29 de junio de 2022

Rafael Navarro-Valls

El catedrático y ensayista Rafael Navarro-VallsCortesía

Entrevista

Rafael Navarro-Valls: «No creo que haya una Tercera Guerra Mundial»

Las amenazas de unos y otros en realidad ocultan un deseo de paz, de no producir una escalada bélica, según el autor

En De la Casa Blancas a la Santa Sede, el profesor y ensayista Rafael Navarro-Valls, agudo observador de las diplomacias estadounidense y vaticana ofrece sus reflexiones sobre las estrategias de Washington y Roma. Pero la actualidad manda.
–La inteligencia norteamericana acertó sobre la inminencia de la guerra. Sin embargo, parece que su liderazgo se esfuma. ¿Cómo lo explica?
–Los informes de inteligencia a los presidentes unas veces son fiables (como en este caso) y otras veces no aciertan: Bahía de Cochinos, supuestas armas químicas en poder de Sadam Hussein etc. Estos servicios acaban de informar a Biden de que Rusia prepara una especie de «legión extranjera» para acelerar la conquista de Ucrania y que China comenzará a suministrar a Rusia material militar sofisticado. No parece que el liderazgo de los servicios secretos de Estados Unidos se vaya esfumando.
El presidente Joe Biden ha evocado abiertamente la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial. ¿Se trata de una exageración retórica o de una advertencia realista?
Biden está actuando en el enfrentamiento entre Rusia y Ucrania como lo hizo Roosevelt en 1940 con Reino Unido: sin entrar formalmente en la contienda observó que «cuando la casa del vecino está ardiendo, es de sentido común prestarle tu manguera, no vaya a ser que el incendio te chamusque». Dictó la Ley de Préstamo y Arriendo y proporcionó material bélico a Reino Unido, en especial destructores. Ahora Biden hace lo mismo con Ucrania y estudia incrementar la ayuda a través de un complicado acuerdo con Polonia sobre cazas aéreos.
Sin embargo, después de 1940 vino el ataque a Pearl Harbor en 1941. Me permito insistir en lo de Tercera Guerra Mundial.
–Tanto Biden, como Putin y la OTAN están hablando insistentemente de que un enfrentamiento directo conducirá a la tercera guerra mundial. Esa hipotética guerra no creo que llegue a producirse. Pero si la hay, existen varios grados de enfrentamiento sin utilizar armas nucleares a través de conflagración con solamente armas convencionales.

Las amenazas de unos y otros en realidad ocultan un deseo de paz, de no producir una escalada bélica

Las amenazas de unos y otros realmente ocultan lo que se llama diplomáticamente «vocerío disuasorio», amenazas que en realidad ocultan un deseo de paz, de no producir una escalada bélica.
¿Se está jugando su futuro en Ucrania el modelo demoliberal occidental?
–Por ahora las consecuencias de esta guerra son más económicas que políticas. No creo que el bloque occidental se aparte del modelo político demoliberal. Más bien lo reforzará. Simplemente, acelerará el aislamiento político de Rusia y China.
El neoliberalismo de los 70 y 80, protagonizado por Reagan y Thatcher, seguirá aún alimentando las aguas subterráneas de Occidente. Desde luego sufrirá modificaciones o intentos de modificaciones con adiciones de proteccionismo económico, como intentó Trump no hace mucho. El fenómeno demoliberal continuará a pesar de la guerra oriental entre Rusia y Ucrania.
¿Qué tipo de modificaciones cabe esperar?
–Del tipo de las intentadas por Biden en Estados Unidos: adopción de políticas macroeconómicas moderadas, reforzar el capital humano proyectándose más intensamente sobre los necesitados y mirar con más detenimiento las consecuencias del cambio climático.
De Biden a Francisco: ¿Está cumpliendo su papel la diplomacia vaticana en esta guerra? ¿Qué le parece la iniciativa del alcalde de Kiev de invitar al Papa a Ucrania? ¿Gesto fuerte con posibles consecuencias diplomáticas o mera operación de comunicación?
–Los papas de los siglos XX y XXI no suelen desplazarse a territorios en guerra. No por falta de ganas, sino por el prudente consejo de sus colaboradores. Puede considerarse una relativa excepción la visita el 19 de julio de 1943 de Pio XII a los barrios de Roma más afectados por los bombardeos aliados.
Mientras aún caían algunas bombas, el papa impartió su bendición a cientos de personas que se arremolinaban en torno a él. Otra excepción puede considerarse la visita a Polonia de Juan Pablo II en junio de 1983, en pleno estado de sitio y con ley marcial en el país decretados en marzo de ese mismo año por las autoridades militares y civiles polacas.
¿Y las iniciativas de Francisco?
–Ha tenido algunas iniciativas interesantes: se ha desplazado a la embajada de Rusia en Roma, ha enviado dos cardenales a Ucrania, ha alentado el gesto del nuncio en Kiev que no ha querido marcharse de Ucrania como han hecho la mayoría de las misiones diplomáticas allí acreditadas. Y, sobre todo, dentro de muy poco (el 25 de marzo) consagrará en Roma al Inmaculado Corazón de María a Rusia y Ucrania, pidiendo por la paz. Paralelamente un cardenal hará lo mismo en Fátima.
Mientras tanto…
–…la diplomacia vaticana intenta un acercamiento a los ortodoxos ucranios y se hace presente en medio del caos militar.
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