07 de octubre de 2022

Protestas en Sudán contra el golpe de Estado

Protestas en Sudán contra el golpe de EstadoEFE

África

¡Arde África! Una epidemia de golpes de Estado incendia el continente

Una hoguera tras otras puede provocar una amenaza para la paz, la seguridad y la estabilidad en África

El reinado de Isabel II fue una época caracterizada por los cambios de gobierno y los pronunciamientos que eran esa forma tan castiza de dar un golpe de Estado.
En un pronunciamiento los militares actuaban no tanto en nombre de las mismas fuerzas armadas sino como representantes de un partido concreto cuando políticos de uno u otro signo les pedían que pusiesen sus espadas al servicio de una causa: así Narváez apoyó a los moderados o Espartero y Prim, se pronunciaron en favor de los progresistas.
Por hacer un chiste malo podemos decir que África «ha padecido más pronunciamientos que la España isabelina» durante el último año y medio. Las fuerzas militares han derrocado gobiernos en: Malí, Chad, Guinea, Sudán y Burkina Faso. La diferencia entre estos «golpes» africanos con aquellos suaves pronunciamientos decimonónicos es que aquellos no pasaban del «ruido de sables» y en estos «a golpe de machete» hacen rodar cabezas.
A inicios de febrero, de este mismo año, los líderes de África Occidental convocaron una cumbre de emergencia sobre la situación en Burkina Faso. Pero a finales del mismo mes, a causa de la ocupación de Ucrania por parte de Rusia, este conflicto nos ha despistado de la enorme inestabilidad política a la que se enfrenta ahora África.
Todos estos levantamientos militares han formado una franja discontinua que recorre desde Guinea, en la costa occidental, hasta Sudán, en el este del continente. Si miramos el mapa es justamente la franja de África que se encuentra justo debajo del Sahara.
-Primero fue Malí, en agosto de 2020 dónde el ejército aprovechó la indignación de la población por el robo de las elecciones parlamentarias y la incapacidad del gobierno para protegerles de los extremistas violentos. Entonces los soldados capturaron al presidente Boubacar Keita y lo obligaron a dimitir ante la televisión estatal. En Malí hubo dos golpes de Estado en un lapso de nueve meses.
-En marzo de 2021, se produjo un intento fallido de golpe de Estado en Níger.
-En abril de 2021, se produjo un golpe inusual en Chad. Un presidente que había gobernado durante treinta años fue asesinado en el campo de batalla y, acto seguido, se instaló a su hijo en su lugar, lo cual viola la constitución.
-En septiembre de 2021 le tocó el turno a Guinea: un oficial de alto rango entrenado por Estados Unidos derrocó a un presidente que había intentado aferrarse al poder.
-En octubre le llegó el turno de Sudán: los principales generales del país tomaron el poder, incumpliendo un acuerdo de reparto del poder que debía conducir a las primeras elecciones libres del país en décadas.
-Finalmente Burkina Faso, tomada por el líder militar, teniente coronel Paul-Henri Damiba.
Ahora tenemos a más de 114 millones de personas que son gobernadas por soldados que tomaron el poder de modo ilegal, en un amplio territorio donde uno de cada cinco habitantes, un 21% de la población, pasa hambre, según los datos de la ONU. Estos golpes de Estado son contagiosos como ha declarado el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres: «Una epidemia de golpes de Estado».

Mali, un caso

Cuando cayó el gobierno de Malí, los analistas advertían que Burkina Faso podría seguir su ejemplo. Tras lo sucedido se teme que pueda haber más golpes de estado en la región. Existen muchas razones para esta coyuntura:
-Tengamos en cuenta que desde 1960: 44 países que dejaron de ser colonias de Francia, Reino Unido, Bélgica, Portugal o Italia, por lo que son, en la mayoría de los casos, jóvenes democracias tremendamente frágiles.
-Sus poblaciones son vulnerables: habitantes hartos de los sucesivos abusos de sus gobiernos, sometidos a importantes amenazas a la seguridad, incesantes catástrofes humanitarias y millones de jóvenes sin oportunidades.
-Finalmente quedan a expensas de estos levantamientos de los «hombres fuertes» de su ejército.
En Sudán y Burkina Faso hubo movimientos populares que trataron de lograr un cambio, pero no llegaron a consolidarse lo suficiente en el poder «para hacer transformaciones», así comprobamos hace poco el derrocamiento del ex primer ministro sudanés Abdalla Hamdok (2019-2022).
Los tres países del Sahel donde hubo golpes de Estado recientes —Malí, Burkina Faso y Chad— están luchando, a su vez, contra insurgencias islámicas que siguen extendiéndose, aprovechando las tensiones locales y los agravios contra las élites políticas. El golpe de Estado en Malí se produjo, en parte, porque el gobierno no pudo frenar la expansión de grupos vinculados con Al Qaeda y el Estado Islámico. En Burkina Faso, un atentado de noviembre contra policías militares fue la clave para el golpe de Estado. Millones de personas, en la región del Sahel, han sido desplazadas y hay miles de muertos.
Los gobernantes militares, que hacen frente a extranjeros con intereses propios, cuentan ahora con un apoyo abrumador y según los analistas las fuerzas armadas de Malí o Burkina Faso no tienen control sobre grandes áreas de sus territorios donde «campan a sus anchas» ejércitos paramilitares con poca noción de respeto a los derechos humanos.
El Ejército de Chad está considerado como uno de los más fuertes del continente, pero no logra frenas los mortíferos ataques de Boko Haram y de la facción del Estado Islámico de África Occidental, una insurgencia con diez años de existencia. Los militares tampoco pudieron evitar que su presidente, Idriss Déby, un general retirado, muriese en el campo de batalla.
Una hoguera tras otras que puede provocar una amenaza para la paz, la seguridad y la estabilidad en África.

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