23 de mayo de 2022

Soldados rusos embarcan rumbo a Kazajistán

Crisis en Kazajistán

Rusia busca atajar por las bravas las protestas en Kazajistán y envía militares

Las autoridades han comunicado decenas de muertos entre policías, militares y manifestantes antigubernamentales

La crisis política en Kazajistán no deja de empeorar por horas. Autoridades locales de la ciudad de Almaty, centro económico del país donde se están produciendo los peores disturbios, informaron de que se han producido 18 muertos y 748 heridos entre policías y militares.
Las autoridades, que mantienen un estricto control sobre los medios de comunicación, internet y la telefonía móvil, también comunicaron «decenas» de muertes entre los manifestantes, a los que definió como «terroristas».
La prensa rusa habla también de que se han producido más de 2.000 detenidos entre los manifestantes en las protestas registradas en Almaty.
Además, en las últimas horas ha empezado a llegar al país un destacamento de paracaidistas rusos dentro de un contingente militar de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), alianza militar de ex repúblicas soviéticas de la que también forman parte Bielorrusia, Armenia, Kirguistán y Tayikistán, junto con Rusia y Kazajistán.
Vehículos militares rusos avanzan por territorio kazajo

Vehículos militares rusos avanzan por territorio kazajoAFP

El presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev, solicitó en la noche del miércoles el envío de ayuda militar para atajar los disturbios que han puesto en jaque al régimen kazajo aliado de la Rusia de Vladimir Putin.
El presidente ruso quiere evitar a toda costa la pérdida de otra de sus piezas del tablero post soviético, después de la pérdida del control en Ucrania y de la delicada situación de su aliado bielorruso.
La misión militar encabezada por Rusia tendrá «un período de tiempo limitado», informó la OTSC, aunque no especificó cuánto tiempo durará. Su misión será «la protección de importantes objetivos estatales y militares, apoyo a los agentes del orden de Kazajistán para estabilizar la situación y propiciar su retorno al marco de la legalidad», según señaló la agencia EFE.
La OTSC informó de que las tropas rusas aerotransportadas se encuentran ya en territorio kazajo como parte del «contingente de paz», y «ya cumplen las misiones designadas».

Multitud enfurecida

Las protestas antigubernamentales comenzaron el pasado domingo 2 de diciembre en pequeñas ciudades de provincia como protesta por el alza del precio del gas licuado, que en sólo dos días se duplicó.
La brutal represión policial de las protestas pacíficas hizo que el fuego se extendiera y que se convirtiera en un incendio al llegar a la ciudad de Almaty, centro económico del país y segunda ciudad más importante después de la capital Nur-Sultán.
La multitud enfurecida asalta la sede del gobierno de Almaty

La multitud enfurecida asalta la sede del gobierno de AlmatyAFP

En Almaty, miles de personas se han enfrentado a las fuerzas de seguridad y, en muchos casos, los han obligado a replegarse. Los manifestantes han ocupado e incendiado la sede del gobierno local de Almaty, la sede de la Fiscalía y han invadido el aeropuerto.
La policía ha respondido con fuego real, bombas de humo y gas lacrimógeno. Para tratar de aplacar la ira ciudadana, Kasim-Yomart Tokáyev cesó a todo su gobierno y decretó una bajada generalizada del precio del gas y del combustible.
Pero la medida no logró su objetivo: los manifestantes ya no solo reclamaban la bajada de precios. Exigían también un cambio de sistema y la caída del régimen autoritario vigente desde la independencia del país tras el colapso de la Unión Soviética.
En concreto, los manifestantes reclamaban la dimisión del «viejo presidente», Nursultán Nazarbáyev, quien fue primer ministro en la época soviética y primer presidente del Kazajistán independiente. El régimen de Nazarbáyev es un firme aliado de Rusia en la región, una pieza esencial para los planes expansionistas de Vladimir Putin que las protestas ciudadanas ponen ahora en jaque.
Aunque Nazarbáyev dimitió como presidente en 2019, mantuvo, y mantiene, un férreo control sobre el gobierno desde su cargo de presidente vitalicio y presidente del Consejo de Seguridad Nacional.
Su poder es tan grande que en 2019 se cambió el nombre de la capital, Astaná, por el suyo, Nur-Sultán.
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