madame Tussaud y desapareció durante el incendio que a principios de siglo sufrió el conocido local.

La oficina de propaganda también hizo otra cosa, que si bien no eclipsa la grandeza militar si ilumina a cerca de la mezquindad humana del gran hombre. Y es que la oficina de propaganda, a lo largo del reinado de Napoleón, sacó tres versiones «autorizadas» sobre el desarrollo de la batalla de Marengo En ellas la figura e importancia del general Desaix gradualmente era reducida hasta la anécdota y, por supuesto, Napoleón nunca perdió los nervios.

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